Héroes de pulpa de papel

La ficción de pulpa de papel o pulp fiction, que comparte etiqueta con el título (y solo con el título) de la película de Tarantino, es un producto que ha trascendido a su propia naturaleza de entretenimiento barato de consumo rápido para terminar convirtiéndose, con el tiempo, en el heredero literario, dignificado y de equivalente calidad a la de cualquier otra literatura mainstream, del folletín diecinuevesco. El Rocambole de Terrail, semilla de la transición definitiva entre la novela gótica y el moderno héroe de ficción, fue padre directo de Los tres Mosqueteros, de El Tulipán Negro, de Phantomas, de Arsenio Lupin y hasta del Aguila Roja que produce Globomedia para Televisión Española en 2010 y en cuyo universo, por cierto, puedes participar gracias a este juego online masivo que ya está disponible en internet. Es la vertiente no sobrenatural del folletín de intriga clásico, basada en rocambolescas tramas de aventuras, pasiones, emociones, secretos y misterios excitantes y adictivos en la piel de valientes y carismáticos personajes más grandes que la vida. Toda una lección de creación literaria persuasiva y motivacional que bien merece tardes enteras planchado en un sofá sin dejar de pasar páginas. No hace falta ni mencionar a Julio Verne, a Maurice Leblanc o a Wilkie Collins como magnífica muestra de lo que la literatura pulp puede ser capaz de producir.

Con la industrialización y la popularización de la tecnología, la tremebunda crisis económica y las descorazonadoras grandes guerras mundiales del siglo XX, el género tuvo que hacer un esfuerzo y reinventarse para multiplicar su efecto adrenalina y poder ofrecer algo más que permitiera desconectar de una realidad demasiado dura y complicada para las pisoteadas y obreras clases inferiores. Había que encontrar una vía de escape efectiva e hipnótica. Y de ahí nació la vertiente sobrenatural y tecnológica del pulp, héroes cotidianos con una vida secreta basada en inimaginables y envidiables superpoderes, en ingenios tecnológicos que les permitían volar o viajar en el tiempo y en un hermetismo remodelado a partir de las tradiciones del romanticismo literario. Aventuras, tecnología, antinazismo, orientalismo y superpoderes como los de Flash Gordón, The Shadow, Conan, Buck Rogers, Solomon Kane, The Rocket Doc Savage publicados semanalmente en papel de pulpa barato, con los cantos sin guillotinar y con unas coloridísimas y surrealistas portadas de auténtico perfil pop(ular), por no decir kitsch.

Después llegarían los superhéroes convencionales (Batman, Superman, Spiderman, La Patrulla X, Los Vengadores…), igual de pulp en cuanto a género pero esta vez en clave de comic (continuará… en otro artículo)

Los años 80 y la revolución cultural que anticipaba el cambio de siglo han visto renacer el interés por la ficción de pulpa y autores como Alan Moore, con su Liga de los Hombres Extrarodinarios, han devuelto al público la pasión y la excitación por un género apoyado íntegramente en las emociones, en la evocación y en la estimulación que provoca lo desconocido, lo fantástico y la aventura. En este caso, dentro del subgénero de la ficción victoriana del XIX y del XX. Ilustrada por Kevin O’Neill, esta liga reúne en el mismo espacio y tiempo a Wilhelmina Murray (protagonista femenina del Drácula de Bram Stoker), Allan Quatermain, Capitán Nemo, Jekyll (junto, obviamente, a Hyde) y al Hombre Invisible para defender a la corona británica de las amenazas de Fu Manchú, de Moriarty y hasta de los marcianos de La guerra de los mundos de Orwell. Este tipo de refritos, que recicla con absoluta pericia tanto personajes como narración y tramas y que añade como aportación moderna el descaro del sexo explícito o de la embriaguez sin tapujos, es una más que digna recreación del pulp. Es una segunda reinvención sin complejos y ésta es la actitud más adecuada para acercarse a un género que no ha hecho más que replicar  los deseos y las emociones más profundas que se esconden en el interior de cada ser humano.

Un género auténticamente maravilloso, el del folletín y la ficción de pulpa, que mereces disfrutar como lo que es: un divertimento fantástico sin pretensiones a pesar de que las merecería por derecho. Aventura, diversión y emociones. Que sí, que también son pulp James Bond, Indiana Jones, Star Wars y hasta el olvidadizo de Bourne

A mis amigos de Evil Hat Productions, además del juego, les encanta el pulp. Y no se han limitado a diseñar uno de los juegos más aclamados, premiados y divertidos de los últimos años (Spirit of the Century y su complemento, Spirit of the Season) con temática pulp sino que han pensado que tanta diversión sólo tiene sentido si se comparte, así que se han acogido a la Open Game License de Wizards of the Coast y han liberado el contenido completo de Spirit of the Century a través de este enlace.

Pero como es una delicia leer la versión maquetada, aunque no tengas ninguna intención de jugarlo te recomiendo que te descargues el pdf y lo imprimas (o lo cargues en tu e-book) para disfrutar, de primera mano, de todos los mecanismos y las convenciones del género. Puede que hasta te animes a crear algún personaje, a pintarrajear algún boceto, a pensar en algún argumento…

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Publicado el 16 marzo, 2010 en Artematopeya, Cine, teatro, literatura y arte, Ludotopeya, Nacho A. Llorente, Talento, arte y creatividad. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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