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@thecabinstudio (Vince) y @AlisonMoyet1 (Alf) spark the fire, long live Yazoo! Ensemble or part…

Mientras termino de preparar la segunda y tercera parte del artículo sobre producción y software musical portable en Android (que ha servido de aperitivo para una extensísima investigación, más intensiva si cabe, sobre el mismo asunto en la plataforma iOs y que también está siendo digerida en formato artículo multiparte para ver la luz aquí en las próximas semanas), me ha llegado un correo de Rick, músico de allende los mares. Con una simple pregunta (and what’s the music prod and creativity and all of your singing stuff and things got to do with the coaching and the training and your artematopeya project?), me ha hecho darme cuenta al instante de que, algunas veces, artematopeya y Artematopeya se entremezclan de forma confusa en este espacio. Y no se me ha ocurrido mejor ejemplo al que acudir para explicar que es artematopeya (con minúsculas) que el de Vince y Alison, dos buenos amigos desde que, en 1982, me hicieron experimentar por primera vez y en carne propia el efecto del extraordinario poder del talento, de la creatividad, de la comunicación supraconsciente y de la música como código y lenguaje maestro. Gracias a ellos, descubrí que uno de mis talentos estratégicos personales (el oído) servía no sólo para hacer caja y viajar por medio mundo gracias a mis habilidad lingüísticas. También servía para hacer de la voz un instrumento de expresión especial, de catalizador de sensaciones propias y ajenas y de herramienta para la persuasión y la construcción de realidades sensoriales. Para abrir la puerta a una especie de alucinante realidad paralela… Todo ello me dejó preparado para mi primer contacto con la PNL pocos años después, pero eso ya es otra historia…

Alison y Vince son, fueron y serán Yazoo por los tiempos de los tiempos. La prueba de que sus talentos en combinación son una mágica formulación química única en el Universo es que su breve obra musical, una treintena escasa de temas que vieron la luz entre 1982 y 1984, se escucha hoy con la misma emoción y con la misma inyección de endorfinas que entonces. La primera vez en mi vida que fui a comprar música –con escasos 14 años– salí de la tienda con Upstairs at Eric’s en mi walkman. Simplemente, no lo podía creer. ¿Pero de dónde había salido aquella increíble voz con tanto cuerpo, tanto color y tanto poder y porqué sonaba tan increíblemente subyugante por encima de aquellos arreglos sintéticos de cuatro pistas, medio desnudos y tan aparentemente simples pero absolutamente hipnóticos?

Eran una combinación explosiva, aquella voz llamada Alison y aquel talento musical llamado Vince.

Algunos se quejaban de que, a veces, las letras de Vince eran demasiado simples (came in from the city, walked into the door) sin entender que no eran más que otra parte del arreglo musical y que lo importante no era la semántica (this morning, this morning, the curtains were shut) sino la prosodia, el ritmo, la cadencia y las estructuras suprasegmentales, tan importantes en la comunicación emocional y en la persuasión…

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Por si no lo has reconocido, son casi como paradiddles de batería…

Las letras de Alison, por su parte, reclamaban el espacio del rhythm and blues, del jazz y del blues que una auténtica entertainer como ella, nacida para el escenario y el acústico, expresaba en clave de fusión sin perder una sola gota de sustancia en comunión con los sintes de los 80.

Upstairs at Eric’s fue, obviamente, un éxito instantáneo y adquirió la naturaleza de obra seminal de la música electrónica que estaba por venir. Los sonidos sintéticos, la repetición y la aliteración, el balanceo, el espectro estéreo y la cadencia de la palabra inducían un trance instantáneo. Sencillamente, es una de esas creaciones que demuestra que la música, aunque sea pura matemática, es también auténtico misterio y encierra un poder inescrutable. Después llegó You and me both y el éxito fue incluso mayor. Y, de repente, todo terminó. Se acabó Yazoo. En pleno éxito.

El genio suele estar reñido con la perfección, un concepto que, en realidad, no existe y que cada uno crea de acuerdo a su propia medida de la realidad. Era cuestión de tiempo que dos genios engendraran juntos lo mejor de lo que eran capaces en aquel momento y rápidamente se alejaran para no volver a converger hasta estar preparados para hacerlo en verdadera sintonía.

Toda su obra se resume en el siguiente repertorio:

“Don’t Go” (Vince Clarke) – 3:08
“Too Pieces” (Clarke) – 3:14
“Bad Connection” (Clarke) – 3:20
“I Before E Except After C” (Clarke) – 4:36
“Midnight” (Alison Moyet) – 4:22
“In My Room” (Clarke) – 3:52
“Only You” (Clarke) – 3:14
“Goodbye 70’s” (Moyet) – 2:35
“Tuesday” (Clarke) – 3:22
“Winter Kills” (Moyet) – 4:06
“Bring Your Love Down (Didn’t I)” (Moyet) – 4:40
“The Other Side Of Love” (12″) (Clarke/Moyet) – 5:21
“Situation” (Clarke/Moyet) – 5:46
“Nobody’s Diary” (Moyet) – 4:30
“Softly Over” (Clarke) – 4:01
“Sweet Thing” (Moyet) – 3:41
“Mr. Blue” (Clarke) – 3:24
“Good Times” (Moyet) – 4:18
“Walk Away from Love” (Clarke) – 3:18
“Ode to Boy” (Moyet) – 3:35
“Unmarked” (Clarke) – 3:34
“Anyone” (Moyet) – 3:24
“State Farm” (Clarke/Moyet) – 3:35
“And On” (Moyet) – 3:12″
“Happy People” (Clarke) – 2:56
“Get set” (Clarke) – 3:01

y en dos CDs de estudio (Upstairs at Eric’s, You and me both), un directo (Reconnected Live) y varias compilaciones (In your room, Best of Yazoo y remixes), todo ello disponibles en la página oficial de Yazoo.

La realidad es que Alison y Vince, juntos o por separados, son dos personas con artematopeya en minúsculas: una cualidad personal para traspasar el espacio y el momento y descubrir otras formas de ver y de observar, de transformar los recursos, de crear, de hacer que sus cosas ocurran, de aportar valor a otras realidades, de viajar incesantemente hacia lo que quieren… mediante la música.

¿Lo has pillado, Rick?

Algún día, más bien pronto que tarde, te contaré más sobre Alison. Stay tuned…

Si eres músico y tienes un Android (con una buena RAM)… – Parte 1/3

… hay muchas herramientas que te pueden ayudar, de verdad, a aprovechar los tiempos estériles para continuar con tu trabajo de creación musical, mientras viajas en metro o esperas en la consulta del médico, sin tener que cargar con media tonelada de maquinaria.  Ya es posible viajar ligero de equipo y llevar en un mismo cacharro no sólo un comunicador telefónico, sino una enciclopedia completa de acordes, un constructor inteligente de progresiones armónicas, un sencillo pero utilísmo convertidor audio>MIDI (no es Melodyne pero lo que hace lo hace muy bien…), un notebook para letras con función de archivo sonoro, un secuenciador MIDI (o sólo audio o mixto MIDI+audio), una workstation completa tipo Fruity Loops, una caja de ritmos, múltiples sintes, editores de audio tipo Soundforge, grabadoras multipistas y loopers, amnalizadores de audio y hasta afinadores para que compruebes si te estás yendo de nota cuando cantas o cuando tocas tu instrumento. Musical, por supuesto.

Estas son algunas de las funcionalidades de las que puedes disfrutar en tu dispositivo móvil, por citar sólo algunas además de ciertas las herramientas estándar de Android que también pueden tener utilidad musical.

Obviando que, para escribir música, lo único que necesitas en realidad es un cuaderno, un boli y una grabadora en la que tomar apuntes, en este artículo hands-on os cuento -amigos músicos- qué herramientas de utilidad de la buena están disponibles en la plataforma Android con una sóla excepción: las aplicaciones guitarro-céntricas, que serán objeto de artículo aparte.

En mi home studio, mi equipo base está formado por Mackie Traction 3 en las secuencias, Fruity Loops en los patrones de sinte y en las bases junto a Rebirth, Melodyne en las voces y en la etapa de escritura junto a mi micro, Sound Forge 10 en la edición de audio, Sony Acid en la mezcla -sí, me encanta Acid, ¿passa algo?- y varios plugins de efectos para masterizar junto a VSTis chulos. Con esta retahila, no pretendo alardear de equipo sino alertar de que el paso entre trabajar en equipos tamaño PC y una miniplataforma con una minipantalla y un miniprocesador es algo traumático pero, una vez que aceptas que no se trata de reproducir a pequeña escala los métodos de trabajo de un desktop, se abre ante ti una puerta más hacia tu creatividad, sobre todo en la etapa más productiva de escritura en la que letras, melodías y e infinitas maquetaciones y arreglos empiezan a acumularse en la mesa. No creo que se trate de ejecutar histéricamente toda la cadena de producción musical en un teléfono móvil. Como juego o test de performance es estimulante, pero no le veo el sentido a masterizar un tema terminado en un gadget de bolsillo que difícilmente se deja controlar por mucha pantalla táctil que tenga. Aunque hay cada uno por ahí…

Aplicaciones estándar

Lo primero que necesitas es asegurarte de tener instaladas algunas funcionalidades básicas, como un sencillo editor de ficheros TXT, un software ZIP para archivos comprimidos (cuando hablemos del sistema de archivos de Android, la organización de samples en carpetas y la escasez de memoria lo entenderás todo), un lector/editor de PDF, un scanner (la aplicación cámara sólo fotografía, no hace OCR) y un reproductor de música de calidad que te permita leer el mayor número posible de formatos de audio y que tenga funciones enriquecidas (como, por ejemplo, ecualizador). Las aplicaciones recomendadas en este apartado, aunque puedes utilizar otras que sean similares:

Editor de ficheros TXT: Jota Text Editor o Jota+
Editor y reader de PDFs: iAnnotate Lite
Compresor ZIP: AndroZIP
CamScanner: Scan to PDF FreeCamScanner o CamScanner HD
Lector formatos ebook: Cool reader
Reproductor de música: PowerAmp Registrado

Armonía y acordes

En 2012, ser músico no implica haber pasado por el conservatorio, ser un experto en armonía musical o dominar un instrumento por sencillo que sea. El perfil del músico digital es el de un creativo funcional, con habilidad para visualizar construir paisajes sonoros a partir de recursos asistidos por un ordenador, por lo general recursos software muy bien diseñados para implementar la funcionalidad musical a partir de metáforas visuales que destacan por su usabilidad. Lo cual, por otra parte, no quita para que aproveches la oportunidad y aprendas todo lo que puedas, sobre la marcha, en torno a teoría musical y armonía. Siempre, siempre, siempre te ayudará a que tus creaciones sean, de forma incremental, mejores cada vez.

Sin entrar en complejidades, es recomendable que te familiarices, por ejemplo, con el famoso círculo de quintas, que te ayudará a acercarte a la escala cromática en la que se apoya la teoría musical mediante una sencilla y metódica metáfora visual. En román paladín: cuando escribas progresiones armónicas para el acompañamiento o la melodía de tus canciones, el círculo de quintas te ayudará a seleccionar acordes que suenen naturalmente bien en progresión. Las opciones disponibles en el Android Market son variadas, con diverso nivel de complejidad y profundidad, pero por su claridad en el diseño y su utilidad didáctica en cuanto a acordes y escalas, destacan las aplicaciones del español DavidKBD  (ChordWheelDavidKBD, MusicScalesDavidKBD, GuitarPianoConverterDavidKBD) que, entre otras, aportan funcionalidades como éstas:

  • Comparador de escalas y acordes.
  • Visualizan escalas y acordes en modo guitarra y piano/teclado.
  • Guardar, abrir, exportar y compartir anotaciones.
  • Convertir las escalas y acordes del piano a guitarra.
  • Convertir las escalas y acordes de la guitarra a piano.
  • Afinaciones de guitarra alternativas.
  • Afinaciones para ukelele, violín, viola y banjo.
  • Opción para guitarristas zurdos.
  • Transporte.
  • Modos mayores y menores.

Otras, como Chord wizard, son mucho más sencillas y de contenido limitado, pero perfectas para no abrumar a un principiante. O más complejas y completas, como Key chord, que incluye la función de búsqueda inversa de acordes y escalas: seleccionas alguna de las notas de un acorde que necesites construir y KeyChord presenta progresivamente las opciones posibles hasta que llegas al acorde final; soporta incluso notas que no existen (CMaj7). No quiero concluir esta sección sin mencionar la fantástica aplicación Chord!. Sí, ya sé que iba a excluir de este artículo las aplicaciones guitarro-céntricas, pero es sencillamente tan buena y está tan bien diseñada que no lo he podido evitar. Nos es para amateurs, pero vale su peso en oro.

Piano companion lite
Chord wizard
ChordWheelDavidKBD
MusicScalesDavidKBD
GuitarPianoConverterDavidKBD
Key chord
Chord! versión gratuita o Chord! versión registrada

Lyrics

Para un letrista afincado en la música, el mejor aliado es un bloc y un boli o una simple grabadora. Pero, a veces, la creatividad se atasca y un simple cambio postural, espacial o instrumental puede ayudar a desatascar tu verborrea. Los programas para letras destacan no porque sus funciones sean espectaculares sino porque lo poco que hacen lo hacen bien: registran texto, lo clasifican, permiten asociar (o grabarlos desde el micro del móvil) apuntes de audio en mp3) y además, en algún caso, disponen de tesauro, diccionario de rimas, etc. En resumen, una ayuda para quien la quiera utilizar o para quien no tenga un papel a mano. Si tengo que elegir, me quedo con Lyric Pad. Aunque Songwriter’s Pad no está tan mal…

Lyric writer lite
Lyric Pad Pro
Songwriter’s Pad

Hacemos un alto en este extenso artículo sobre Android y música móvil para tomar aire. Seguiremos destripando todo sobre Android y música móvil, aunque si quieres despreocuparte y recibir directamente en tu correo electrónico las siguientes partes sin tener que estar pendiente, recuerda que puedes suscribirte gratuitamente a la lita de distribución a través de la caja que encontrarás en el menú derecho de esta página.

Continuará con…

Progresiones armónicas y acompañamiento
Notación y scoring
Drums and beats
Sintes
Edición (básica) de audio
Grabación y sampling
Secuenciadores, workstations y asimilados
y otros…

See you later, alligator!

XXI Gala de los Premios de la Unión de Actores de Madrid

Además de unas cuantas cosas más, en Artematopeya también tienen cabida el arte y el talento. No por casualidad, la mitad que suscribe es coach, cantante y… actor de doblaje en desactivo (que no desactivado), miembro de la Unión de Actores de Madrid y entregado sin desaliento a la pasión del arte que, año atras año, ocupa su butaca en el Teatro Circo Price para ejercer un acto asambleario festivo de un colectivo que, si nadie consigue impedirlo, parece que seguirá estando contaminado sine die de ese infeable discurso del desastre que nos invade desde que el teatro es teatro…

A pesar de que lo digo y, al final, nunca lo hago, tengo una dolorosa querencia por la Unión y no me he desafiliado. La Unión es, en mi individual y personal opinión, una agrupación anticuada y rebosante de caspa. Sigue pareciendo un pequeño feudo de facciones que, con ocasión de premios y demás celebraciones, exhiben dentadura y se congrafunflan, parafraseando a Martes y 13, de todo a pesar de que, en la retaguardia, vuelen los puñales. Pero, en el día a día, no termina de conseguir estar a la altura de nada. Tras años de maniqueísmo directivo (o estás conmigo o estás contra mí), la nueva junta directiva elegida hace unos meses, aparentemente renovada pero igualmente retrógrada según evidencian todos los indicios y algunos vocales heredados, se ha empeñado en hacer que se vea una pretendida voluntad de renovación, de innovación, de modernización y, sobre todo, de profesionalización. Profesionalización entendida como voluntad de multiplicar la calidad en la forma de hacer las cosas para producir un mejor producto. Pero no es verdad. No hacen más que convocar comisiones y grupos de trabajo en los que muchos expresan nuevas (y mucho más jóvenes) propuestas para que, al final, se siga haciendo, con la misma mediocridad, lo antiguo y poco que a la directiva le cabe en su estrecho foco visual, que es lo mismo de siempre.

Cuando traspasas el umbral de Marqués de Valdeiglesias 5, piso primero, sigue oliendo a naftalina. Porque la Unión sigue pareciendo la reserva espiritual del jubilado, de las generaciones doloridas que se niegan a superar el franquismo mental, de algunos actores en paro con suerte por poder ejercer, medianamente y sin demasiados conocimientos, un trabajillo administrativo en la Unión al que se aferran con uñas, dientes y hasta pestañas… Así ocurre lo que ocurre: que los actores afiliados no entienden por qué el trabajo de la Unión, continua (y erróneamente) dedicada a intentar reafirmarse con poco éxito y menos visibilidad como sindicato de clase, nunca se materializa en nada. Mucho discurso de que los actores, por huevos, son seres rojos. Mucha insistencia en que la Unión de Actores es un legítimo representante social. Mucha insistencia en que la Unión es la amalgama de la profesión.

¿A quién no le puede parecer bien que una sociedad sea justa, igualitaria y bienestable? ¿Quién puede no querer que la cultura y el arte, motores emocionales de la vida, sigan palpitando? ¿Quién puede no querer que todo el mundo tenga la oportunidad de hacer lo que más le guste y vivir de ello, ya sea subirse a un escenario, tocar el pito en un semáforo o escribir libros sobre el mono de culo rojo, por ejemplo?. Efectivamente, a todos. Pero eso no implica, por mucho que la Unión se empeñe en propagar este discurso, que el arte tenga que ser la puta de ninguna politica. Y, menos, de ninguno de esos nidos de apandadores llamados partidos políticos españoles.

Vicente Cuesta, reciente secretario general de la Unión, se desvirgó en las lides galísticas durante la entrega de premios de ayer lunes 18 de junio de 2012. Con los nervios naturales de toda primera vez, Vicente sufrió un lamentable gatillazo que ni siquiera le pasará factura en adelante porque su todavía breve cartera no ha sido capaz (por no decir que ha sido incapaz) de mostrar ni un carisma, ni un poder de convocatoria ni una habilidad para el liderazgo que puedan verse afectados negativamente. La mayoría de los actores afiliados a la Unión lo son porque es un gasto desgravable en la declaración de IRPF y no les cuesta ni un duro. Pocos lo están por convicción, por espíritu gremial o por inquietud real de liderazgo. El discurso absolutamente continuista, aburrido, retrógrado y emocionalmente venenoso que, tras 50 años, le sigue llegando a las generaciones artísticas modernas es puro y auténtico chino mandarín. El franquismo, la memoria histérica (perdón, histórica), el no a la guerra, el todo está fatal, el con la que está cayendo, el todos somos rojos porque lo dice la Unión… Todo eso está muy bien y nadie está orgulloso de ello. Punto. Tampoco hace falta estar insistiendo a cada segundo en el mismo asunto porque el personal termina hasta la punta del gorro. Y así ocurrió, que tras unas pocas y nerviosas palabras, el foro le espetó en directo: esto es una fiesta, deja ya de hablar de política. Y Vicente asumió que no ha tenido ningún éxito, ni lo tendrá, en hacer que se nos ponga dura con su candidatura. Habrá que ver si, a partir de ahora, empieza a hacer acopio de tornillos y blacandéquer para sujetarse firmemente a la silla y aburguesarse, como ya es tradición en nuestra querida y cada vez más elefántica Unión.

Vicente sabe, de muy buena tinta, que el aperturismo de su nueva directiva es una engañifa. Que la convivencia de diferentes perspectivas es inexistente porque en una entidad cuyo único fin manifiesto es el de ser reconocida, por encima de cualquier otra consideración, como sindicato de clase es imposible que los que no comulguen con ese propósito se sientan arte y parte si no hay tramas complementarias en esta telenovela. La mayoría de los actores afiliados tiene que ver la corrida desde la barrera, porque la única visibilidad de la Unión, que no se destaca precisamente por sus habilidades en el terrno de la comunicación, se traduce en un mediocre boletín digital de aspecto desganado que casi todos hemos relegado a la carpeta de spam por motivos obvios y, en época de manifestaciones, en unas cuantas señoras con eterno semblante de mala ostia y unas lenguas muy largas que se hacen fotos detrás de pancartas en contra de todo. Esa es la imagen que tiene la sociedad de los actores, por extensión de su pobre representación pública: unos señores (y señoras) que se levantan tarde, que cobran fortunas por trabajar unas pocas horas al mes, que viven continuamente de gala en gala y que, encima, se permiten el lujo de ser unos bordes con cara de culo. ¿Dan o no dan, ganas de bajarse de esta carraca de autobús?

La profesión de cómico, artista, actor o cómo la quieran llamar es muy necesaria. Pero necesita de representantes más profesionales en la gestión, capaces de mirar hacia el futuro y que sepan proponer y materializar iniciativas creativas positivas, productivas y, sobre todo, que funcionen. De cualquier manera, pero que funcionen. Así que, ya sabes: si eres actor o actriz, afíliate. No te costará nada porque lo puedes desgravar de tu IRPF y, por lo menos, si somos más los que queremos proponer una nueva visión sobre la profesión, crecerán las probabilidades de que otras voces puedan empezar a ser escuchadas.

Y se preguntarán ustedes: pero este artículo se titula XXI Gala de los Premios de la Unión de Actores de Madrid y ni una mísera fotografía de los premiados.

Lo cierto es que la Unión siempre se ha dolido públicamente de que no recibe apoyo de los medios, de que la Gala no se transmite ni en diferido, de que son víctimas de un ostracismo informativo insoportable… pero a la hora en la que ha sido escrito este artículo no circula por internet ni un solo fichero de libre distribución con, por ejemplo, la foto de familia de los premiados. Y, así, no hay manera, Vicente. La búsqueda premios union actores 2012 en google sólo ofrece fotografías de la Gala XX…

Lo mejor de la gala: Ron Lálá (www.ronlala.com), una compañía de música, humor y teatro fantástica que ofreció un espectáculo divertido, refrescante y con destellos de genialidad. Para variar.

Lo más agradecido: la brevedad de la gala. Dos horas escasas y un buen ritmo.

Lo más egocéntrico: una soberbia Concha Velasco ofendida porque Asunción Balaguer, dulce y longeva actriz en activo y en maravilloso estado de gracia,  recibiera un merecidísimo premio funcional como mejor protagonista de teatro por El pisito y, ella, sólo un premio honorífico (y encima a toda una carrera…). A pesar de todo, Manu (ela Velasco), su sobri, nos sigue encantando…

La cadena: la 1 de TVE. Sus productos de ficción han sido los auténticos vencedores de esta edición demostrando que también existe un mercado para la inteligencia y que hay vida más allá del teta-culo.

El actor: Asier Etxeandia. Un ganador intratable.

La actriz: Ana Wagener. Tacita a tacita, un pedazo de actriz que quedará en la historia de la interpretación española.

Lo más bonito de la Unión de Actores: Alicia Borrachero, a la que aún le tiene que llegar la oportunidad de mostrar sin anestesia el pedazo de actriz que en realidad es.

La protagonista ausente: Blanca Portillo, premiada sin cartera por su verdadero liderazgo sin florituras y sin excusas en la escena española. Quien quiere, puede…

Lo más aburrido: lo de siempre, el discursito del Secretario General y las apostillas como quien no quiere la cosa de Pilar Bardem,  superando incluso al tradicionalmente soporífero Jorge Brosso de otros tiempos.

La directiva invisible: la otrora omnipresente Amparo Climent. Por fin se respira buena onda en el foyer…

Lo demás: lo de siempre.

Arrugando la nariz

Cada vez se hace más excepcional lo de encontrar repertorio clásico en la cartelera. Con clásico no quiero decir, precisamente, cosas como Sé infiel y no mirés con quién, por ejemplo. Me refiero, más bien, al repertorio premium: literario, dramático, con papeles para actores verdaderamente superdotados y topics de esos de los de más grande que la vida. Tennessee Williams, Arthur Miller, Eugene O’Neill o, de rebote, Steinbeck, por mencionar sólo a algunos. Por eso, cuando gotea alguna obra maestra en el moribundo y árido oasis del teatro español resucito mis ganas y lo vuelvo a intentar. Después de haber vivido cinco años entre teatro y literatura, he terminado por aceptar que, en España, el teatro no tiene nada que ver con el auténtico arte y que nuestro ombligo debería estar aún más enrojecido de tanto sentirse observado. Salvo escasísimas excepciones, el mercadillo, por no decir tanatorio, de la escena española es una filial del Imserso y se produce según el estándar señora jubilada de abrigo de piel y pelo redondo, de esas que siempre se parten inexplicablemente el pecho en el momento más íntimo y rompen sin pudor la magia que el lenguaje, la literatura y el cerebro de los buenos autores es capaz de crear. Vamos, que vale cualquier cosa. Así nos luce el pelo.

Por si no había sido bastante ver cómo la vedette pero empresaria Concha Velasco o la limitada, a pesar de sus premios –¿tendrá algo que ver su parentesco matrimonial con Mario Gas?-, y omnipresente para mi disgusto Vicky Peña (a Ana Marzoa, a estas alturas, prefiero saltármela directamente) han perpetrado en España a las protagonistas de La rosa tatuada y de Un tranvía llamado Deseo, echando a perder esas pocas oportunidades en las que se puede elegir teatro gourmet en lugar de fritangas de segunda, adaptaciones de saldo para jubilados (y no miro a nadie, La-extraña-pareja…), onanismo psicótico a-la Animalario travestido de pretenciosa modernidad o montajes independientes que suelen provocar más risa que reflexión, los pobres… Por si no había sido bastante, digo, ya podemos ostentar también el honor de haber destrozado De ratones y hombres, otra obra maestra en sus dos versiones (novela y teatralización por su propio autor) que acaba de arrancar en el Español y que, si nadie lo impide, terminará erigiéndose en otra premiada boñiga al estilo de Días de vino y rosas, una delicatessen que Tamzin Townsend, la directora más bostezante del mercado español por muy experta en Shakespeare que se crea, ya se encargó de convertir en un lamentable aborto hace un par de temporadas.

No voy a arañar ninguna piel para no hacer demasiada sangre pero, a excepción de Eduardo Moreno, Juanjo Llorens y Arnau Vilá, responsables -respectivamente- de escenografía, iluminación y espacio sonoro que entregan un trabajo no sólo afinado sino también emocionante, el grueso del equipo artístico sólo ensucia lo que toca. La adaptación de Juan Caño y Miguel del Arco es tan vulgar que lo único que denota es que han optado por una indumentaria varias tallas más grande de lo recomendado para su tamaño. Aunque para Miguel del Arco el pecado es doble porque, además, es el responsable de una de las peores direcciones de actores que se han visto jamás en los escenarios españoles, con permiso –obviamente– de José Carlos Plaza, al que debemos la abominación de haber empujado a Fran Perea a un escenario para ensuciar Fedra, entre otros atracos. Y no voy a decir más.

Entre el elenco, al que prefiero absolver si elijo pensar que se han limitado a seguir las instrucciones del jefe, destaca Roberto del Álamo. Y lo hace porque su trabajo es, sencillamente, irritante, pobre y absurdo. Por si no fuera suficiente, parece que nadie le ha dicho que un actor de verdad sale a saludar habiendo abandonado el espacio del personaje. Cuando no lo hace, probablemente, o sigue oculto tras la careta para no mostrar su vergüenza por un trabajo deficiente o es un soberbio rebosado de ego.

No hay piedad, ni ha de haberla, con los profesionales de la interpretación: cuando sigo escuchando cómo demasiados actores -algunos de ellos todavía amigos… creo-, desde la autocomplacencia más cortesana, pretenden que el aplauso y el reconocimiento sea un derecho adquirido -hay que reconocer el trabajo: ahí hay mucho trabajo, mucho esfuerzo…- y no una retribución añadida, ganada a golpe de emociones por un trabajo con valor añadido que ha recorrido the extra mile, termino por confirmar mi odiada pero lamentablemente cierta percepción de que, en España, la mediocridad y la imbecilidad (por supuesto, no peyorativa: más bien, me refiero a la idiocia, a la escasez, a la brevedad de sesera…) son dos males endémicos para los que no existe medicina. Estamos condenados a ser un país de varietés, al menos en lo teatral.

¿Por qué los actores españoles son, mayoritariamente, analfabetos artísticos sin cultura ni literaria ni teatral? ¿Por qué no es obligatoria una licenciatura en humanidades para poder ejercer con autoridad y con sustancia como legítimo actor?

Cuanto daño han infringido las cristinas rotas, los williams laytons y los corazzas a las rentables huestes de intérpretes aspirantes. ¿De qué sirve entrenar la careta, cuando los cerebros son puestos en la calle completamente desnudos y vacíos aunque, eso sí, habiendo trabajado mucho la verdad, el método y tantos otros zarajos en vinagre…?

Al cuerno. Esta vez sí han conseguido hacer que me enoje. Me doy de baja en la Unión de Actores, aunque los actores de doblaje (profesión de la que ya soy apóstata experimentado) no demos el mismo cante. Es cuestión de vergüenza ajena.

Eva al desnudo y la comunicación emocional

Artematopeya Blog & News no es una web sobre cine, aunque a veces nos guste reseñar alguna que otra película haciendo honor al efecto hipnótico del que hacen gala algunos mecanismos psicosociales de los que hablamos en nuestros talleres sobre comunicación emocional. Sobre la última y primera película del debutante Kike Maíllo,  no procede profundizar aquí en lo cinematográfico por varias razones a pesar de mis irreprimibles ganas: entre otras, por el hecho de que cualquier dato que se me ocurriera comentar provocaría un automático destripado de las ya de por sí e inexplicablemte en exceso predecibles dos tramas principales de esta historia. Baste comentar aquí que las interpretaciones, a excepción de la maravillosamente intuitiva Claudia Vega y de la maravillosamente actriz Marta Etura, son sencillamente eso: maravillosas. Casi todo lo demás en esta película, incluido Lluis Homar y el siempre sobrevalorado Daniel Brühl, es despiadadamente mediocre y demasiado pagado de sí mismo.

Eva (Escándalo Films) es un mercadillo de intenciones cruzadas que se despeña por congelación. Con un director que se empeña en recordar que no es una cinta de ciencia ficción sino de personajes –y luego termina presentado dos tramas (un triángulo amoroso y una reflexión existencialista) absolutamente adivinables en el minuto ’20 de metraje gracias al innecesario flash-forward que prologa la película– y una producción/distribución que se empeñan en supermanierar el apartado artístico de esta producción para aprovechar que el Pisuerga pasa por Sitges, Venecia y otras fantásticas localidades, la experiencia del espectador es una constante esquizofrenia entre lo que le están obligando a que quiera ver (ciencia ficción de libro) aunque el desenredo de la trama le esté llevando hacia otro lado. Es como lo de vocalizar en voz alta un “sí” mientras mueves la cabeza hacia los lados expresando un “no”. Conflicto de hemisferios cerebrales y system crash.

Pero, pero, pero.

A pesar de la indiferencia que me pueda provocar como creación, Eva (Escándalo Films) es un estupendo recurso que voy a empezar a emplear de aquí en adelante para nuestros talleres porque contiene las mejores ilustraciones con las que me he cruzado nunca sobre algunos de los conceptos que conforman el corpus de las disciplinas de comunicación emocional con las que trabajamos en Artematopeya:

  • La fotografía y el diseño de sonido (la película transcurre en una localización nevada, blanca, deshabitada, hostil) conforman una metáfora emocional extremadamente afinada que es transversal a todo en Eva como conjunto. No sólo enmarca la acción en una narración (storytelling) con un mood o estado de ánimo y un ritmo determinados, sino que va hilvanando personajes y situaciones en una suerte de collar de hielo mientras estimula todos los canales sensoriales de espectador en una única dirección. A partir de un cierto momento, el espectador es incapaz de determinar donde se encuentra en realidad el paisaje más helado, si fuera o dentro de esos personajes fríos, inexpresivos y casi más muertos que los propios robots que ellos mismos diseñan. Storytelling emocional y punto. Llevado tan al extremo que, como espectador, sales del cine frío en todos los sentidos…
  • Algunos robots del universo de Eva, como el Max interpretado por Lluis Homar, son capaces de escalar a voluntad la intensidad emocional de sus configuraciones internas, de sus motores humanizantes, de su interface de relación social.
  • Es curiosa -por inesperada- la utilización explícita (y algo amateur…) de un patrón de hipnosis conversacional o lenguaje hipnótico en acción mediante una orden o comando embebido. Esta secuencia lingüística (¿que ves cuando cierras los ojos?) es una orden encubierta de protección que los diseñadores implantan como medida de seguridad para desactivar a un robot fuera de control, provocando un reset instantáneo. Me hubiera gustado más que los guionistas se hubieran documentado mejor, dado que éste (imperativo encubierto) es uno de los pocos ejemplos de patrón hipnótico que en castellano se puede circunloquiar adecuadamente: ¿qué vé alguien como tú cuando cierra los ojos?. Pero nos sirve como ejemplo tal y como está.
  • Pero lo mejor de todo es la metáfora visual que emplea Eva para describir el mecanismo emocional que determina el funcionamiento de esos cascarones robotizados vacíos y vírgenes. Es una de las mejores implementaciones del concepto de sistema nervioso y estructura emocional que he encontrado jamás para poder explicar que las emociones no son sino configuraciones determinadas de nuestro sistema nervioso (representadas como nodos, sinapsis, artefactos, objetos, formas… conectados en una especie de red holográfica en la que se pueden tocar, recolocar, reconectar los componentes a voluntad) y que, como tales, pueden ser manipuladas (en el sentido de handled) y reconfiguradas.

Te invito a que le dediques 90 minutos de tu tiempo a esta película. Vas a intuir mucha comunicación emocional en acción.

Nos vemos en el próximo taller de comunicación emocional. Ya me contarás.

Si yo fuera…

… un emprendedor innovador, ya habría empezado a activar procesos creativos y experimentales para definir cómo se pueden integrar las paredes de Koowall.com en los entornos de todo tipo de usuarios y que tipo de aplicaciones se pueden desarrollar en torno a la tecnología y a la usabilidad de Koowall.com.

… un fotógrafo profesional, un artista gráfico, un ilustrador o un diseñador, ya habría creado una pared en Koowall.com para presentar mi portfolio de forma visual a través de un medio diferente, emocional e impactante.

… un profesional sin conocimientos de programación pero con necesidad de tener presencia en internet, ya habría creado una pared en Koowall.com para poder disponer, de un modo sencillo y en pocos minutos, de un sitio web diferente, inesperado, interactivo y gratuito con el que administrar mi identidad en el mundo digital.

… un viajero ocasional o profesional, ya habría creado una pared en Koowall.com para actualizar en vivo y al minuto mi diario de viaje, incluyendo, además de mis comentarios, las fotos y los videos que puedo registrar con mi teléfono móvil.

… un cantante o una formación musical, ya habría creado una pared en Koowall.com para mostrar mi propio material audiovisual sin tener que modificar frecuentemente mi página web y otra más en cada concierto, para que mis fans pudieran aportar las fotos y los videos de su propia experiencia.

… un departamento de recursos humanos, ya habría creado una pared en Koowall.com para que el equipo de mi empresa tenga un espacio externo a la intranet de comunicación e interacción sin la rigidez habitual de los formatos corporativos.

… un apasionado del R’n’B, ya habría creado una pared en Koowall.com para convertirla en un espacio especializado en este tipo de música y convertirlo en un catálogo de referencia.

… un director de escuela, ya habría creado muchas paredes en Koowall.com para que cada grupo, curso o módulo dispusiera de un espacio de expresión propio y organizaría un programa de interacción en el que se pudieran visitar, desarrollar proyectos en colaboración o competir a través de sus paredes.

… un padre creativo, ya habría creado una pared en Koowall.com para que mis hijos lo utilizaran como espacio para su crecimiento y creatividad, animándoles a utilizarlo como cuarto de juegos y a invitar a sus amigos.

… un escritor, periodista o blogger innovador, ya habría creado una pared en Koowall.com para que mi próxima novela, serie de artículos o comentarios se presentaran desde una nueva perspectiva ante mis lectores.

… una tienda de libros, discos, artesanía, decoración, plantas, regalos… ya habría creado una pared en Koowall.com para que fuera mi escaparate digital, porque además podría enlazar la foto o el video de cada artículo a su ficha dentro de mi web o a mi pasarela de pago para completar el proceso de compra.

… una asociación, agrupación o colectivo de cualquier tipo, ya habría creado una pared en Koowall.com para que mis miembros pudieran leerse, verse y escucharse en cualquier momento con el nivel de privacidad que yo eligiera.

… una organización social de cualquier tipo, ya habría creado una pared en Koowall.com para que mis miembros pudieran expresar públicamente sus comentarios, opiniones, desacuerdos y propuestas en un espacio público virtual cooperativo, interactivo y accesible.

… una cadena de televisión, ya habría creado muchas paredes en Koowall.com para interactuar con mi público en cada uno de los contenidos de mi parrilla, organizando paredes temáticas que podría utilizar después como soporte audiovisual en eventos públicos relacionados con mis contenidos.

… un sitio de citas y aforismos, ya habría creado una pared en Koowall.com para transformar y renovar mi diseño hacia un modelo más visual y atractivo.

… un cerebro creativo, como tú, ya habría creado una pared en Koowall.com y estaría pensando en las mil formas de usarla como instrumento para canalizar e implementar todo lo que se te ocurra.

¿Por qué no nos las cuentas, pinchando en el enlace ‘dejar un comentario’ que hay junto al título de este artículo y explicándonos qué harías tú con una o más paredes de Koowall?

¡Nos han regalado una pared! ¡Ya estamos en Koowall!

Hace unos días, nos ha llegado un inesperado regalo por e-mail: los creativos e innovadores señores de koowall.com nos han regalado… ¡una gigantesca e interminable pared digital de regalo!

