Hacer foco

En el mundo del espectáculo tenemos cristalinamente clara la certeza de que aquello sobre lo que enfocas (luz) se potencia. Estoy seguro de que ya lo sabes pero merece la pena recordarlo. Aquello sobre lo que enfocas tu atención a lo largo del tiempo potencia tu experiencia personal del aquello.

El cine, el teatro, la música en directo… Cuando te sientas a disfrutar de un espectáculo, la señal que indica que está a punto de empezar es que se apagan las luces, se encienden los focos y, de repente, todo el universo desaparece a tu alrededor y queda reducido, específicamente, al espacio alumbrado por los focos. No escuchas otra cosa, no observas otra cosa, no sientes otra cosa más que lo que ocurre en el espacio iluminado del escenario. Tu sistema nervioso (tu cerebro y tus sentidos – vista, oído, olfato, gusto, tacto) sólo estará pendiente de lo que ocurre en la pantalla. Los directores, los realizadores y los iluminadores saben muy bien lo que hacen cuando deciden sobre qué van a hacer foco. Las artes escénicas y audiovisuales son una representación alternativa de la realidad cuyo extraordinario poder depende, precisamente, de su capacidad de inducir sensaciones determinadas a partir de sus recursos narrativos, técnicos y artísticos sintonizando los sentidos del espectador y enfocándolos sobre un elemento determinado.

Sensaciones: emociones asociadas a pensamientos determinados.

Las precupaciones, los miedos o las inseguridades, por poner solo tres ejemplos, son la mejor manera para traer a tu vida todo aquello que, específicamente, no quieres en absoluto. Imagínate sentado en un patio de butacas y en la pantalla la película La guerra de tus preocupaciones, Con tus miedos en los talones o El secreto de tus inseguridades. A tu alrededor, todo está a oscuras. No se escucha ni el vuelo de una mosca. Tus sentidos están completamente aislados, concentrados y haciendo foco sobre lo único que se mueve y que suena en tu vida en ese momento: la pantalla en la que se proyectan tus preocupaciones, tus miedos y tus inseguridades. Menuda castaña de películas.

Si no estás seguro sobre aquello en lo que estás haciendo foco, echa un vistazo a tu alrededor porque lo más probable es que lo que estás experimentando en tu vida es, sencillamente, aquello en lo que estás enfocando toda tu atención. Y es también probable que, si lo que experimentas no te gusta o no te beneficia o no te hace crecer, el único responsable de que esto ocurra eres tú mismo porque insistes incansablemente en hacer foco sobre ello. Cambia tu foco y automáticamente cambiará lo que experimentas. Aquello sobre lo que enfocas se potencia.

Si, además, te obstinas en tomar decisiones argumentándote a ti mismo todo aquello que no quieres en lugar de desplazar el foco, pasando olímpicamente de lo que no quieres y construyendo tus decisiones con un lenguaje afirmativo y positivo en torno a lo que exactamente quieres, entonces es como si te encerraras en una sala de proyección a oscuras y le pidieras a alguien que tirase la llave para que no puedas salir.

¿Que por qué?

Pues porque para que tu sistema nervioso pueda procesar el estado y las sensaciones que quieres negar mediante un no quiero, primero tiene que visualizarlo todo en positivo para luego añadirle el no y poder construir el significado polarizado. Como bien dice mi amigo Lakoff, si te pido que no pienses en un elefante, lo primero que harás será pensar en el elefante para luego intentar borrarlo de tu memoria, obviamente sin éxito porque no dejarás de pensar en el dichoso animal.

El sistema nervioso no distingue entre realidad y ficción. Una vez que tu cerebro visualiza una imagen, ya sea recordada (real) o imaginada (creada), automáticamente la procesa, interpreta y archiva en décimas de segundo. Ya existe en tu archivo mental y emocional para siempre. Recuerda que las sensaciones son emociones asociadas a pensamientos determinados. Si constantemente refuerzas, no sólo con tu actitud sino también con tu lenguage, frases o pensamientos como no quiero sentirme inseguro, no quiero sentirme infeliz, no quiero tener miedo, no quiero sentirme solo… estás obligando a tu sistema nervioso a repetirse constantemente quiero sentirme inseguroquiero sentirme infelizquiero tener miedo quiero sentirme solo antes de que llegue el momento (y a este paso jamás lo conseguirás) de ponerle el no delante y en semejante proceso de bombardeo contra ti mismo habrás tenido que activar primero todo el arsenal de sensaciones negativas asociadas a las situaciones de las que te quieres deshacer ya sean (recuerda) reales o inventadas. Te has empeñado en sentirte fatal y lo has conseguido: estás encerrado en un bucle del que es imposible salir.

Si quieres que, por ejemplo, un pequeño préstamo sin devolver se convierta en una imperdonable y asfixiante deuda gracias a la que jamás volverás a dormir tranquilo, sólo tienes dejar permanente sobre la mesa los recibos para que te recuerden que aún no los has pagado, mirarlos un rato todos los días y, por supuesto, no dejar de preocuparte por ellos unos minutos cada hora. Ya está: lo has conseguido. Has convertido un hecho eventual y fácilmente solucionable en un absoluto drama que te provocará insomnio y además, de regalo, bloqueará todas tus habilidades, incluida la de resolver hechos eventuales. Bucle. Afortunadamente, puedes reinterpretar este proceso degradante para tu bienestar dándole la vuelta y utilizándolo en tu beneficio para potenciar situaciones y actitudes positivas y estupendas sobre ti mismo y sobre tu entorno.

El ser humano desea específicamente experimentar sensaciones. Puede que muchos digan que lo que desean es tener cosas o vivir experiencias pero lo que en realidad desean son las sensaciones que les provocan todas esas cosas o experiencias que dicen perseguir. Y no sé tú, pero yo no conozco a nadie que no desee sentirse bien, feliz y a tope a todas horas. Si conoces a alguien que diga querer sentirse mal, triste, preocupado o infeliz, mándamelo y lo llevamos a la tele.

Sensaciones: emociones asociadas a pensamientos determinados.

Las emociones amplifican las experiencias: son la pila que potencia todo aquello sobre lo que enfocas. Para modificar tu estado actual (que no es más que, simple y llanamente, un estado momentáneo: el hecho de que estés triste no significa que seas una persona triste – sólo significa que aquí y ahora estás triste y que, por lo tanto, en algún momento vas a modificar ese estado), sólo tienes que elegir qué deseas conseguir o cambiar e imaginar o recordar cómo te sentirás cuando lo tengas. En lugar de negar lo que está en tu foco, limítate a mover el objetivo del foco. Piensa en lo que quieres, no en lo que no quieres.

Quiero levantarme cada mañana lleno de energía, con ganas de bailar mientras desayuno y sonriendo mientras escucho mi canción preferida deseando empezar el día…

Mientras lo piensas o te lo dices en voz alta, trata de evocar las sensaciones increíbles y positivas que esta actitud te genera. Y si no recuerdas cómo son esas sensaciones o no te crees capaz de evocarlas o eres uno de los pocos que no las ha sentido nunca, haz como si las recordaras. Miéntele a tu sistema nervioso. Cierra los ojos e imagina en tu cabeza cómo te vas a levantantar mañana, feliz y sonriente, lleno de energía e impaciente por salir de casa para vivir a tope el día que empieza ahora y cómo te vas a sentir cuando lo hagas.

El secreto reside en saber o en descubrir lo que realmente quieres. Si no lo tienes muy claro ni sabes cómo detectarlo, elige algo que creas que quieres tener o cambiar y hazte la siguiente pregunta: ¿qué puedo conseguir con ello que no puedo conseguir de otro modo?. Responde a la pregunta y sobre la respuesta vuelve a hacerte la misma pregunta: ¿qué puedo conseguir con ello que no puedo conseguir de otro modo?. De nuevo, sobre la respuesta, hazte la misma pregunta: ¿qué puedo conseguir con ello que no puedo conseguir de otro modo?. Después de varias preguntas, habrás llegado a una respuesta imposible de reducir más: paz, seguridad, tranquilidad, bienestar… Esa es la sensación (una emoción asociada a un pensamiento determinado) que quieres experimentar. Ahora, forma una imagen mental de ti mismo viviendo a tope ese momento de sensación positiva y recuerda o evoca o haz como si sintieras la emoción que te genera ese momento de bienestar. Y, si es necesario, miéntele a tu sistema nervioso. Enfoca tu atención en lo que quieres y no le prestes la más mínima atención a lo que no quieres.

Cuando haces foco en lo que quieres, estás creando tu mejor realidad. Y tu mejor realidad es el mejor espectáculo.

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Publicado el 22 marzo, 2010 en Artematopeya, Nacho A. Llorente, _Persuasión & comunicación. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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