¿Un asesino llamado Bobby Brown? ¿Una vida de cristal llamada Whitney Houston?

Uno de los motivos, sino el principal, que nos llevó en Artematopeya a volcarnos en el coaching y en el training de personas en el ámbito personal y en el de las organizaciones fue, y no tenemos ninguna duda al respecto, el de literalmente poner en práctica nuestra máxima de dejar siempre a las personas mejor de lo que nos las hayamos encontrado y contribuir a que los entornos en los que vivimos, trabajamos y nos desarrollamos sean cada día más positivos, más abiertos, más humanizados, más afectivos, más luminosos y más vivibles. Siempre win-win: cuando yo hago que tú ganes sin darle prioridad a mi propio beneficio, yo también gano porque todo el entorno que compartimos mejora y, como resultado, también es mejor para mí, por lo que, en realidad, yo también gano; todos salimos ganando.

En nuestro camino, nos hemos encontrado con personas de todos los tipos imaginables. Personas fuertas y sólidas, conectadas con su propia realidad y con la de su entorno y capaces de conducirse con una actitud sana sobre su vida y sobre sus emociones; personas que eligen disfrutar de la vida y que se mantienen alejadas de las distorsiones y de los ruidos creados en nuestros sistemas sociales para cumplir las expectativas de otros en detrimento de las suyas propias; personas que no pierden su tiempo en juzgarse y en acoplarse a un modelo de corrección de acuerdo a los parámetros que han definido otros para sí mismos y que no responden más que a intereses de gestión social desde el principio de los tiempos; personas que entienden las relaciones humanas como un intercambio en el que ambas partes entregan y reciben lo mejor del otro y en el que cada uno mantiene su independencia dejando a un lado sometimientos, posesiones, dependencias y, sobre todo, obligaciones; personas que ríen porque eligen reír y que entienden que los estados emocionales son configuraciones casi mecánicas que se pueden construir de acuerdo a la elección de cada uno y que no responden a coyunturas insoslayables del entorno; personas que, cuando entran en una habitación, hacen que se sienta que ha salido el sol.

Para nuestra tristeza, también nos hemos encontrado con personas que se han quedado en el otro lado. Personas debilitadas  y sin motivación que no son capaces de apretar su interruptor de disfrutar de la vida; personas ciegas a la belleza de la vida y a la felicidad, sometidas e hipnotizadas por virus mentales, sociales y emocionales con una rutina de autodestrucción que, irremediablemente, termina por arruinar sus vidas y la de los que les rodean; personas esclavas del qué dirán y del juicio de valor eterno sobre lo que se debe hacer y lo que no, sobre lo que está mal y lo que no, sobre lo que es correcto y lo que no; personas que han desarrollado una débil personalidad dependiente que, a pesar de provocarles un sufrimiento interminable que odian, no son capaces de hacer crecer la semilla de su autoestima y el amor de sí mismos, dejándose maltratar y pisotear porque creen que no existe otro modo de que el afecto sea expresado; personas frustradas y llenas de dolor que ejercen su venganza sobre ellos mismos maltratando a otras personas más débiles que caen en sus  egoístas redes; personas que escamotean su inseguridad y su egocentrismo malsano y los convierten en cinismo, en agresión, en abuso verbal y físico y en un contexto centrípeto en el que otros sufren; personas que, cuando entran en una habitación, hacen que se despliegue una espesa y sofocante niebla gris y que se sienta que ha llegado la tristeza y la oscuridad.

No hay personas mejores o peores a un lado o al otro. Todas ellas son mecanismos vitales que se desarrollan de uno u otro modo por motivos discreccionales. Y esta circunstancia implica que, sencillamente, si unos lo hacen (lo que quedarse en el lado brillante de la vida) es porque se puede hacer. Sin excusas. Es posible. Nuestro trabajo consiste en abrir la puerta de ese lado brillante para que todos puedan entrar y quedarse.

Pero hay un tipo de personas a las que en Artematopeya sí juzgamos y condenamos. Sin asco y sin eufemismos. Son aquellas personas que, sin escrúpulos y sin humanidad, se prestan voluntariamente a que otros sufran a cambio de dinero. Porque esto es lo único que mantiene vivo el negocio del narcotráfico: el puñetero y maldito di-ne-ro.

No es la primera vez que condenamos abiertamente en este blog el drama consentido de las drogodependencias. En este artículo anterior, hablábamos del tristemente famoso cristal, la peligrosa versión no terapéutica de la metanfetamina. Pero la realidad es aplicable a drogas de cualquier configuración, sea cual sea su naturaleza. No hay drogas más sanas o menos peligrosas que otras, como en ocasiones nos quieren hacer creer ciertos discursos. Hasta toda esa subcultura estúpida de la marihuana no es más que un basurero en el que se revuelcan millones de pobres imbéciles que eligen creer que el cigarrito verde es un relajante con el que sólo se lo pasan bien sin hacerle daño ni a nadie ni a sí mismos. Me repugna escuchar a individuos como Sánchez Dragó cuando hacen campaña sobre la marihuana como catalizador de la creatividad. O esa otra pandilla de pobres retardados, generalmente del mundo del artisteo mal entendido, que siguen empeñados en que la cultura es sinónimo de izquierda y de hacerse el hippy y que fumarse un porrito es moderno, progre, liberal y culto. Espero que, en un futuro, todos ellos sin excepción tengan la oportunidad de disfrutar en sus propias familias de lo estupendo que es tener que ver como sus hijos se degradan y se autodestruyen por la marihuana o por cualquier otra cosa similar.

Conozco personas que se creen felices aficionados (sin querer admitir saber que están siendo poco a poco esclavizados para que sigan manteniendo llena la caja registradora de los que se hacen de oro con el comercio de drogas) a consumir este tipo de mierda. Espero que lleguen hasta el final de este artículo y que se atrevan a leer, sin retirar la mirada, que, cuando una persona compra marihuana, cocaína o cualquier otra porquería semejante, el malnacido que se lo vende está colaborando activa, voluntaria, directa y consentidamente con su degradación física y mental a cambio de dinero. Los consumidores son sacrificables para que alguien se siga forrando. Y las consultas de los psiquiatras, mientras tanto, siguen a rebosar de babeantes idiotas enganchados, condenados a sufrir brotes psicóticos y maniacodepresiones de por vida. Cuando no a morir si la adicción deviene una versión más virulenta y terminan, por ejemplo, como Whitney Houston.

Como ya comentábamos también en este otro artículo anterior del año 2009, Whitney Houston era una de esas personas que, te gustara o no a nivel artístico, había pasado por las vidas de prácticamente todos aquellos que estamos expuestos a las industrias del entretenimiento en cualquier lugar del mundo. Una preciosidad con demasiado talento que estaba hecha de cristal y a la que el cristal, entre otras cosas, le ha quitado la vida. Para los que cantamos, Whitney Houston es parte de nuestra herencia musical. Para los que cantamos gospel, todavía lo es un poco más.

En los próximos días, se condenará públicamente a Bobby Brown por haberle hecho esto a Whitney. Cierto es que este elemento nunca ha sido ejemplo de nada y ha estado implicado en varios casos de asesinato, tráfico y agresiones, entre otros hacia su propia esposa. Fue él quién embarcó a Whitney Houston en una relación dañina, degradante y destructiva en la que él ocupó el papel del maltratador posesivo y destructivo y ella el de la débil y pobre tonta dependiente. Los dos, sin embargo, han terminado siendo víctimas. Ella, de su dependencia de las drogas y del afecto inducida por Brown. Él, de su malsano egoísmo hedonista y de un egocentrismo que le hará arrastar, de por vida, la losa emocional de que es el responsable de la muerte de Whitney Houston y de los reproches de la hija que tenían en común y de la escena musical mundial  hasta el fin de la eternidad. Ninguno ha de ser juzgado culpable a pesar de haber elegido libremente un camino que ha convertido sus vidas y las de los suyos en un infierno, aunque sí me pregunto si nadie pudo haber hecho algo más por ellos; si nadie entre sus amigos o sus familias pudo tomar las riendas y hacer algo para intentar dejarlos mejor de lo que los encontró.

Con ejemplos como éste, no se me ocurre mejor recomendación que la que ya proponía en aquel artículo de 2009:

En mi opinión, la actitud más valiente en relación con las drogas es temerlas, repudiarlas y, además de perseguirlas para erradicarlas y aplicar la pena de muerte para aquellos que asesinan mediante el tráfico lucrativo, huir de ellas sin verguenza y todo lo rápido que te permitan los pies. Y si alguna vez, de repente, alguien a quien quieres te comparte su curiosidad por este tipo de estímulos, te recomiendo que le metas la peor paliza de la que seas capaz, le pongas la cara como un cromo de moratones y le digas “y esto no es nada en comparación con lo que te puede provocar cualquier droga, así que encima no te quejes”. Le estarás haciendo un favor, después de todo.

