Archivos Mensuales: abril 2012

Una breve reflexion

Sin ponernos emocionales sobre el asunto, toca mencionar el asunto Guardiola en este espacio. Porque cuando alguien como Pep se hace cargo de un grupo de personas, provoca el desarrollo optimo de sus habilidades y resultado como grupo y multiplica varias veces su ratio de exito, la pelicula se llama motivacion, trabajo en equipo y peak performance. Si yo fuera un centro de formacion y entrenamiento para el crecimiento y el exito, ya estaria tardando en ficharlo. Y a los payasos, mediocres y egocentricos, los dejaria para el circo, que es donde tienen que estar.

Disculpad la deficiente ortografia pero mi teclado no ofrece tildes ni egnes.

Hmmm…

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Pasaporte a Dublín

No. Esto no es Eurovisión ni estamos en 1970. Es, simplemente, que Artematopeya se marcha a Dublín hasta el próximo lunes. Nos vemos a la vuelta.

Arrugando la nariz

Cada vez se hace más excepcional lo de encontrar repertorio clásico en la cartelera. Con clásico no quiero decir, precisamente, cosas como Sé infiel y no mirés con quién, por ejemplo. Me refiero, más bien, al repertorio premium: literario, dramático, con papeles para actores verdaderamente superdotados y topics de esos de los de más grande que la vida. Tennessee Williams, Arthur Miller, Eugene O’Neill o, de rebote, Steinbeck, por mencionar sólo a algunos. Por eso, cuando gotea alguna obra maestra en el moribundo y árido oasis del teatro español resucito mis ganas y lo vuelvo a intentar. Después de haber vivido cinco años entre teatro y literatura, he terminado por aceptar que, en España, el teatro no tiene nada que ver con el auténtico arte y que nuestro ombligo debería estar aún más enrojecido de tanto sentirse observado. Salvo escasísimas excepciones, el mercadillo, por no decir tanatorio, de la escena española es una filial del Imserso y se produce según el estándar señora jubilada de abrigo de piel y pelo redondo, de esas que siempre se parten inexplicablemente el pecho en el momento más íntimo y rompen sin pudor la magia que el lenguaje, la literatura y el cerebro de los buenos autores es capaz de crear. Vamos, que vale cualquier cosa. Así nos luce el pelo.

Por si no había sido bastante ver cómo la vedette pero empresaria Concha Velasco o la limitada, a pesar de sus premios –¿tendrá algo que ver su parentesco matrimonial con Mario Gas?-, y omnipresente para mi disgusto Vicky Peña (a Ana Marzoa, a estas alturas, prefiero saltármela directamente) han perpetrado en España a las protagonistas de La rosa tatuada y de Un tranvía llamado Deseo, echando a perder esas pocas oportunidades en las que se puede elegir teatro gourmet en lugar de fritangas de segunda, adaptaciones de saldo para jubilados (y no miro a nadie, La-extraña-pareja…), onanismo psicótico a-la Animalario travestido de pretenciosa modernidad o montajes independientes que suelen provocar más risa que reflexión, los pobres… Por si no había sido bastante, digo, ya podemos ostentar también el honor de haber destrozado De ratones y hombres, otra obra maestra en sus dos versiones (novela y teatralización por su propio autor) que acaba de arrancar en el Español y que, si nadie lo impide, terminará erigiéndose en otra premiada boñiga al estilo de Días de vino y rosas, una delicatessen que Tamzin Townsend, la directora más bostezante del mercado español por muy experta en Shakespeare que se crea, ya se encargó de convertir en un lamentable aborto hace un par de temporadas.

No voy a arañar ninguna piel para no hacer demasiada sangre pero, a excepción de Eduardo Moreno, Juanjo Llorens y Arnau Vilá, responsables -respectivamente- de escenografía, iluminación y espacio sonoro que entregan un trabajo no sólo afinado sino también emocionante, el grueso del equipo artístico sólo ensucia lo que toca. La adaptación de Juan Caño y Miguel del Arco es tan vulgar que lo único que denota es que han optado por una indumentaria varias tallas más grande de lo recomendado para su tamaño. Aunque para Miguel del Arco el pecado es doble porque, además, es el responsable de una de las peores direcciones de actores que se han visto jamás en los escenarios españoles, con permiso –obviamente– de José Carlos Plaza, al que debemos la abominación de haber empujado a Fran Perea a un escenario para ensuciar Fedra, entre otros atracos. Y no voy a decir más.

