Arrugando la nariz

Cada vez se hace más excepcional lo de encontrar repertorio clásico en la cartelera. Con clásico no quiero decir, precisamente, cosas como Sé infiel y no mirés con quién, por ejemplo. Me refiero, más bien, al repertorio premium: literario, dramático, con papeles para actores verdaderamente superdotados y topics de esos de los de más grande que la vida. Tennessee Williams, Arthur Miller, Eugene O’Neill o, de rebote, Steinbeck, por mencionar sólo a algunos. Por eso, cuando gotea alguna obra maestra en el moribundo y árido oasis del teatro español resucito mis ganas y lo vuelvo a intentar. Después de haber vivido cinco años entre teatro y literatura, he terminado por aceptar que, en España, el teatro no tiene nada que ver con el auténtico arte y que nuestro ombligo debería estar aún más enrojecido de tanto sentirse observado. Salvo escasísimas excepciones, el mercadillo, por no decir tanatorio, de la escena española es una filial del Imserso y se produce según el estándar señora jubilada de abrigo de piel y pelo redondo, de esas que siempre se parten inexplicablemente el pecho en el momento más íntimo y rompen sin pudor la magia que el lenguaje, la literatura y el cerebro de los buenos autores es capaz de crear. Vamos, que vale cualquier cosa. Así nos luce el pelo.

Por si no había sido bastante ver cómo la vedette pero empresaria Concha Velasco o la limitada, a pesar de sus premios –¿tendrá algo que ver su parentesco matrimonial con Mario Gas?-, y omnipresente para mi disgusto Vicky Peña (a Ana Marzoa, a estas alturas, prefiero saltármela directamente) han perpetrado en España a las protagonistas de La rosa tatuada y de Un tranvía llamado Deseo, echando a perder esas pocas oportunidades en las que se puede elegir teatro gourmet en lugar de fritangas de segunda, adaptaciones de saldo para jubilados (y no miro a nadie, La-extraña-pareja…), onanismo psicótico a-la Animalario travestido de pretenciosa modernidad o montajes independientes que suelen provocar más risa que reflexión, los pobres… Por si no había sido bastante, digo, ya podemos ostentar también el honor de haber destrozado De ratones y hombres, otra obra maestra en sus dos versiones (novela y teatralización por su propio autor) que acaba de arrancar en el Español y que, si nadie lo impide, terminará erigiéndose en otra premiada boñiga al estilo de Días de vino y rosas, una delicatessen que Tamzin Townsend, la directora más bostezante del mercado español por muy experta en Shakespeare que se crea, ya se encargó de convertir en un lamentable aborto hace un par de temporadas.

No voy a arañar ninguna piel para no hacer demasiada sangre pero, a excepción de Eduardo Moreno, Juanjo Llorens y Arnau Vilá, responsables -respectivamente- de escenografía, iluminación y espacio sonoro que entregan un trabajo no sólo afinado sino también emocionante, el grueso del equipo artístico sólo ensucia lo que toca. La adaptación de Juan Caño y Miguel del Arco es tan vulgar que lo único que denota es que han optado por una indumentaria varias tallas más grande de lo recomendado para su tamaño. Aunque para Miguel del Arco el pecado es doble porque, además, es el responsable de una de las peores direcciones de actores que se han visto jamás en los escenarios españoles, con permiso –obviamente– de José Carlos Plaza, al que debemos la abominación de haber empujado a Fran Perea a un escenario para ensuciar Fedra, entre otros atracos. Y no voy a decir más.

Entre el elenco, al que prefiero absolver si elijo pensar que se han limitado a seguir las instrucciones del jefe, destaca Roberto del Álamo. Y lo hace porque su trabajo es, sencillamente, irritante, pobre y absurdo. Por si no fuera suficiente, parece que nadie le ha dicho que un actor de verdad sale a saludar habiendo abandonado el espacio del personaje. Cuando no lo hace, probablemente, o sigue oculto tras la careta para no mostrar su vergüenza por un trabajo deficiente o es un soberbio rebosado de ego.