Ya puedes acceder a la pared emocional de Artematopeya en Koowall a través de este enlace o del widget que encontrarás en el menú a la derecha de tu pantalla para dejar tus comentarios, opiniones, fotos, esquemas… para lo que quieras. Exprésate y di alto y claro lo que te apetezca compartir con la comunidad de Artematopeya. Puedes invitar a quién quieras.

Es cada vez más difícil encontrar recursos digitales que aporten valor añadido a la mera y simple funcionalidad. Lo funcional no suele ser demasiado artematopéyico. Hoy en día, la tecnología y los creativos caminan por sendas paralelas y casi nunca llegan a encontrarse. Cada uno termina yendo a su bola. Los tecnólogos inventan lo que les apetece y nosotros, los usuarios, nos lo comemos con patatas por muy feo que sea. Quien diga que no le gustaría que las empresas de tecnología digital aprendieran a desarrollar interfaces más humanos y menos racionales, más creativos y capaces de alinearse con nuestro sistema emocional y estimular vista, oído y sensaciones…. miente o está en estado de animación suspendida.

¿Por qué es diferente, creativa, innovadora y artematopéyica una pared de koowall?

Una pared digital de koowall es, simple y llanamente, una pared digital vacía, de longitud ilimitada (o hasta que la memoria de sus servidores se consuma hasta el último bit, hecho harto improbable por otra parte). Este espacio, al que puedes acceder a través del explorador o desde un enlace embebido en tus webs, blogs y demás redes sociales copiando y pegando un código que te proporciona koowall, te permite subir contenidos en formato texto, imagen o video. Puedes interactuar con una pared desde un ordenador, desde un móvil, desde una tablet, desde un e-book con wifi y con teclado… Si la pared es tuya, puedes definir diferentes niveles de privacidad, y en cualqueir caso siempre puedes visitar las paredes de otros, tengas o no la tuya propia.

Pero lo mejor de todo no es esa funcionalidad: koowall.com es el único espacio de socialización e interacción digital que conozco que consigue crear una experiencia inmersiva y kinestésica realmente potente. Una pared de Kowall es un espacio absoluta y completamente emocional, visual y asíncrono.

No hay un interface blanco con bloques de información. No hay índices, infinidad de menús, widgets, opciones, opciones de configuración o ventanas. La sensación, cuando entras en una pared de kowall, es que estás frente a una pared de verdad, un espacio que casi puedes tocar. No estás mirando a través de una ventana. Estás directamente dentro.

Además, los contenidos se disponen automáticamente a modo de gran panel visual. El efecto es increíble. La experiencia de recorrer una pared es estimulante porque, liberados de todos esos complejos diseños que diseñan los tecnólogos para ellos mismos, los usuarios activan otras partes de sus sistemas cognitivos. Todo es visual, todo es asíncrono y cuidadosamente desordenado, todo es simultáneo, todo queda relacionado por su disposición en el espacio. Dominas el contenido del muro de un vistazo. No tienes que leer obligatoriamente, también puede limitarte a mirar y a ver y a disfrutar de la experiencia.

¿Te imaginas, además, la sensación de poder ver tu pared llena de contenidos proyectada en gran formato sobre una pared de las de verdad?

Imagínatelo, porque esto significa que puedes compartir la experiencia de koowall con quien quieras de un modo totalmente diferente al que estás acostumbrado.

¿Te imaginas, por ejemplo, que cada uno de los participantes de uno de nuestros talleres pudiera incorporar desde casa los contenidos que pedimos en alguna actividad y que, al día siguiente, pudiéramos visualizar automáticamente un panel de ideas completo sobre el que pudiéramos trabajar sin necesidad de manejar papel? ¿O una sesión de gamestorming, de creatividad, de brainstorming, de investigación de ideas… en directo y a tamaño natural en la que cada uno trabaja desde su teléfono móvil o desde su tablet? ¿O una sesión interactiva de preguntas y respuestas en la que cada uno participa desde su casa? ¿O una pared exclusiva y privada para un grupo de trabajo?

Nos encanta esta idea y ya estamos pensando en cómo incorporarla en las actividades de nuestros talleres y seminarios. De momento, ya es accesible en pruebas desde el menú lateral Artematopeya Blog & News.

Además, nos hemos sentado a pensar y, en unos días, publicaremos en Artematopeya Blog & News el resultado de un brainstorming de trabajo con ideas específicas para la aplicación de las paredes de koowall.com a múltiples actividades. Para que uses las que te apetezcan y compartas las demás con quien quieras.

Ser de agua…

… es el título del maravilloso album de Presuntos Implicados de 1991, el claim del famoso video de Bruce Lee, el animal conocido como medusa en un 96% o, por terminar con un ejemplo más actual, el We ART water Film Festival que organiza la Fundación Somos Agua (We are water foundation). Puedes encontrar las bases del festival en estos enlaces.

En Artematopeya nos encantan este tipo de convocatorias. No es por el premio, ni por la proyección, ni por la visibilidad. Es, sencillamente, porque son auténticas premisas con las que practicar el storytelling emocional, la metáfora creativa y los códigos de expresión. No necesitas grandes medios. La tecnología actual hace posible que tú, con tú nokia o tu iphone o tu siemens o tu samsung, puedas experimentar una forma de expresión que combina todos tus recursos para la comunicación y los incorpora dentro de una cadena de valor que te aportará innumerables beneficios especialmente relacionados con las habilidades de comunicación emocional que aprendes en los talleres y seminarios de Artematopeya.

Puede que alguna vez hayas pensado que te gustaría hacer cine. Pero incluso el formato más pequeño te resulta inalcanzable. No sabes por donde empezar.

¿Por qué no dejas de boicotear tu inexplorada capacidad de crear y participas en tu primer festival de cine?

En solitario o en equipo. Con una ficción en toda regla, con una animática de fotos sobre una pista de voz que cuente algo que tú has escrito, con un documental express, con un monólogo, con un teaser (falso spot) publicitario, con un video musical… tú eliges. Investiga en internet, compra algún libro barato sobre realización de cortometrajes o, incluso, hazte con el manual de algún videojuego sobre cinematografía para entender lo básico. Aprende bien como manejar tu cámara de video casera. Abre las puertas de tu sistema nervioso para que entre la premisa del festival (agua y seguridad alimentaria) y… fluye, sé de agua, déjate llevar.

Lo mejor de todo es que, una vez que empiezas a crear, no podrás parar.

Nos encantará que compartáis la experiencia con nosotros.

Mis dos peliculones en Bandeja de plata

Señoras y señores, con todos ustedes mis dos peliculones en Bandeja de plata.

¿Os he hablado ya antes de Bandeja de plata?

Allá por 2001, despúes de dejar abandonada a su suerte a mi brillante carrera internacional –la pobre– tras entender que, en realidad, todo aquello del protocolo y el imbecilismo transnacional no me había interesado ni lo más mínimo durante los últimos quince años, decidí quedarme en España, ya para siempre, y desarrollar por fin en toda su plenitud aquello para lo que había nacido: el arte, la creación, las relaciones humanas, el lenguaje, la voz y la vida. Empecé a coquetear con el audiovisual, con el cine, con el teatro. Escribía, producía, dirigía. Escribía mis dramáticos, mis artículos, mis canciones. Los convertía en esencia creativa. Se podían tocar. Estrené en un gran teatro. Produje una serie documental de 160 micro-capítulos. Produje y escribí un magazine para televisón durante dos años. Mis proyectos recibieron algún premio, como la mención especial del mercado de televisión del Festival de Cine de Málaga. Trabaje con mi voz, hablando y cantando. Empecé a entrenar a personas. Mis habilidades creativas se unían a mi compleja y ecléctica formación en múltiples áreas de la comunicación humana y, de aquella mezcla, surgía un torrente de pura energía que llega hasta hoy, hasta aquí…

Durante todo este proceso, he conocido a mucha gente; a más de la que puedo recordar. Pero, de entre todos ellos, guardo en mi archivador mental un recuerdo especial de mi amigo Carlos. Con él, compartí unos cuantos años de cinematografía exagerada, exacerbada, desordenada, caótica y apasionante. Compartimos una etapa de creación y de estimulación artística que nos ha terminado trayendo hasta hoy, hasta aquí. Él es, después de todo, el artífice de una de las blog-webs de cine más importantes de nuestro país: Bandeja de plata. Si me preguntas por qué, te diré que Carlos es una auténtica enciclopedia sobre cinematografía y artes visuales con piernas y con un procesador central de quintuple núcleo. Sabe tanto de cine, ve tanto cine, disfruta tanto del cine, lee tanto sobre cine, observa tan bien el cine, escribe tan bien sobre cine… que, después de 20 años de práctica, lo extraño es que no hubiera terminado siendo el mejor. De hecho, creo que las televisiones, las radios, las prensas y las editoriales que todavía tienen algo serio y jugoso que decir sobre cine deberían pegarse a mordiscos por poder conseguir que Carlos estuviera entre sus efectivos. Hay que verlo para creerlo y, como yo lo he visto en acción, lo digo porque lo sé.

Es más, yo creo que debería ir pensando en contar con él como asesor para un proyecto que está empezando a germinar…

Pues eso, que va y coloca en portada una de sus lúcidas visiones sobre mis dos peliculones: DOS HOMBRES Y UN DESTINO y EL GOLPE.

¡Gracias, Carlitos!

¡Quedan siete días para que explores tu creatividad!

Dentro de exactamente siete días publicaremos el nombre de los dos ganadores del sorteo que anunciábamos hace unas semanas en Artematopeya Blog & News. Tenemos preparadas dos cajitas (aunque te parezca gigante en la foto, recuerda que una información enmarcada y sin referencias puede ser engañosa…) de los increíbles Rory’s Story Cubes sobre los que tienes más información en este artículo.

Si trabajas en cualquier actividad que requiera gasolina creativa y te apetece poder llevar encima (de hecho, cabe hasta en un bolsillo…) siempre una herramienta que te ayude a desvelar tu capacidad de invención, de sorpresa, de imaginar y de contar historias, entre muchas otras cosas, éste es tu sorteo.

El plazo de participación concluye el próximo viernes 17 de febrero a las 13:00 horas y para participar y llevarte una de estas dos maravillosas cajitas creativas, como las que utilizamos en Artematopeya en nuestros propios seminarios y talleres, sólo tienes que:

1) Twittear (o re-twittear) este mensaje: Has visto que @Artematopeya sortea 2 juegos de Rory’s Story Cubes en https://artematopeya.wordpress.com son una pasada únete!! #Artematopeya

2) Pinchar ME GUSTA en la página Planeta Artematopeya de Facebook y dejar un mensaje en el muro contándonos cualquier idea original para utilizar con los Rory’s Story Cubes.

3) Dejar un comentario en la pestaña COMENTA de este mismo blog contándonos, igualmente, alguna idea creativa para utilizar con los Rory’s Story Cubes.

Si, además, te inscribes a la lista de correo de Artematopeya Blog & News en la cajita que encontrarás en la barra de menús a la derecha de tu pantalla, no sólo podrás leer directamente en tu mail los artículos que publicamos sobre comunicación emocional, lenguaje, persuasión, cognición, hipnosis conversacional, creatividad, cambio personal y liderazgo,  sino que podrás enterarte antes que nadie de los próximos sorteos que tenemos previstos en los próximos meses.

Ya sabes que el resultado del sorteo es inapelable y no reembolsable por dinero. Anunciaremos los ganadores en esta misma página y contactaremos con ellos vía mail, twitter o facebook (su canal de participación). Este sorteo, además, sólo está abierto para residentes en España.

Cuéntaselo a tus amigos e invítales a participar. Cuantos más lectores visiten esta página, más posibilidad tendremos de acceder a productos y servicios de vuestro interés que, como siempre, pondremos a vuestra disposición a través de sorteos o promociones. Recuerda que Artematopeya no realiza prescripciones comerciales y sólo realizamos recomendaciones no retribuidas de productos y servicios de interés para nuestra comunidad. Puedes acceder a estas recomendaciones en la pestaña Recomendados de este blog.

¡Date prisa en participar, que aún tienes tiempo!