Entre el elenco, al que prefiero absolver si elijo pensar que se han limitado a seguir las instrucciones del jefe, destaca Roberto del Álamo. Y lo hace porque su trabajo es, sencillamente, irritante, pobre y absurdo. Por si no fuera suficiente, parece que nadie le ha dicho que un actor de verdad sale a saludar habiendo abandonado el espacio del personaje. Cuando no lo hace, probablemente, o sigue oculto tras la careta para no mostrar su vergüenza por un trabajo deficiente o es un soberbio rebosado de ego.

No hay piedad, ni ha de haberla, con los profesionales de la interpretación: cuando sigo escuchando cómo demasiados actores -algunos de ellos todavía amigos… creo-, desde la autocomplacencia más cortesana, pretenden que el aplauso y el reconocimiento sea un derecho adquirido -hay que reconocer el trabajo: ahí hay mucho trabajo, mucho esfuerzo…- y no una retribución añadida, ganada a golpe de emociones por un trabajo con valor añadido que ha recorrido the extra mile, termino por confirmar mi odiada pero lamentablemente cierta percepción de que, en España, la mediocridad y la imbecilidad (por supuesto, no peyorativa: más bien, me refiero a la idiocia, a la escasez, a la brevedad de sesera…) son dos males endémicos para los que no existe medicina. Estamos condenados a ser un país de varietés, al menos en lo teatral.

¿Por qué los actores españoles son, mayoritariamente, analfabetos artísticos sin cultura ni literaria ni teatral? ¿Por qué no es obligatoria una licenciatura en humanidades para poder ejercer con autoridad y con sustancia como legítimo actor?

Cuanto daño han infringido las cristinas rotas, los williams laytons y los corazzas a las rentables huestes de intérpretes aspirantes. ¿De qué sirve entrenar la careta, cuando los cerebros son puestos en la calle completamente desnudos y vacíos aunque, eso sí, habiendo trabajado mucho la verdad, el método y tantos otros zarajos en vinagre…?

Al cuerno. Esta vez sí han conseguido hacer que me enoje. Me doy de baja en la Unión de Actores, aunque los actores de doblaje (profesión de la que ya soy apóstata experimentado) no demos el mismo cante. Es cuestión de vergüenza ajena.

En apoyo al lado femenino…

Artematopeya se une a otra iniciativa de comunicación social en torno a uno de los factores potenciales de mayor impacto emocional entre la mitad femenina de la sociedad: la salud mamaria. Y lo hacemos, como es ya sabido,  no sólo por la responsabilidad y el respeto con los que nos conectamos con los lados femeninos de la vida, auténticos motores de la creatividad, de la innovación, de la comunicación emocional y de la artes –las materias primas de nuestros talleres, seminarios y coloquios-; también, porque sabemos de buena tinta que los sistemas nerviosos de todas y cada una de las mujeres tienen mucho que decir sobre este asunto.

La realidad, como tal, no existe. Mejor aún: existe, pero no somos capaces de verla de forma objetiva. Nuestros sistemas de interacción con todo lo que nos rodea se ven sesgados porque los sentidos, que actúan como canales a través de los cuales recibimos datos sobre los que construímos nuestra representación personal y única de la realidad, están filtrados: filtrados por creencias, aprendizajes, ideas, mitos, rumores, virus mentales y prejuicios entre otras pátinas. Por eso sabemos que, aunque una circunstancia personal cualquiera no sea en sí más que un conjunto de configuraciones mecánicas determinadas, el paquete emocional asociado a cada circunstancia es un efecto no sobrevenido sino creado por nosotros mismos en los recovecos de nuestros sistemas nerviosos. Y, por ello, también sabemos que se puede manipular. Y, lo que es mejor: hacerlo en nuestro propio beneficio y para nuestro propio bienestar, al servicio de nuestros propios intereses y no a los de nadie más, individuo o grupo.

