Yo también tengo una Enterprise aunque soy más de Star Wars

¿Quién no recuerda esas travesías infantiles, forrado de abrigo y con ese verdugo de lana azul embutido en la cabezota, arrastrado hacia el ambulatorio del barrio por una madre resignada y aburrida de tus mocos, de tu tos o de tus oidos?. Desde siempre ha existido una frase que denotaba el haber alcanzado un estadio superior de orgullosa madurez en la etapa infantil:

– Me han puesto una inyección en el culo y no he llorado.

A ver quién era el guapo que se atrevía con un sólo puchero bajo la mirada de aquella lastimosa y lánguida enfermera modelo posguerra, más fea y siniestra que el ama de llaves de Rebeca, que hacía ssh con el dedo índice desde cualquier pared a la que mirases. Daba aún más miedo que la aguja. ¿Te acuerdas de ella?

Para evitar revivir aquel manojo de lúgubres sensaciones, he optado por ofrecer en este artículo una versión más kitsch pero también más morbosa del poster de la enfermera silenciosa.

No sé a qué país puede corresponder pero, por lo menos, esta otra enfermera azul tiene un sugerente rollo Ava Gardner bastante más vistoso (y no es cartesiana: el artista ha respetado la asimetría facial – en párpados y labios – de la modelo) y un punto medio morboso que invita a imaginar en lugar de provocar escalofríos. Escalofríos por aquella cara de perversa y omnipresente mosquita muerta y también escalofríos por los recuerdos de esas máquinas de fabricar enfermos que son los ambulatorios y los centros de salud.

En cuanto al dichoso poster del ¡ssssssh!, nunca nadie ha querido explicar por qué hay que condenar a los PTADFs (personas temporalmente afectadas por un desarreglo fisiológico) a sentirse sordos. Cuando a alguien le duele la cabeza, tiene su lógica. Cuando alguien duele un brazo roto, ¿qué sentido tiene el silencio?

Bueno, el caso es que SÍ tiene cierto sentido.

Cierto por no decir bastante. Y Gene Roddenberry, creador del universo aventurero de Star Trek, lo sabía muy bien:

– ¡Señor Sulu, desvíe la energía a los escudos auxiliares!

Cuando algún sistema de la Enterprise resultaba dañado, el flujo interno de energía se desviaba de forma inteligente para mantener la integridad de la nave. Se desatendían voluntariamente algunos sistemas no necesarios para la supervivencia inmediata y, con el aporte extra de energía, se reforzaban los sistemas críticos o dañados.

Una fantástica fantasía, ¿verdad?

Pues de fantasía nada. Tu cuerpo y el mío funcionan igual que una flamante Enterprise. Digamos que nuestros órganos son los sistemas internos y nuestros sentidos son las escotillas. Cuando algún sistema se encuentra afectado por cualquier disfunción, la nave necesita entrar en modo mantenimiento (también conocido como modo reposo) para que el cuerpo de ingenieros (el sistema inmunitario) haga su trabajo de reparación. Uno de los recursos más comunes para canalizar adecuadamente la energía de la nave y evitar escapes descontrolados es el de cerrar las escotillas y desactivar los sentidos no necesarios para la supervivencia inmediata. El aislamiento sensorial (y de ahí la recomendación del reposo, de cerrar los ojos o de mantener el entorno en silencio) permite que el cuerpo se pueda concentrar más fácilmente en su trabajo de autorreparación sin distracciones y sin tener que estar pendiente de lo que escucha o de lo que ve, lo cual, por lo general, suele tener bastante poco interés en semejante momento.

¿¡¿ Qué el cuerpo se autorrepara?!?