Si tú también dices xyzzy…

… entonces no has de perderte Ready player one de Ernest Cline porque, seguramente:

  • eres de la generación del 68, año arriba año abajo;
  • viviste, como yo, los estertores del telex;
  • jugaste por primera vez a una aventura de texto en un IBM con pantalla de fósforo verde!!!;
  • has jugado a Colossal Cave, a Adventure, a Zork;
  • sigues jugando ficción interactiva y fantasy digital en los emuladores que llevas en tu móvil, en tu blackberry, en tu DS, en tu iPhone, en tu…
  • tuviste un ZX Spectrum, un Commodore64, un Atari, un TRS-80, un Dragon o cualquier otro cacharro de 8 bits;
  • sabes lo que es The Dragon Magazine, los juegos de rol, Dungeons & Dragons, los PBM, los RPGs, los MUDS;
  • conoces el significado de la palabra mágica xyzzy y, en algún momento, la has tenido como contraseña de acceso a tu ordenador o a tu móvil;
  • eres lector de Tolkien, Moorcock, Stephenson;
  • cómo no, eres fan incondicional de Star Wars, de Blade Runner, de Galáctica, de Space 1988;
  • etc, etc…

Digamos que Ernest Cline no destaca, exactamente, por su calidad literaria ni por sus manierismos lingüísticos. Cline es, simplemente, un buen narrador. Y con esta habilidad por bandera, poco importa que Ready Player One sea un batiburrilo descontrolado pero enciclopédico de absolutamente casi todos y cada uno de los iconos de la cultura popular de la década de los 80. Videojuegos, máquinas y cacharros domésticos, películas, música, comics, series de televisión, redes sociales por modem… Los que hemos vivido esa experiencia vital en carne propia somos carne de cañón para unirnos en hueste de los que han disfrutado teletransportándose a su pasado y evocando el potentísimo paquete emocional asociado a la novela. Cierto es que somos privilegiados por haber vivido el momento seminal que ha dado lugar al momento cualtural que vivimos hoy en día.

Resumiendo: que no esperes una narración sesuda, intelectiva, adulta y demasiado seria. Ready player one (que no es ni más ni menos la frase que avisaba del comienzo de su partida al jugador de aquellas antiguas y enormes máquinas de videojuegos de billares de barrio) es una simple e intensa novela de aventuras de corte folletín tecnológico y vestida de futuro. Si la lees, te teletransportarás a tu adolescencia y podrás evocar aquellos años; aquellos maravillosos años… Tendrás la impresión de que Cline estuvo sentado junto a ti durante alguna de esas interminables partidas.

Ready player one es auténtica literatura emocional.

Dulce abuelita que tomas el té, dos puntos

Por nuestra intrínseca naturaleza, en Artematopeya amamos sin medida a las artes (con preposición) y a los artistas, a los que profesamos una amable, respetuosa y profunda envidia de color verde brillante. Cuando un ser humano es capaz de producir cualquier tipo de arte, sencillamente demuestra la existencia real de la capacidad de trascender y de transitar por planos de esencia y de existencia vedados, por razón de su carencia de inteligencia y empatía para con lo emocional, a todos esos charlatanes que leen tantos periódicos, hablan tanto de la apayasada farsa de la economía y del guión de la telenovela de la crisis y se justifican en la etiqueta de la actualidad para mantener su sistema nervioso y su capacidad de vivir en sendos y profundos estados catatónicos. Si yo tuviera una escoba…

Me disculpo de antemano por la grosería que voy a escribir a continuación: la película La dama de hierro es una esponjosa, amarronada, humeante, putrefacta y maloliente mierda. Periodo.

No me creo lo que acabo de hacer: disculparme por un tabú! Un virus lingüístico y mental de rango medio se ha colado en nuestras vidas. Hmmm…

No creo, en absoluto, que esta película haiga de recibir ningún premio de perfil pero qué bien que está todo, de esos tipo óscar a la mejor película o globo de oro equivalente, porque no es más que un dorado panfleto con andamios de propaganda sobre un guión no sólo mal escrito y poco afortunado en demasiadas partes, sino también insidioso y emocionalmente dañino y peligroso para los espectadores que hayan bajado sus escudos de defensa mental. Cualquiera, y por cualquiera me refiero a Phyllipa Lloyd y Abi Morgan para más señas, que se atreva a presentar a Margaret Thatcher como una indómita y feucha jovenzuela rebosante de valores humanos o como una dulce e indefensa abuelita aquejada de soledad, la pobre, a la vejez viruelas se merece, como poco, que les pidan plaza en alguna residencia de la ONCE y que, además, las convoquen a un consejo de guerra por crímenes intelectuales contra la humanidad. Periodo. Margaret Thatcher no es, no ha sido y nunca fue lo que estas dos señoras, directora y guionista respectivamente, proyectan sobre la pantalla. Periodo. No sólo fue un coñazo de ser humano, que a su marido gustosamente regalamos el resto de la mitad masculina del universo,  que se cagó (con perdón) hasta en su propia vida y a la que el orgullo, la soberbia y el servilismo al poder en la sombra le llevó a autocondenarse de buen grado a una burbuja de cristal sólido de la que no escapó ni su familia ni su propia salud mental, sino que se atrevió, entre otras cosas, a mostrar públicamente su apoyo a un asesino como Pinochet. Puñetera educación británica. Periodo. El muro de Berlín jamás cayó por la voluntad de abrir puertas a una nueva etapa de la civilización sino sólo de tender puentes por los que pudiera empezar a fluir la pasta entre este y oeste. Periodo. Por no hablar de las Malvinas. Y creo que me voy a detener aquí porque hay riesgo de erupción verbovolcánica… Confer La doctrina del caos de Naomi Klein y cualquiera de los trabajos de Estulín sobre Bilderberg, para más señas.

¿Qué será lo siguiente? ¿Las aventuras del virtuoso y heróico Superhéroe Bush?

Lo bueno que tiene el cártel artístico británico es que, veas lo que veas, lo mínimo que te llevas es un trabajo de interpretación entre impresionante-maravilloso-impactante y sencillamente subyugante-fascinante-alucinante, en una escala de peor a mejor. Y, en esto, La dama de hierro no defrauda. Un óscar para la dirección de casting. No recuerdo haber visto tantos y tan buenos actores-artistas juntos en el mismo lugar y al mismo tiempo. Meryl Streep te puede gustar o no, y los que no la soportan en realidad no la soportan ni un poquito ni a menos de diez kilómetros. Pero a mí me fascina. Y está soberbia. Ahí lo dejo…

Por cierto, por si acaso te lo habías planteado gracias a las maquinaciones del aparato comercial y de propaganda que opera desde hace unos meses en torno a esta dulce y senil abuelita británica que ahora se dedica a tomar el té mientras charla con su marido muerto en lugar de seguir matando personas por acción y por omisión como respetuosa abanderada del capitalismo más despiadado, te recomiendo que no pierdas ni tu tiempo ni tu dinero con ese ladrillo de papel y tinta titulado Los años de Downing Street, un mamotreto de mil páginas que contiene, según dicen, las memorias de la agüela. No sólo está mal escrito, sino que es aburrido y monótomo: se limita a repetir subimos los impuestos, aumentó el paro, los sindicatos por aquí, las huelgas por allá… Un auténtico coñazo.

Ya sabes: lee algo hermoso y artístico. No hay color. La vida es demasiado corta para permitirse el lujo de no desarrollar la capacidad de saber elegir.

En el jardín de las bestias

Este artículo es una víctima más de mi insuperable incapacidad para estirar el tiempo. Manuscrito el pasado 5 de enero en la barra de un bar sobre las páginas cuadriculadas de mi bloc rojo de notas con goma a-la-moleskine pero de tapa blanda, no he sido capaz de transcribirlo aquí solo hasta hace un rato. Hoy es 24 de enero y toca empezar a hacer hueco en el desván de las anotaciones perdidas…

No suelo deleitarme con la no-ficción. Afortunadamente, y lectúricamente hablando, no soy residente en EEUU, país en el que el género mis memorias personales, mi historia personal, mi drama personal, mi experiencia personal, mi visión personal y otros mil millones de (por lo general) aburridas circunstancias personales hechas libro han terminado invadiendo sin opción ni de réplica ni de defensa el terreno exclusivo del lector de toda la vida, minoritario ya frente al lector de perfil VIPS o kiosco de aeropuerto. Con todo el respeto que el resto del mundo merece: no consigo colegir que haya alguien dispuesto a pagar 20 dólares o incluso más por un producto impreso que lleva en la portada a Justin Bieber o a Ricky Martin, a Condolezza Rice o a cualquier otro de los Kennedys que aún viven aunque sean de quincuagésima generación, a la última y superdelgadísima ganadora de Operación Triumph, a ese pedazo de tostón llamado Oprah sólo comparable a esa otra inefable señora conocida por AR cuyo apócope se parece demasiado a una precuela de arse… y que, además, se atreva a esgrimirlo entre sus manos en el metro o en el autobús sin ningún tipo de forro, mostrando impúdicamente con qué tipo de veneno ha accedido voluntariamente a destrozar su sesera. Pero allá cada uno con sus esfínteres.

En resumen: que la no-ficción, además de sufrir un doloroso y antiartístico lenguaje robotizado repleto de infantilismos y de analfabetas incorrecciones por poner sólo dos ejemplos, de objetiva no suele tener ni la hache y suele estar prostituida sin paliativos y escorada sin ningún tipo de pudor. Curiosamente, si hablamos de historia, economía, sociedad, divulgación… el único lugar en el que encontrarás un refugio de honestidad y objetividad es en los géneros de la lista de ficción! Los autores auténticamente creadores consideran que la documentación y la investigación es la única base posible para establecer un escenario objetivo en el que situar sus tramas y se esfuerzan por mantenerse a la conveniente y mínima distancia que garantiza una dosis suficiente de verdad, imprescindible para que el motor del subtexto funcione. Y punto.

Llevo meses escuchando hablar de Erik Larson, después del importante éxito en los mercadillos internacionales de su Diablo en la Ciudad Blanca (The Devil in the White City). Hasta los críticos han inventado un nuevo término para definir, muy acertadamente, su exitosa receta literaria (historia novelística). Así que lo cogido entre las manos y lo he leído. Y la experiencia de lectura es fantástica, he de decir. Sin desvelar demasiados detalles, hay que reconocer que el modelo literario de Larson está excelentemente depurado y que, sin duda, tiene el don. En el jardín de las bestias no sólo se deja leer: a pesar de que la premisa es simple (un recuento de los años que William Dodd ocupó el cargo de embajador norteamericano en el Berlín del Hitler pre-más bestia con el trasfondo del asunto judío) y la historia objetiva de aquellas coordenadas socio-históricas ya es sobradamente conocida, la habilidad artística y literaria de Larson entrega una especie de thriller documental en papel lleno de intriga, de rencillas, de sorpresas, de revelaciones y de personajes ampliamente revisitados aunque desde una nueva perspectiva. No todo es perfecto en la vida de Dodd: su atontada y melindrosa esposa, su querida aunque algo sueltecita hija Martha, sus corruptos y multifacéticos enlaces gubernamentales, sus monstruosos partenaires en medio de todo aquel espectáculo nazi… Es precisamente la perspectiva auténtica, imperfecta, despeinada y poco maquillada de las vidas de los Dodd la que convierte esta historia en una enciclopedia ficcionada repleta de verdad de la buena. Sin florituras y sin adornos. Terminó ya esa versión inventada de la vida en la que la gente se despierta por la mañana y salta de la cama perfectamente vestida, planchada, peinada y sin arrugar.

Atención. Es un page-turner inesperado. Hipnótico sin remedio.

En el jardín de las bestias es un libro absolutamente leíble. Erik Larson moldea la Historia sobre el patrón de la mejor ficción. Y funciona muy bien.

En la fila de pendientes de lectura ya tengo El diablo en la ciudad  blanca. Una intriga también documental ambientada en la Exposición Universal de Chicago de 1893 con un asesino en serie enfrentado a un arquitecto que hará todo lo posible por que el proyecto de su vida no se derrumbe…

PS: No debería dejar de comentar el buen trabajo de la dirección artística de la editorial. Las portadas de los libros de Larson son auténticamente evocadoras y realizan una función de preload emocional de sobresaliente. Chapó.

PS bis: Por cierto, DiCaprio estará en la adaptación cinematográfica de white city. Y Tom Hans, en el jardín.

Hablando de cine

Acabo de llegar a casa, de madrugada y con ganas de compartir con los habitantes del Planeta Artematopeya la experiencia de The artist, la película revelación de la temporada. Pero veo que mi amigo Carlos, en su magnífico blog sobre cine Bandeja de plata, se me ha adelantado. Y como Carlos y yo hemos compartido una etapa de nuestras vidas en la que fuimos cinematográficos, no es de extrañar que su revisión sea artematopéyica y afinada. Así que, con la satisfacción de que siempre hay personas que pueden haber dicho o hecho algo mejor que tú y que no tienen sentido ni el orgullo ni la soberbia de repetirse, apago el ordenador y me voy a dormir…

Zzzzzz…..

Toolbox creativo: Rory’s Story Cubes

En Artematopeya empleamos múltiples herramientas de facilitación para los procesos de creatividad, de entrenamiento, de estimulación y de producción. Muchas son de creación propia y los alumnos de nuestros talleres ya las conocen. Pero muchas otras no lo son, sencillamente porque ya han sido genialmente desarrolladas por otros y nos parecen tan buenas que nos encanta emplearlas y disfrutar de ellas. Es el caso de los Rory’s Story Cubes, un sencillo pero altamente efectivo desarrollo de Rory O’Connor reconocido en todos los foros internacionales como uno de los mejores instrumentos de conceptualización del año 2010.

¿Que qué son los Rory’s Story Cubes? Pues, en principio, un generador cuasi-infinito de historias. Cada set contiene 9 dados, es de pequeño tamaño y cabe en un bolsillo. Es portátil y no precisa de instrucciones de uso.

Ah, ¿sí?

Pues sí. Y, además, son una preciosidad y su diseño es estimulante ya desde el packaging. Vienen en una cajita, impresa en cartón grueso satinado y con reservas de barniz, que emula un pequeño cofre del tesoro con pestaña magnética. Los dados son cálidos y con el peso justo al tacto y están impresos con, digamos, pictógrafos o picto-conceptos. Con palabras o conceptos gráficos, vaya.

Como ya sabes si has pasado por los talleres de Artematopeya, el cerebro humano piensa en imágenes, convirtiendo los estímulos que recibe a través de los sentidos en representaciones visuales a las que dota de significado. Es un proceso mecánico e inconsciente. El inconveniente surge cuando necesitas conectar con tu creatividad, con tu imaginación, con tu mecanismo de decisión, con tu fuente interna de inspiración y tu estrategia consciente no consigue activar la maquinaria del mismo modo y con la misma efectividad. Aquí es donde entran en juego las herramientas de ayuda como los Rory’s Story Cubes. Comenzábamos diciendo que, en principio, son un simple generador de historias. Pero la realidad es que no solo son eso, una fantástica herramienta de storytelling. También son múltiples juegos para niños y para adultos, una evolución de las clásicas flash-cards, una ayuda visual para encontrar determinadas soluciones, un facilitador para la estimulación en el aprendizaje (por ejemplo de idiomas o de lenguaje…), una máquina de estimulación creativa para el escritor o para el dibujante o para el guionista o para el periodista, un creador de frases y consejos, un coach visual…

Y además, es un regalo fantástico para cualquier ocasión a un precio más que asequible (alrededor de 12 euros). Cuando regalas Rory’s Story Cubes, regalas creatividad, regalas juego, regalas socialización y regalas diversión. Yo siempre tengo algún set a mano para poderlo regalar.

El mecanismo es sencillo: cuando el cerebro es presentado con una secuencia de imágenes, emplea su propia representación de la realidad para dotar de significado a cada gráfico y después los une en una secuencia semántica que conecta los significados sueltos y los amplifica. Por eso, cuando haces una tirada de dados, lo importante es no intentar racionalizar la secuencia obtenida, no pensar demasiado, permitir la asociación libre de ideas y verbalizar rápidamente la primera asociación que te sugiera tu cerebro en no más de 3 segundos. Comienza por el pictograma que más te llame la atención y recuerda que nada está bien ni nada esta mal, nada es correcto y nada es equivocado. Todo vale.

En el sitio web de Rory’s Story Cubes puedes hacerte con cualquier de los 3 sets de story cubes disponibles por 11,99 euros cada uno (más gastos de envío):

  • El set rojo, el original Rory’s Story Cubes, que contiene los nueve dados básicos con 54 pictógrafos que combinan en hasta 10.000.000 millones de formas diferentes con cada tirada. Más adelante, es este mismo artículo, encontrarás múltiples ejemplos para emplear este set.
  • El set azul, la expansión Acciones (actions), que se puede emplear en solitario o en combinación con los otros sets y que contiene, específicamente, picto-verbos o acciones estándar.
  • El set verde, la expansión Viajes (voyages), que también se puede emplear en solitario o en combinación con los otros sets y que contiene 54 pictógrafos especiales para crear aventuras, fantasía, épica narrativa y  ficción especulativa.

También puedes descargarte la aplicación Rory’s Story Cubes para iPhone y iPad. Está estupendamente programada y casi casi casi consigue reproducir la sensación kinestésica de manipular los dados, con su tacto y su peso, con tus propias manos. Pero yo te recomendaría que te la descargaras como complemento a la versión manual y que la utilizaras sólo en aquellos momentos en los que el uso de los dados no sea conveniente (una reunión, una conferencia, un trayecto en autobús…). No te prives del placer de tener unos story cubes que puedas tocar.

Lo cierto es que cada uno de los pictogramas de cualquiera de los 3 sets admite múltiples asociaciones en solitario y muchas más aún cuando se combina con los demás. Es muy productivo superar lo literal e interpretar cada pictograma con la mayor extensión taxonómica y semántica que se te ocurra o que te pida tu historia, incluso aunque tengas que retorcer la idea un poco o directamente eliminar un dado o inventarte una nueva palabra. Recuerda: no hay reglas.

El concepto de los story cubes de Rory comenzó como una evolución del famoso cubo de Rubik, como ilustra el propio Rory en estas fotografías:

Si eres uno de esos manitas que se atreven con cualquier cosa, estoy seguro de que serás capaz de armarte tu propia versión casera de los cubos de Rory con toda la información de la que dispones en la web de Rory’s Story Cubes…

Los story cubes vienen acompañados de un diminuto manualito con algunas sugerencias de uso, aunque resulta algo escaso a pesar de que no hay reglas y de que cuantas menos haya, mejor. Por eso, vamos a aprovechar nuestra experiencia con esta herramienta para publicar semanalmente, en la sección ludotopeya de este blog, algunas de nuestras dinámicas de trabajo en formato ficha para que te sirvan como guía a la hora de crear.

Y, si tienes alguna pregunta, ya sabes lo que tienes que hacer…

Feeling good

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El que vale, vale. Y en una industria, la musical, en la que todavía se valora más la simple capacidad fisiológica de escalar tonos hasta los límites de lo imposible por encima de la artematopéyica habilidad de emocionar navegando por los rangos medios, que Michael Bublé haya sabido convertirse en el único artista que hace lo que hace en pleno siglo XXI tiene demasiado mérito.

Que el aparato de producción de la gira sea tan espectacular como efectivo no tiene ya demasiado secreto. Hemos terminado por acostumbrarnos a que los 60 euros de una entrada para cualquier gran espectáculo a la americana dan para mucho: un Palacio de los Deportes que ha terminado por aprender a ajustar su sonoridad a las necesidades de la música en directo; una amable logística tan perfecta y tan sobrada (enhorabuena a la producción local) al servicio del espectáculo y del público y no al revés como suele ocurrir en la mayoría de las producciones del patético elenco de medianías nacionales cuyo concepto de producción de calidad se limita a un puñado de insufribles matones de medio pelo que no sirven más que para poner cara de culo al personal y cuya función es la de incomodar, molestar y hacer que el público termine por desear no haberse gastado un puñetero euro en semejante calvario; un equipo humano nada escaso (por no decir sobredimensionado) y a la vez invisible que supo hacer su trabajo sin interferir ni en la comodidad ni en el disfrute de un personal con muchas ganas de disfrutar; un merchandising discreto y en absoluto invasivo; un plan de seguridad y de evacuación magistral y tranquilizador: desde la zona de pista a la calle, 3 breves minutos a pesar de las 12.000 personas que abarrotaron el Palacio…

Pero, y de la música, ¿que?

Pues cuando lo circunstancial está pensado para que te lo pases tan bien, el disfrute se multiplica por dos. Y así fue. Bublé es tan cantante como hábil canalla, en la mejor línea rat-packiana de los Ocean’s Eleven, y el Palacio de los Deportes de Madrid se convirtió en el auténtico club de la era del technicolor.

Con un repertorio ganador, con una maestría vocal sin fisuras, con una banda sencillamente es-pec-ta-cu-lar, con un diseño escénico más es-pec-ta-cu-lar aún, con un Bublé tan bien entrenado en lo expresivo y en lo verbal, con un público entregado con tanta energía y con semejante buen rollo perfumando el ambiente, el éxito estaba más que asegurado.

Bublé sabe bañarse en el público, sabe tirar anzuelos, sabe emocionar y, sobre todo, sabe cantar. Es la prueba viviente de que los rangos vocales medios y sus colores también pueden emocionar. Y de eso se trata, ni más ni menos.

Crazy Love Tour en Qué.

Crazy Love Tour en El Mundo.

El último romántico español

Cuando alguien te habla apasionadamente sobre La sombra del viento y le preguntás el porqué de semejante pasión, la mayoría no es capaz de explicarlo. Parecen no saber traducir en palabras algo en lo que todos deberíamos aprender a ser expertos con la práctica de los años: expresar sus emociones.

Mi amigo Carlos es el último de los grandes románticos españoles. Pero romántico en el sentido literario, en el del roman francés; romántico en el sentido de novelesco. Lo más probable es que, a estas alturas, lo que les ocurre a todos los que no saben explicar la fascinación que Zafón ejerce sobre sus emociones es que, un siglo y medio después, de las culturas de sus vidas ha sido borrada la definición genérica de folletín de intriga, término que una vez sirvió para identificar una forma de hacer literatura que, aunque parezca hoy olvidada, es la base de la cultura de la ficción moderna y no sólo en lo literario. Un mero factor coyuntural, la publicación de largas novelas por capítulos necesariamente seccionada por la morfología industrial del momento, terminó convirtiéndose en un elemento estilístico en la forma del cliffhanger o gancho de suspense (continuará…) al final de cada capítulo que, gracias al efecto Zeigarnik de terminación y a otros factores tanto creativos como colaterales, fidelizaba de un capítulo al siguiente millones de lectores que terminaban enganchados a una historia que leían durante meses sin saber por qué…

El folletín de intriga o, más bien, su estructura y sus rasgos estilísticos y psicológicos, es uno de los ingredientes de la receta magistral de la artematopeya. La habilidad de emplear el lenguaje para estimular los canales sensoriales del que lee o del que escucha es la clave secreta de la comunicación emocional, de la comunicación supraconsciente, de la química interpersonal, del rapport. El establishment y la sabihonda modernidad, siempre tan hipercorrectos y siempre tan by the canon, se han ocupado de desacreditar al folletín y a sus autores con todas sus fuerzas. En una España más papista que el pápa, la endogámica y megalómana industria de la literatura ha decidido que lo popular, con el significado de masivo y emocional, tiene poca clase y nos condena a leer textos asimilados a su criterio de lo correcto y de lo adecuado que parecen más enciclopedias sobre el aburrimiento y la imbecilidad que simple y llana literatura para leer y para disfrutar.

El pudor de clase que infecta a la sociedad española es tan enfermizo que ha terminado por bloquear algo tan personal y tan íntimo como las emociones de cada uno. Hay que despreciar el folletín a pesar de que autores como Alejandro Dumas padre, Wilkie Collins, el propio Benito Pérez Galdós, Ken Follet, Pérez Reverte en sus inicios o hasta el mismísimo Carlos Ruiz Zafón son admirables creadores y bastiones de un otro mundo que es muy real y que convive casi a escondidas con imbéciles cabezones de cerebros cuadrados que lideran la matrix

Este fin de semana han caído en mis manos, por casualidad, dos de las obras de Zafón previas a su éxito mundial con La sombra del viento. Entre sábado y domingo, he saboreado sus El palacio de medianoche y Marina, dos narraciones con intención de narrativa juvenil pero que para el lector adulto son, probablemente, un tesoro mucho más apreciable por lo que implica el teletransporte emocional a la adolescencia y el descubrimiento de la propia artematopeya zafoniana en las pistas que se pueden encontrar a lo largo y ancho de su lenguaje y de su construcción narrativa. Ambas novelas son subyugantes y son prueba irrefutable de que la artematopeya existe y de que hay una otra realidad invisible a los ojos del que no sabe  mirar y cuyos mágicos portales de acceso están ahí, detrás de cualquier esquina, escondidos en la penumbra.

Después de tres novelas disfrazadas de literatura juvenil, Carlos decidió dejarse de etiquetas y saltar a los anaqueles como autor convencional con La sombra del viento. La crítica literaria española, imbécil como pocas y cuyos comentarios suelen ser tan estúpidamente pretenciosos como inútilmente canónicos, le recomendó que se dejara de tonterías, que no fuera tan ambicioso, que dejara de molestar y que volviera a los rediles de la barata fantasía juvenil.

Hoy día, mi amigo Carlos, con el que me une no sólo la medalla publicitaria sino también la creativa y la literaria, es uno de los autores españoles más leídos en todo el mundo. Carlos eligió desconectarse de la matrix, desobedecer al sistema, y es la prueba viviente de que el que quiere, consigue lo que quiere. Y yo me alegro y le doy la bienvenida al Planeta Artematopeya.

Fotografía macronanista

Ampliar la óptica para descubrir las otras realidades, las invisibles. Ese es el prisma a través del cual mi tocayo y también amigo Nacho Gutiérrez-Bolivar cataliza su fotografía: un lenguaje con vocación de inconsciente que invita a darse cuenta, a observar desde el otro lado.