No hay piedad, ni ha de haberla, con los profesionales de la interpretación: cuando sigo escuchando cómo demasiados actores -algunos de ellos todavía amigos… creo-, desde la autocomplacencia más cortesana, pretenden que el aplauso y el reconocimiento sea un derecho adquirido -hay que reconocer el trabajo: ahí hay mucho trabajo, mucho esfuerzo…- y no una retribución añadida, ganada a golpe de emociones por un trabajo con valor añadido que ha recorrido the extra mile, termino por confirmar mi odiada pero lamentablemente cierta percepción de que, en España, la mediocridad y la imbecilidad (por supuesto, no peyorativa: más bien, me refiero a la idiocia, a la escasez, a la brevedad de sesera…) son dos males endémicos para los que no existe medicina. Estamos condenados a ser un país de varietés, al menos en lo teatral.

¿Por qué los actores españoles son, mayoritariamente, analfabetos artísticos sin cultura ni literaria ni teatral? ¿Por qué no es obligatoria una licenciatura en humanidades para poder ejercer con autoridad y con sustancia como legítimo actor?

Cuanto daño han infringido las cristinas rotas, los williams laytons y los corazzas a las rentables huestes de intérpretes aspirantes. ¿De qué sirve entrenar la careta, cuando los cerebros son puestos en la calle completamente desnudos y vacíos aunque, eso sí, habiendo trabajado mucho la verdad, el método y tantos otros zarajos en vinagre…?

Al cuerno. Esta vez sí han conseguido hacer que me enoje. Me doy de baja en la Unión de Actores, aunque los actores de doblaje (profesión de la que ya soy apóstata experimentado) no demos el mismo cante. Es cuestión de vergüenza ajena.

Anuncios

Acerca de Artematopeya

Artematopeya

Publicado el 18 abril, 2012 en Artematopeya, Cine, teatro, literatura y arte, Nacho A. Llorente, Talento, arte y creatividad. Añade a favoritos el enlace permanente. 1 comentario.

  1. Maria Angeles Martinez Riquelme

    No he visto las versiones españolas: como ya he comentado en otras ocasiones, no tengo por costumbre ver cine español; Supongo que no soy muy de “barrer para casa” en temas de cine, telefilmes o teleseries, … Cuando era más joven y pensaba que tenía tiempo “que perder” en descubrir el cine español recuerdo que ¡hasta iba al cine! gastándome mi escaso capital, y de aquella época recuerdo películas que me gustaron y me dejaron buen recuerdo: La Comunidad, de Alex de la Iglesia, Mujeres al borde …. de Almodovar, ….(me gustaba mucho Carmen Maura), … algo mas tarde alguna de Candela Peña, con esa frescura y naturalidad…
    Ahora no arriesgo, por lo que agradezco estos comentarios, y me quedaré con el agradable recuerdo de John Malkovich, Jack Lemmon y Lee Remick.

    Ah! se me olvidaba, es verdad que no puedo comparar mucho, pero a mi particularmente me gusta mucho el doblaje que se hace en España.

    Gracias

Gracias por dejar un comentario:

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Diario LW

CORO GOSPEL LIVING WATER

lyriquediscorde

the home of all things music

Pepe Castro - photographer

Cada semana un retrato y mis impresiones sobre la sesión fotográfica

Artematopeya

Coaching - Training - Lenguaje - PNL - Creatividad - Talento - Estrategia

Luces y Sombras de las Marcas

Todas las novedades en Marketing, Social Media y Comunicación. Fátima Martínez

TheCoevas official blog

Strumentisti di Parole/Musicians of words

Dibuixa el teu Univers

Univers, de Microcosmos Teatre i Efímer

The Photo Vault and Gallery

by Gustavo Greciano

A %d blogueros les gusta esto: