Una nueva Whit

Quien diga que nunca ha escuchado a Whitney Houston, miente. Porque ha estado hasta en la sopa de nuestras vidas con su guardaespaldas, por ejemplo. Y eso implica lo mismo que con Céline Dion y ese desastre de trasatlántico o que con Michael Jackson y su tengo miediiiiito: que, te gusten o no, lo vas a tener que escuchar…

Hablando en serio: ya tenía ganas de escribir aquí sobre Whitney Houston. Sobre la nueva Whit. Una Whitney dañada e imperfecta en lo vocal y distinta a la bala de cañón que fue en su etapa de perfecta cristalidad de hormigón armado. Pero, también, sorprendentemente viva y nueva en lo artístico. Y esta Whitney, la de los últimos diez años, me gusta más.

El polémico I look to you de 2009 no es una obra maestra. Ni siquiera es muy bueno. Sin embargo, es un trabajo fantástico. Coherente en la producción (salvo por un par de cositas) con el nuevo registro mezzo de Whit, sencillo y potente en el repertorio y emocionadamente roto en lo vocal pero sin dramas, sin culpas y sin ridículas disculpas. Esta soy yo y así canto hoy. ¿Passa algo?.

I look to you es R&B del de toda la vida, muy bien producido y con el cuerpo que casi nunca han tenido los trabajos de Whitney Houston. Han desaparecido la hipermegaecualización, la estridencia del machacón rango alto y del cañón vocal teledirigido. Whitney Houston es, ahora, simplemente Whit. Una voz gruesa, con cuerpo y también con armónicos de club de mala muerte, a la que le cuesta despegarse de unas cuerdas enquistadas y de un físico tocado por el descuido y por el maltrato voluntario. Y ahí está la verdadera Whit: ya no dibuja fraseos vocales renacentistas pero esa voz está viva.

Yo utilizo al cansino de R. Kelly como coach vocal: trabajando con sus canciones, entreno tempos y cadencias para mi proyecto artístico gospel. Pero me pone de muy mala leche. Es un gran músico y un mejor escritor, pero sus arreglos me ponen enfermo y no soporto más de dos o tres canciones suyas seguidas. Es lento, es aburrido, es pringoso. Ahora bien, me encanta escuchar sus temas en otras voces. I believe I can fly o I believe en la voz de Yolanda Adams son un prodigio de pertinencia musical. Y sus dos temas para este álbum, I look to you y Salute, son para quitarse la gorra y ponérsela en el pecho. El primero es un arreglo góspel para piano que presta su título al disco y que nos devuelve a la Whitney sin adornos, sin excesos y absolutamente al desnudo que resume en una sóla canción su momento y su realidad. Esa voz es pura emoción, si señor. El segundo, con su marcada percusión y su cadencia rítmica, ocupa en número 11 en el tracklist pero hubiera sido un buen primer corte por su carácter, por su construcción y por su texto con vocación de reto.

I look to you

Salute

El himno del álbum es un tema tan delicado en lo armónico y tan bien escrito (como no podría ser de otra forma en las manos de Diane Warren) como finalmente decepcionante en la ejecución. Una balada preciosa con vocación de clásico en la que nunca llega el tan apreciado momento ¡guauuu! de las grandes estrellas. A pesar de todo, un inspiracional fantástico aunque no lo suficientemente redondo…

I didn’t know my own strength

I didn’t know my own strength (live)

En el terreno de los mid- y de los uptempos, cuatro cortes a cada cual mejor y más sorprendente. Todos encajan en el industry-pop con aires de R&B pero sin sonar a radiofórmula. Cortes con sorpresa, lo cual es ya mucho en estos tiempos que corren. Call you tonightNothin’ but love son dos pedazo de temas con una producción y una ejecución rebosante de dignidad. Un estilo poco habitual en Whitney: impresionante y con dos pelotas.

Call you tonight

Nothin’ but love

Like I never left es un relleno pero de los buenos. Nunca podría convertirse en single, pero es una gran canción que crece y que expande la infección con los días. Y Million dollar bill es todo un sleeper y un homenaje a la etapa funky-disco con un hook en el estribillo que ya quisieran muchos. Es la aportación de Alicia Keys al regreso de Whitney y, qué coño, es un gran tema pseudo-retro divertido y que hará que se te empiece a mover el pie derecho mientras marcas las bases del tema… tap, tap, tap.

Like I never left

Million dollar bill

La horterada inevitable llega con la versión del inefable A song for you de Leon Russell. La primera escucha es sorprendente y promete un increíble downtempo con momento ¡guauuu! pero, de repente, se transforma en un chunda chunda intrascendente y sin ningún interés. Un desperdicio. Exactamente lo mismo que ocurre con I got you, un mejunge flamenco-jamaico-árabe que termina haciéndose interminable, con Worth it, un tema pesado y aburrido en el mejor estilo Mariah Carey de los últimos tiempos (por no hablar de una letra como para auténticos adolescentes medio subnormales de instituto) y con For the lovers, un homenaje al vocoder y al autotune tan excesivo que se podían haber ahorrado a la solista y haberla grabado, directamente, con un robot o con un sinte de voz.

A song for you

I got you

Worth it

For the lovers

Ya no es Whitney Houston. Ahora es, simplemente, Whit. Pero menuda Whit.

A ésta me la quedo.

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Acerca de Artematopeya

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Publicado el 16 mayo, 2010 en Artematopeya, Música y energía, Nacho A. Llorente. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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