¿Por qué me recuerda tanto a la creación literaria de John Crowley? Es igual de fascinante…

Y, además, ha tenido el detalle de inaugurar su exposición Origen desconocido el próximo 29 de abril para que coincida con mi cumpleaños. Será a las 20:00 en Batavia (Serrano Anguita, 4).

No te lo pierdas.

Algo que contar

Gustavo Greciano es un artista fotográfico de mirada incisiva. La fotografía es una expresión artística, un lenguaje narrativo sin corsés y sin andamios a los que sujetarse, y Gustavo habla su propio dialecto con soltura. Sabe mirar y, por eso, sus fotografías siempre tienen algo que contar. Algo vivo…

En la observación estática de la realidad,
enfocando el movimiento,
las emociones,
las pasiones,
las sensaciones físicas,
la dualidad humana,
las caras ocultas,
los detalles condenados a ser invisibles…
Fotografío para hipnotizar la mirada de quien me mira

Bajo las bóvedas de su galería subterránea (en The photo vault and gallery) está la puerta hacia el otro lado de la mirada…

La prueba del guisante

Este video recoge una reconstrucción digital de todo lo que se conoce en la cultura humana sobre el universo y basado en datos y telemetrías del Sloan Digital Sky Survey. Debido a la posición geográfica en la que se encuentra ubicado el telescopio de dos metros y medio del Apache Point Observatory, en Nuevo México, existen zonas oscuras (áreas del universo con las que el telescopio no puedez alinear ningún vector). Por eso, la distribución de las galaxias observadas tiene la forma de dos conos unidos por la punta (el punto de unión es la Tierra) y el resto aparece en negro. En total, el trabajo comprende casi un millón de galaxias y más de 120.000 quasares. El viaje, que comienza en el Himalaya, termina en el límite mismo de lo que podemos observar con los instrumentos más potentes de los que  disponemos, los ecos del Big Bang a 13.700 millones de años luz de distancia.

Un trabajo espectacular que demuestra que la matemática es una expresión de los órdenes de la Naturaleza que puede ser traducida a otros sistemas representacionales. Y, en este caso, a pesar de la asepsia de los números, además las imágenes activan emociones.

El balcón en las naves del Español

No podría encontrar El balcón de Jean Genet mejor cobijo que las naves del Teatro Español en el Matadero de La Arganzuela. Un espacio desabrido, sórdido y desnudo reciclado, con matrícula de honor, en un espacio para el arte con acertado sentido de la estética y de la emoción.

Que El Balcón en versión de Ángel Facio es un gran espectáculo no hay quien lo discuta. La reingeniería sobre el texto original, el aparato escenográfico y también el exo-escénico, como viene siendo ya costumbre en El matadero, y el elenco conforman, en conjunto, un paquete excelente. El empeño de Yolanda Ulloa por construir un personaje tan imbécilmente mesiánico como esa madame Irma es de agradecer. Es una excelente actriz con una dicción y una maestría expresiva que justifica, por sí sola, 22 euros de entrada y ciento cincuenta minutos de tu vida.

Pero por mucho Premio Nacional de Literatura que distinga a Genet, la sustancia de este autor tan emburruñado con sus propias coordenadas temporales, geográficas y vitales está apalancada tan entonces, tan allí y de tamaña manera que dudo de que, tras haber superado su etapa natural de puta vida, deba volver a salir de su refugio, ójala ya eterno y a oscuras en los rincones de escuelas de teatro y facultades de humanidades.

La lucha de clases, los poderes del estado, los repetitivos y cansadores a las barricadas, la doble moral de las sociedades aún más hipócritas y esquizofrénicas que las modernas… Genet pertenece a su tiempo y sólo a su tiempo y allí tendría que quedarse para siempre. El mundo, el espíritu y los códigos de Genet se rebozan en el más absoluto de los feismos y hoy vivimos en siglo XXI. Ya es hora de superar el aburrido lastre de la república, de la malversación política, de las guerras civiles y sociales y de la puta madre que los parió a todos.

No existe benchmarck alguno, aunque se invente, que pueda servir para etiquetar a un buen o mal autor. El arte es subjetivo y no pasa absolutamente nada por decir, por mucho que Witold Gombrowicz no lo crea así, que, en mi opinión, el paquete Jean Genet + su obra es una espesa y maloliente mierda: antigua, rancia y por-favor-ya-está-bien absolutamente olvidable.

Hay que empezar a superar, y también en el teatro, etapas cuyas puertas deberían quedar cerradas con llave antes de sepultar para siempre la llave en el fondo del océano.

Daniel Sánchez Arévalo, de profesión: escritor

Tres películas (Azul oscuro casi negro, Gordos y esta El mal ajeno) y un musical (Enamorados anónimos) facturado en equipo han bastado para terminar de confirmarlo: mi amigo Dani es, de profesión, escritor. Que no es poco. Se le estaba viendo venir y con Gordos lo dejó más que visto para sentencia. Entre Daniel Sánchez Arévalo y su máquina de escribir existe una gran historia de amor.

Hay quien, equivocadamente, sobrevolará El mal ajeno desde la estratosfera, dejándose guiar sólo por las señales de los satélites e incapaz de ver más que los nubarrones. Y esas nubes no son otras que Belén Rueda y Eduardo Noriega además del propio Luis San Narciso y de Alejandro Amenábar en los créditos, por supuesto. Una lástima que Telecinco, de nuevo en su versión cinema y después de esa barata imbecilidad para ignorantes y plebeyos pagadores que es Agorabar, vuelva a destrozar una gran historia soberbiamente escrita y también vergonzosamente desaprovechada gracias a una dirección mediocre, a una realización justita para el aprobado y a un innecesario exceso de aparato comercial y de amigos famosos en la agenda. El Himenóptero de Alejandro Amenabar produce junto con Telecinco Cinema. Su Eduardo Noriega de Tesis y Abre los ojos protagoniza junto a una Belén Rueda recuperada del fondo marino. Del fondo del mar llega también Óskar Santos, voluntarioso responsable del making off de Mar adentro y realizador de libro con poco, por no decir nulo, sello personal.

El mal ajeno es una sencilla y delicada historia mundana, íntima y costumbrista con un toque de introspección y otro de espiritualidad pero sin dramas ni escándalos emocionales. Un material que sobrepasa con creces las capacidades de muchos actores de grandes carteles pero también de pequeños registros. Y este Noriega sigue siendo el mismo aspirante de Tesis cuya expresión facial, gracias a una más que una oportuna barba, se libra esta vez de quedar con el culo al aire. Belén Rueda, aunque se lo haya terminado creyendo de tanto contarlo de entrevista en entrevista, no ha visto jamás a un alcohólico de verdad y, si lo ha visto, debería replantearse definitivamente su carrera como actriz. Ninguno de los dos es capaz de transformarse. Sus personajes no tienen vida; están vacíos y muertos. Y no es un recurso expresivo ni un recurso narrativo ni un recurso de dirección. Es, sencillamente, que no dan para más.

Son los actores secundarios, junto con el lápiz del escritor, los que consiguen que la película siga respirando de este guión con tanto oxígeno. Cristina Plazas asume la responsabilidad, con su excelente y discreto trabajo verdadero, de mantener vivo el latido de la historia. Clara Lago y Marcel Borrás, con una extraordinaria dosis de intuición, acompañan con frescura y con habilidad la resolución de una historia en la que sus personajes importan más de lo que el montaje les ha permitido importar. Angie Cepeda, siempre correcta y eficaz, es de nuevo correcta y eficaz aunque ya va siendo hora de que muestre que es capaz de hacer alguna otra cosa. Carlos Leal ha desaprovechado la oportunidad de mostrar algo más que su alargada cabeza despeinada aunque en el conjunto no desentona; la sombra de Noiret es alargada…

Un auténtico desperdicio que un guión afortunado, oportuno y repleto de personajes vivos y únicos haya terminado convertido en una TV-movie de presupuesto asequible (seguro que, como siempre, a costa de los salarios de algunos) y con denominación de origen para la pantalla grande. Porque debajo de esas nubes hay una historia maravillosa, tan bien creada y tan bien escrita que, en manos de un director con talento y con un elenco de auténtica calidad, se hubiera convertido en una grandísima película sin necesidad de amenábares, de noriegas o de belenesruedas.

Las viudas de los jueves

Para gustos, los colores. Y Marcelo Pineyro no es mi color favorito. No ha hecho nada que merezca pena alguna desde Cenizas del paraíso. Y justificar el aburrido color gris de su lenguaje tirando de la excusa de la supra-segmentalidad es un recurso demasiado zafio hasta para un director capaz de avergonzar al ingenio y a la creatividad argentina. El éxito de Las viudas de los jueves en Argentina es fácilmente entendido a partir del escándalo social y económico tan estúpida, impune y provechosamente legislado por las pistolas de los Ki(r)schner. Pero el fresco cinematográfico sobre la desocupada vida de los countries argentinos no debería sorprender a nadie a estas alturas del sistema. Puede que, como letra de relato, las viudas sea un gran material. Qué opine quien lo haya leído. Pero, como película, no es más que una ensalada de oportunismos, interpretaciones desintegradas y un director muy aburrido y sin el don de contar por no hablar del de dirigir. Las viudas son dos espesas e interminables horas demasiado correctamente realizadas y repletas de argentinidad tópica y superficial que cansa tanto como el insistente cine español sobre la guerra civil.

Para ser una película de estrellas, la cosa no mejora demasiado en cuanto a cartel. Sin ninguna duda, ganan las chicas por goleada. Gloria Carra sigue siendo tan personal y efectiva como repetitiva en sus registros. Lástima. Ana Celentano, la mejor Andie MacDowell argentina de todos los tiempos, y Gabriela Toscano, a la que he descubierto en las viudas, son lo mejor del elenco junto a Leonardo Sbaraglia, brillante como casi siempre y con un ángel personal que consigue mantener intacto también en el cine internacional, para su fortuna.

Exactamente lo contrario es lo que le ocurre al supuesto estrellón de la cinta, ese actor argentino que nunca llegará a ser más que ese actor argentino. Pablo Echarri es un actor escasamente dotado, de sensorialidad desagradable, de habilidad expresiva pobre pobrísima y con la misma empatía que una olla exprés que hace muy bien en seguir optando por triunfar en Argentina en lugar de marcharse para fracasar en cualquier otro lugar del mundo.

Por cierto, ¿por qué Echarri se parece cada vez más a nuestro Imanol Arias? En lo físico, quiero decir. ¿Estará preparándose para un eventual Cuéntame bonaerense?.

Ernesto Alterio y Juan Diego Botto, argentinos de nacimiento y familia pero con carné de identidad español, aportan con su trabajo exactamente nada. Cero. Zzzzzzzz. Artificio y oficio invisible.  ¿Estarán mal dirigidos, acaso? ¿Por qué no mueven un bigote ni siquiera para intentar que su acento suene al menos un poquitico argentino en lugar de parecer dos aburridas setas noruegas que pasaban por allí?.

El papel de la nietísima Juanita “Mirtha Legrand” Viale, rebautizada como Juana Viale para la ocasión y para evitar suspicacias absolutamente justificadas, es discreto tanto en calidad como en minutos de pantalla. Enseña muy bien el culo y da gusto observarla pero, de habilidades, no va tan sobrada como de tetas.

Otra decepcionante piñeyrada, estas viudas. Con lo que hubieran podido dar de sí, un desperdicio.

El bullet time no tiene precio

Una escena de CSI de 2 minutos de duración que llevó 6 semanas de trabajo y costó, al parecer, unos 400.000 dólares. El presupuesto medio de un capítulo de El internado (70 minutos) es de unos 600.000 euros.

¿Y qué me dices del spot de Philips Carousel…?

Un soft reset sobre Artematopeya

Fondo3

Este sitio, NO ESPERES A QUE SUCEDA, es un espacio muy personal. Pero eso sólo lo saben aquellos que nos leen. Así que voy a dedicar el artículo de hoy a hacer un soft-reset sobre Artematopeya para que los que pasen por aquí a partir de hoy y quieran quedarse con nosotros.

Artematopeya es una palabra completamente inventada que define no solo un estado de ánimo y una actitud, sino también un compromiso con la comunicación, con la creación, con la formación, con el arte y con la vida basado en las tan clandestinas emociones. Por eso, en todo lo que hacemos hay siempre artematopeya, ya sea comunicar, escribir, actuar, cantar, dirigir, formar, crear, diseñar… En este sitio, NO ESPERES A QUE SUCEDA, yo vuelco mi artematopeya personal y por eso a veces hablo de música o de teatro, ya sea el que dirijo yo o el de otros, o de comunicación y crecimiento personal o de programación neurolingüística o de persuasión o de lenguage o de nuestro trabajo en coaching y formación o de mis anécdotas de vida o de lo que escribo o de lo que sea. Pero siempre sin editar, tal y como sale, sin buscar la corrección y dejando trabajar al inconsciente para todo sea real, verdadero, honesto, contundente y totalmente limpio. Sin adulterar. Artematopeya pura.

