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La monetarización de la vida no merece un Nóbel

Ya sabía yo que se me iban a tirar al cuello por culpa de este artículo sobre la dulce abuelita que toma el té a pesar de que mi única intención era la de comentar que me apasiona Maryl Streep.

¿Cómo se me ocurre decir que Margarita la Pajera -traducción literal al español del sintagma Margaret Thatcher, lo prometo- ha sido de facto una asesina?

En este blog, intentamos acercarnos al escenario del lenguaje y a la comunicación desde una posición diferente, particular y artematopéyica. Con ironía, con humor y con mucho learning-by-reading. No somos un periódico digital ni una plataforma política. Ni catedráticos ni políticos ni sociólogos ni comisionistas. Nuestros artículos no son opinión interesada: son casos extraídos de la más cruda realidad en los que, en lugar de parrafear teorías y explicaciones sobre lo que enseñamos en nuestros talleres de lenguaje emocional, persuasión, creatividad y comunicación o en nuestros grupos de coaching empresarial, creamos un paquete metafórico en torno a una premisa empleando los recursos con los que trabajamos en Artematopeya -lenguajes y códigos de comunicación en su sentido más amplio, psicoherramientas y cognición- y la entregamos envuelta y con lazo, sabiendo perfectamente de antemano lo que va a provocar y exactamente a quién. No hay inocencia ni ingenuidad ni errores de bulto ni faltas de ortografía. Nada es lo que parece y todo tiene un porqué.

Pero hoy me he levantado hastiado de la metáfora y voy a opinar. Que conste que no tengo nada que ver con el PSOE ni quiero, gracias. Vaya por delante.

Detente un momento y piensa en lo siguiente:
– ¿Por qué elegiría Carmen Chacón verbalizar que lo que el PSOE necesita es un REARME IDEOLÓGICO?
– ¿Por qué aparece impresa ayer en algunos periódicos y en otros no?
– ¿Qué significados y emociones están culturalmente asociados al concepto de rearme?
– ¿Por qué es necesario sugerir un escenario de guerra ante una audiencia determinada?
– ¿Crees que el poder de una simple y única palabra es suficiente para provocar un estado de movilización en un ámbito social determinado?

Ejemplos como éste puedes encontrarlos todos los días, en todos los medios y en todas las interacciones de comunicación en las que estás envuelt@. Eres blanco, a diario, de miles de ataques contra tu inconsciente para que seas sumiso, para que trabajes sin rechistar, para que consumas, para que gastes tu dinero y sigas dependiendo, para que sientas miedo (pronto hablaremos, de nuevo, sobre el marketing del miedo…) y angustia, para que seas un robot. Y todo ello ocurre delante de nuestras narices y cocinado de forma que la mayoría de la masa, tonta y robotizada, no se dé cuenta. Porque para la organización social del capitalismo en el que vivimos, es condición sine qua non que la mayoría no seamos más que una masa de carne esclavizada al dinero y atada a la rueda dentada que mantiene en marcha el movimiento del sistema.

Existe la manipulación emocional. Existe la hipnosis pervertida. Existe la comunicación persuasiva vestida de negro. Existe todo esto y muchísimo más aún. Existe.

Y existen herramientas, como el cine, a las que les abrimos las puertas de nuestra estabilidad y de nuestro aparato emocional de par en par y sin barreras. Y existen películas, como La dama de hierro, que entregan un mensaje manipulado y manipulador. Y esta entrega no es inocente ni ingenua ni casual. Es un cañón dirigido contra tu cabeza.

Aún a riesgo de repetirme cual ajo, te vuelvo a invitar a que veas esta película documental sobre el trabajo de Naomi Klein La doctrina del caos (es un enlace a Youtube). Si aún no la has visto, estoy seguro de que te aclarará muchísimas cosas.

Por ejemplo, que el neoliberalismo de todo un premio Nóbel como Milton Friedman ha implicado la muerte de demasiadas personas, por acción o por omisión. Que sólo en el mundo civilizado –y no incluyo Iberoamérica porque para las huestes clasistas de la puñetera y famosa escuela de Chicago aquel territorio no era más que un zoológico lleno de monos con los que experimentar; por favor, no dejes de ver el documental-,  Margaret Thatcher, Ronald Reagan, aquel engendro que leía libros al revés conocido como George Bush, José María Aznar y pronto hasta el nuevo ministro de justicia Alberto Ruiz Gallardón, con su reciente declaración de intenciones, han sido y/o serán responsables directos del sufrimiento de millones de personas por el hecho de no pertenecer a una determinada raza aria en la que los dicen haiga no tendrían la oportunidad de aprender a decir haya sin una cuenta corriente con la que pagar el servicio. O en la que los enfermos sin recursos económicos solo podrían rezar para seguir vivos porque, sin dinero, no podrían comprar un servicio médico. O en la que los que tienen un nivel intelectual distinto o inferior o discapacitado no tendrían derecho a ser considerados por su mera condición de seres humanos y respetados en su dignidad. Si esto ocurre en Europa y en Norteamérica, mejor ni hablemos de los países en desarrollo o en vías, porque suponen la peor vergüenza y la peor indignidad de esta civilización humana tan avanzada y tan solidaria de la que formamos parte.

El neoliberalismo no es una inocente teoría económica que se queda en los anaqueles de las bibliotecas: directamente implica que, si no cumples ciertos requisitos de una tabla de cualidades determinada -nivel intelectual, nivel de educación, nivel de liquidez, nivel social-, no puedes acceder a ciertos bienes y servicios: sanidad, justicia, educación… Pasas a formar parte de una raza endémica inferior que se va consumiendo hasta morir porque no importa tu naturaleza humana: sólo importa tu naturaleza económica como consumidor. Si no tienes nada, no vales nada. Sólo vales lo que sume tu cartera. Y todo esto apesta, sencillamente, a limpieza étnica como la de aquel señor alemán con bigote de cuyo nombre y de cuya puta madre no quiero acordarme. Porque el trasunto segunda guerra mundial no fue más que cuestión de dinero.

¿De quién fue la idea de premiar con un Nóbel a un señor que consiguió montar un club de poder alrededor de la idea de que la dignidad humana no existe y de que la única dignidad es la que se puede comprar?

Por eso, La dama de hierro es cinematografía inmoral. Porque miente sin escrúpulos y crea un personaje de ficción que nunca ha existido. No te creas la inocencia de la abuelita y no te dejes engañar más, por favor. Sí, Meryl Streep está estupenda. Pero esta película es una esponjosa, amarronada, humeante, putrefacta y maloliente mierda.

Sin anestesia te lo repito.

Y todo esto sí es opinión.

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