Y después pregúntale si estará de acuerdo con que su hijo, que hoy tendrá dos o tres años, se convierta en usuario de drogas cuando se transforme en adolescente. Puede que tu pregunta le haga daño, pero eso es lo que menos importa, en realidad.

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Acerca de Artematopeya

Artematopeya

Publicado el 12 febrero, 2012 en Artematopeya, Con la lengua depilada, Música y energía, Nacho A. Llorente, _Coaching & training y etiquetado en , . Guarda el enlace permanente. 4 comentarios.

  1. Yo estoy sufriendo por un amigo que tiene el mismo problema. Perdió su trabajo y ahora está como desamparado, es una situación muy triste.

  2. M.Angeles Martínez

    ” Pero todo tiene un porqué, siempre.”

    ” jajajaja no! nada es lo que parece…”

    Me teneis enganchada, me gustan las palabras, el lenguaje, la comunicación, y trabajo continuamente para comunicar por escrito lo mas parecido a lo que quiero comunicar en lenguaje oral, que a mí me parece complicado; y una de mis herramientas es Artematopeya. Gracias y Feliz Día de San Valentín (día del amor y la amistad)

  3. Gracias por vuestros comentarios. Sólo aclarar que, como ya habréis advertido, algunas de las afirmaciones contenidas en el artículo son efectívamente de tinte cínico. En Artematopeya trabajamos con el lenguaje para producir cambios. Lamentablemente, no se puede segmentar un artículo para que sólo lo lean determinadas personas, por lo que a veces las interpretaciones personales puedan resultar algo confusas. Pero todo tiene un porqué, siempre.

  4. Me encanta Artematopeya, y ahora que conozco un poco mas sobre su origen, he de decir que me atrae mucho más […].

    He leído detenidamente el artículo y estoy totalmente de acuerdo en que los que se enriquecen con esto son unos malnacidos, pese a que, en la mayoría de los casos, sus padres/madres no tendrán culpa de ello. Y por eso quiero decir que sólo hay algo con lo que no estoy de acuerdo: Espero que, en un futuro, todos ellos sin excepción tengan la oportunidad de disfrutar en sus propias familias de lo estupendo que es tener que ver como sus hijos se degradan y se autodestruyen por la marihuana o por cualquier otra cosa similar.

    Cuando se es padre/madre o ejerciente hasta la médula, lo que más te duele en el mundo es lo que le pasa a tus hijos. Soy madre y no podría soportar que ninguno de mis hijos sufriera por mis errores, conscientes o inconscientes. Cada uno ha de pagar por los suyos y, si en el caso de esta gentuza que se dedica a enriquecerse destruyendo la vida de otros y de los hijos de otros merecen todo lo peor, no creo que sus hijos deban ser los que lo sufran en sus carnes. Bastante tendrán con tener que cargar con la herencia que les dejan […]. Además, no creo que gente de este tipo, que no tiene ningún respeto por la vida de nadie, tenga ese sentimiento de paternidad/maternidad tan desarrollado hasta el punto de que realmente sea un castigo ver a sus hijos sufriendo por la droga. Todo esto, por supuesto, con las excepciones que siempre hay.

    Ahora bien, sintiendo como siento una rabia inmensa y mala leche ante esta gente, es esa misma rabia y mala leche la que me impide pensar en lo que yo desearía que esa mala gente sufriera como consecuencia de sus actos.

    Gracias Artematopeya, una vez más, por este artículo para la reflexión.

  5. Luz Nelly Florez Herrera

    Tenemos tres hijos varones y eso es lo que siempre les recalcamos día a día: que tengan criterio, firmeza y personalidad cuando se encuentren entre drogas. Y que un buen amigo, una buena pareja y un buen hermano nunca te pedirás que llegues hasta el punto al que esa persona ha llegado. En nuestro caso, hacemos lo posible por rodearnos de personas que nos traigan algo positivo a nuestras vidas. Y si es lo contrario, simplemente nos alejamos […]. Gracias por vuestro artículo, es muy interesante.

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