Artematopeya es, además, la marca que utilizamos en nuestra empresa pequeña en tamaño pero gigante en poder creativo y emocional. Y así nos va. Creciendo sin parar y disfrutando el paisaje durante el camino.

Este sitio es muchas veces cítrico, ácido y punzante. Otras, amable, cálido y contenido. Pero siempre sincero. Te invito, si eres de los nuevos, a que visites el Planeta Artematopeya y a que te quedes a vivir aquí. Cada vez somos más…

Sube a la colina, hermano

Solsbury Hill
Peter Gabriel, Car (1977)

Climbing up on Solsbury Hill
I could see the city light
Wind was blowing, time stood still
Eagle flew out of the night
He was something to observe
Came in close, I heard a voice
Standing stretching every nerve
Had to listen had no choice
I did not believe the information

I just had to trust imagination
My heart going boom boom boom
“Son,” he said “Grab your things,
I’ve come to take you home.”

To keep in silence I resigned
My friends would think I was a nut
Turning water into wine
Open doors would soon be shut
So I went from day to day
Tho’ my life was in a rut
Till I thought of what I’d say
Which connection I should cut
I was feeling part of the scenery
I walked right out of the machinery
My heart going boom boom boom
“Hey” he said “Grab your things
I’ve come to take you home.”
(Back home.)

When illusion spin her net
I’m never where I want to be
And liberty she pirouette
When I think that I am free
Watched by empty silhouettes
Who close their eyes but still can see
No one taught them etiquette
I will show another me
Today I don’t need a replacement
I’ll tell them what the smile on my face meant
My heart going boom boom boom
“Hey” I said “You can keep my things,
They’ve come to take me home.”

Héroes de pulpa de papel

La ficción de pulpa de papel o pulp fiction, que comparte etiqueta con el título (y solo con el título) de la película de Tarantino, es un producto que ha trascendido a su propia naturaleza de entretenimiento barato de consumo rápido para terminar convirtiéndose, con el tiempo, en el heredero literario, dignificado y de equivalente calidad a la de cualquier otra literatura mainstream, del folletín diecinuevesco. El Rocambole de Terrail, semilla de la transición definitiva entre la novela gótica y el moderno héroe de ficción, fue padre directo de Los tres Mosqueteros, de El Tulipán Negro, de Phantomas, de Arsenio Lupin y hasta del Aguila Roja que produce Globomedia para Televisión Española en 2010 y en cuyo universo, por cierto, puedes participar gracias a este juego online masivo que ya está disponible en internet. Es la vertiente no sobrenatural del folletín de intriga clásico, basada en rocambolescas tramas de aventuras, pasiones, emociones, secretos y misterios excitantes y adictivos en la piel de valientes y carismáticos personajes más grandes que la vida. Toda una lección de creación literaria persuasiva y motivacional que bien merece tardes enteras planchado en un sofá sin dejar de pasar páginas. No hace falta ni mencionar a Julio Verne, a Maurice Leblanc o a Wilkie Collins como magnífica muestra de lo que la literatura pulp puede ser capaz de producir.

Con la industrialización y la popularización de la tecnología, la tremebunda crisis económica y las descorazonadoras grandes guerras mundiales del siglo XX, el género tuvo que hacer un esfuerzo y reinventarse para multiplicar su efecto adrenalina y poder ofrecer algo más que permitiera desconectar de una realidad demasiado dura y complicada para las pisoteadas y obreras clases inferiores. Había que encontrar una vía de escape efectiva e hipnótica. Y de ahí nació la vertiente sobrenatural y tecnológica del pulp, héroes cotidianos con una vida secreta basada en inimaginables y envidiables superpoderes, en ingenios tecnológicos que les permitían volar o viajar en el tiempo y en un hermetismo remodelado a partir de las tradiciones del romanticismo literario. Aventuras, tecnología, antinazismo, orientalismo y superpoderes como los de Flash Gordón, The Shadow, Conan, Buck Rogers, Solomon Kane, The Rocket Doc Savage publicados semanalmente en papel de pulpa barato, con los cantos sin guillotinar y con unas coloridísimas y surrealistas portadas de auténtico perfil pop(ular), por no decir kitsch.

Después llegarían los superhéroes convencionales (Batman, Superman, Spiderman, La Patrulla X, Los Vengadores…), igual de pulp en cuanto a género pero esta vez en clave de comic (continuará… en otro artículo)

Los años 80 y la revolución cultural que anticipaba el cambio de siglo han visto renacer el interés por la ficción de pulpa y autores como Alan Moore, con su Liga de los Hombres Extrarodinarios, han devuelto al público la pasión y la excitación por un género apoyado íntegramente en las emociones, en la evocación y en la estimulación que provoca lo desconocido, lo fantástico y la aventura. En este caso, dentro del subgénero de la ficción victoriana del XIX y del XX. Ilustrada por Kevin O’Neill, esta liga reúne en el mismo espacio y tiempo a Wilhelmina Murray (protagonista femenina del Drácula de Bram Stoker), Allan Quatermain, Capitán Nemo, Jekyll (junto, obviamente, a Hyde) y al Hombre Invisible para defender a la corona británica de las amenazas de Fu Manchú, de Moriarty y hasta de los marcianos de La guerra de los mundos de Orwell. Este tipo de refritos, que recicla con absoluta pericia tanto personajes como narración y tramas y que añade como aportación moderna el descaro del sexo explícito o de la embriaguez sin tapujos, es una más que digna recreación del pulp. Es una segunda reinvención sin complejos y ésta es la actitud más adecuada para acercarse a un género que no ha hecho más que replicar  los deseos y las emociones más profundas que se esconden en el interior de cada ser humano.

Un género auténticamente maravilloso, el del folletín y la ficción de pulpa, que mereces disfrutar como lo que es: un divertimento fantástico sin pretensiones a pesar de que las merecería por derecho. Aventura, diversión y emociones. Que sí, que también son pulp James Bond, Indiana Jones, Star Wars y hasta el olvidadizo de Bourne

A mis amigos de Evil Hat Productions, además del juego, les encanta el pulp. Y no se han limitado a diseñar uno de los juegos más aclamados, premiados y divertidos de los últimos años (Spirit of the Century y su complemento, Spirit of the Season) con temática pulp sino que han pensado que tanta diversión sólo tiene sentido si se comparte, así que se han acogido a la Open Game License de Wizards of the Coast y han liberado el contenido completo de Spirit of the Century a través de este enlace.

Pero como es una delicia leer la versión maquetada, aunque no tengas ninguna intención de jugarlo te recomiendo que te descargues el pdf y lo imprimas (o lo cargues en tu e-book) para disfrutar, de primera mano, de todos los mecanismos y las convenciones del género. Puede que hasta te animes a crear algún personaje, a pintarrajear algún boceto, a pensar en algún argumento…

Hablando de John Crowley

Como quiera que sea, todo esto aconteció hace mucho, mucho tiempo: el mundo, ahora lo sabemos, es como es y no de otra manera; si hubo alguna vez un tiempo en el que existieron pasillos y puertas, y fronteras abiertas y encrucijadas numerosas, ese tiempo no es el ahora. El mundo se ha vuelto más viejo. Ni siquiera el clima es hoy como el que recordamos de otras épocas: nunca en los nuevos tiempos hay un día de estío como los que rememoramos, nunca nubes tan blancas, nunca hierbas tan fragantes ni sombra tan frondosa y tan llena de promesas como recordamos que pueden estarlo, como lo fueron en aquellos tiempos. (John Crowley, Pequeño Grande)

Si mi amigo John Crowley escribiera el manual de instrucciones de una plancha o la etiqueta de una marca de mayonesa, merecería la pena leerlo. John tiene hoy 68 años, enseña escritura creativa en Yale  (john.crowley@yale.edu) y no es un escritor lo suficientemente popular. Su talento y su genialidad son abrumadores. Su capacidad creativa ha enriquecido la literatura en general y la ciencia-ficción (por utilizar una etiqueta) en particular con un componente rabiosamente culto y revolucionario sin abandonar ni la mesura ni la contención ni la maestría en el uso del lenguaje ni la inteligencia. John es uno de esos escritores cuya calidad y artematopeya están destinadas a ser degustadas sólo por una afortunada minoría precisamente porque no admiten etiquetas. Y punto. Generalmente, John aparece en las secciones de ciencia ficción, género del que yo, en particular, soy orgulloso degustador. Pero es que su obra pertenece al género único de la literatura absolutamente imperdible y maravillosa de la historia de la humanidad. John escribe de acuerdo a su propio canon y no pierde un segundo de su tiempo en jugar al juego de la clasificación comercial. Él se limita a escribir. Y de qué manera. Heredero del romanticismo literario y de la complejidad renacentista, su obra es una combinación de aventura, de relato, de lo sobrenatural, de lo hermético, de la magia, de la alquimia, de lo que el denomina la historia secreta o el lado secreto de la vida oculto a los ojos del que no sabe verlo. Y también de las emociones, de los sentimientos y del humor.

Si tuviera que elegir sólo un texto de entre toda la obra de John, simplemente tendría que renunciar a ello porque no podría. Little, big or the Fairies’ parliament (Pequeño, grande o El parlamento de las hadas, 1981) es una creación preciosa, completa, compleja, redonda y perfecta en la que no sobra una sola palabra. Una obra maravillosa que debería hacerle acreedor de un premio Nobel si acaso el Nobel es el sumum del arte de la literatura. Artematopeya pura. Great work of time (Magna obra de tiempo, 1989) es una novelita de unas 100 páginas sobre el viaje en el tiempo tan bien creada, tan bien imaginada, tan bien desplegada y tan repleta de genialidad que duele intentar imaginar cómo se puede ser capaz de encajar tanta sociedad, tanta cultura, tanto conocimiento, tanto arte y tantas emociones en tan poco espacio. En otras manos, podría haber terminado siendo un galimatías. En las manos de John, es una obra maestra. The translator (Traduciendo el cielo, 2002) es el magistral relato de la historia de amor mejor escrita jamás en un escenario ficticio lleno de ambiguedades, misterios y política-ficción y literariamente soberbia. Engine summer (1979) es una muestra de cómo se puede pintar un cuadro empleando palabras. No se me ocurre de qué otro modo puedo describir esta obra maestra. Tengo pendiente de lectura Aegypt (Egipto), una gigantesca narración que medita sobre la búsqueda del conocimiento para intentar al menos arañar el concepto de la interrelación entre todas las cosas. Ha sido publicada en cuatro partes (Aegypt -1987, Love and sleep -1994, Daemonomanía -2000 y Endless things-2007) pero no puedo confirmar, al igual que con Engine summer, que esté publicada en castellano.

Me estoy quedando sin uñas esperando que llegue mi último Amazon con Four freedoms (Cuatro libertades, 2009).

Si puedes, lée a John en inglés. Sino, léelo en castellano. Pero léelo. Una vez que encuentres el camino secreto que lleva hasta su artematopeya, serás incapaz de escapar de ella. Porque toda descripción, toda reseña, es incapaz de ser ni adecuada ni suficiente.

Respira

Breathe
Erasure, Nightbird (2005)

Twenty-seven times I paint the city in lights
Now I changed my mind
I was living fast now I’m running on empty
And I feel yeh I feel
You’re gonna go, let me go

Breathe, and I breathe
It’s bitter without you I can’t live without you
And I’m in love with you

Stood the test of time
Though I treated you rough you were always kind
I let my head rule my heart now I’m feeling so lonely
And I feel it’s the deal
You’re letting me go gonna go

Breathe and I breathe
Hollow without you I can’t live without you
And I’m in love with you

Breathe I believe
Empty without you I can’t live without you
And I’m in love with you

Breathe, and I breathe
It’s bitter without you I can’t live without you
And I’m in love with you

Breathe I believe
Empty without you I can’t live without you
And I’m in love with you

Breathe I believe
I can’t live without you I can’t live with you
And I’m in love with you

El argonauta en Madrid, música para leer

En Blasco de Garay 47 (Madrid) está El argonauta, el punto de encuentro entre libros y música más artematopéyico de la capital. Libros sobre música (cualquier género, cualquier idioma, cualquier temática relacionada con la música, intensa y sabrosa charla con César o con Jesús o con quien pase por allí, música en pequeño directo, un café, una ojeada de un par de minutos o de un par de horas. Eso es El argonauta, la librería de los que aman la música para los que aman la música.

Una buena costumbre: darse una vuelta cada 10 ó 15 días para ver qué hay de nuevo.

Diario LW

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