En román paladín: cuando alguien dice, por ejemplo, encontrarse en un estado determinado de frustración, miedo, angustia, depresión o malestar de cualquier grado, lo que ha ocurrido es que que ese alguien ha elegido asociar un paquete emocional de signo negativo a un circunstancia que, en sí, no significa nada. ¿Que pasaría si ese mismo alguien desarrollara, por el contrario, una estrategia emocional de signo positivo para transformar la semántica de, digamos, un trauma mamario para convertirlo en una palanca de gestión emocional positiva y de crecimiento personal inmune al concepto de circunstancia?

La integridad mamaria es, para las mujeres, un factor de identidad. En mi opinión, por una excesiva presión social asociada más a la imaginería visual de esta civilización infectada de vanidad visual que por el miedo anticipado a una carencia personal. Y, en muchos otros casos, es también un factor de mecánica glandular. Pero, en cualquiera de ellos, no estaría de más hacernos algunas preguntas:

¿QUIÉN DICE, DÓNDE ESTÁ ESCRITO, DÓNDE ESTÁ CINCELADO EN PIEDRA que la ausencia de un pecho, por el motivo que sea, tiene que afectar obligatoriamente al bienestar emocional de una mujer?

¿QUIÉN DICE, DÓNDE ESTÁ ESCRITO, DÓNDE ESTÁ CINCELADO EN PIEDRA que una mujer con un sólo pecho es menos que una mujer con dos pechos?

¿QUIÉN DICE, DÓNDE ESTÁ ESCRITO, DÓNDE ESTÁ CINCELADO EN PIEDRA que la ausencia de un pecho es radicalmente diferente a la ausencia de un dedo, una costilla o una muela?

¿QUIÉN DICE, DÓNDE ESTÁ ESCRITO, DÓNDE ESTÁ CINCELADO EN PIEDRA que una mujer ha de sentirse tan absolutamente forzada por la hipertrofiada presión social como para verse obligada a corregir un factor percibido como ofensivo, como es la ausencia de un pecho, y necesitar una reconstrucción fisiológica para recuperar su sentido de pertenencia en igualdad de condiciones?

¿TENDRÍAN QUE SENTIRSE TAMBIÉN MUTILADAS LAS MUJERES CON SÓLO DOS PECHOS SI EXISTIERAN, ADEMÁS, MUJERES CON TRES PECHOS?

No olvidemos que la reconstrucción mamaria es, en un alto porcentaje, una necesidad de origen social más que personal. Aunque en Artematopeya también creemos que la reconstrucción mamaria es un recurso estupendo siempre y cuando cualquier mujer lo utilice, sencillamente, porque le dé la santísima y real gana y no porque se sienta obligada a responder a ningún perfil visual específico.

En Artematopeya trabajamos con la comunicación emocional como herramienta para el cambio. La comunicación emocional no es inteligencia emocional. Es un modelo de entrenamiento que se apoya en múltiples herramientas y que, tras superar el momento inicial de la revelación, el momento del ahhhhhh, se convierte en un facilitador de la auténtica y genuina gestión individualizada de las realidades personales. Las personas dejan de reaccionar y comienzan a accionar. Dejan de resignarse y comienzan a elegir. Dejan de observar y comienzan a construir. Dejan de ser pasajeros y se transforman en conductores. Dejan de ser seguidores gregarios y se transforman en auténticos y genuinos líderes de su propia vida y de su propia realidad. Sabemos que no podemos abordar a la sociedad en bloque pero sí podemos ir de uno en uno y generar un cambio desde dentro. Tardaremos más, pero es sólo cuestión de tiempo…

Mientras tanto, continuaremos apoyando cualquier iniciativa cuyo objetivo sea ayudar a las personas a seguir estando bien y, por eso, nos hemos sumado al concierto benéfico que organiza el Centro Integral de la Mama en apoyo de las mujeres y de la técnica de la reconstrucción mamaria como otra opción facilitadora de la autogestión emocional. Será el viernes 20 de abril,  a las 22:00 horas, en la Sala OUI-MAD (Jorge Juan 99 – Puerta D del Palacio de los Deportes de Madrid) en una Gala conducida, además, por el otro 50% de Artematopeya, a.k.a. Luis Mottola. Allí estaremos.

Y si .te apetece ayudarnos a difundir esta iniciativa, ya sabes que .puedes copiar este artículo donde quieras y compartirlo con tus contactos y amigos a través de tus redes sociales. Gracias.

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