Pues sí. Si te detienes a recordar un momento, los tratamientos recibidos en hospitales se limitan, en la mayoría de los casos que conoces, a… mantenerte en observación. En algunos casos, es necesaria cierta intervención externa, pero el proceso regresa sin excepción al bucle mantenerte en observación. Observarte. Mirarte para observar cómo tu cuerpo se autorrepara a sí mismo. Cuando te haces un corte, en realidad no haces nada para repararlo. Te limitas a mantener la herida limpia pero los que hacen todo el trabajo son los ingenieros del batallón de tu sistema inmunológico. De hecho, tu cuerpo es una Enterprise tan avanzada que no sólo sabe como curar un corte; sabe como curar un corte creando nueva piel y reconstruyendo la integridad de la herida, pero es que, además, sabe crear un tipo diferente de tejido – el más adecuado – según en qué zona de la nave se encuentre la fisura. Cuando un hueso se rompe, tu trabajo como tripulante de la nave se limita a colocarlo pero el que se encarga de la soldadura es el propio hueso. Increíble.

Todo esto está muy bien. Pero yo conozco a un montón de gente que sufre de enfermedades incurables o que precisan de cirugía o que, sencillamente, son enfermos crónicos.

Pues sí. En el patrón natural de la salud también se producen defectos de fábrica y algunas piezas son imperfectas, impidiendo que el cuerpo pueda funcionar de acuerdo al patrón. Esas piezas entorpecen el trabajo inmunitario y no permiten la autorreparación, aunque aún así el cuerpo intenta mantener en funcionamiento todos los sistemas el mayor tiempo posible, lo cual es ya increíble de por sí. Que un cuerpo defectuoso pueda mantenerse con vida, digamos, diez años más es todo un milagro.

Cuando la pieza defectuosa se puede reparar mediante una intervención externa (cirugía) o mediante una sustitución (trasplante), el sistema inmunitario sigue intentando defender su nave mediante la expulsión o el rechazo de lo implantado aunque, por lo general, todo se puede solucionar acudiendo a la diplomacia de los inmunodepresores. Pero estos casos son los menos.

Lo más común es que, en circunstancias normales, nuestros cuerpos funcionan bien y se mantienen para nosotros en perfecto estado. Cuando no lo hacen, es porque no pueden. No les dejamos. Exceso de tóxicos, falta de engrase de la maquinaria, hábitos excesivos que fuerzan la máquina y la deterioran. Ponte en su lugar y reconoce que tú tampoco podrías hacerlo si te tuvieran atado a una silla sin poder moverte, hinchándote compulsivamente de toxinas y, además, con un tubo de escape enchufado en la boca para obligarte a respirar gases de amoniaco, alquitrán, monóxido de carbono y otras porquerías similares. A ver quién es el guapo que puede con eso. Aún así, tu cuerpo lo seguirá intentando siempre.

El patron natural de la salud es una especie de inteligencia o estructura superior e incorpórea que se manifiesta en la naturaleza. Es la inteligencia que conserva la memoria del desarrollo y de la genética de la vida. La que sabe como devolver un cuerpo a su estado de perfección por defecto y también cómo, donde y cuando hacer crecer un árbol o generar una nube por evaporación. No, no se trata de un señor bajito y muy listo que llevamos escondido detrás de alguna costilla. Es, simplemente, un sistema, una estructura, un orden. Un patrón natural que archiva la definición de la vida y sabe cómo mantenerla.

Pero lo mejor de todo es que, al igual que tienes un sistema inmunitario que cuida de tu fisiología, también existe un sistema en tu nave cuya tendencia es la de mantenerte en un estado de completa salud emocional, de paz, de bienestar y de plenitud mental. Al igual que con tu cuerpo, no es necesario que hagas absolutamente nada para ponerlo en marcha. Lo llevas implantado de serie y es automático. En caso de que se produzca algún corte en tu estabilidad emocional, tampoco en este caso es necesario hacer nada. Simplemente, te ocuparás de mantener limpia la herida para que los ingenieros del batallón de inmunidad mental pueda hacer su trabajo, tarea para la que se encuentran perfectamente entrenados. Si dejas que la herida se ensucie, el batallón de inmunidad tendrá que hacer un esfuerzo cada vez mayor para contrarrestar los efectos de la infección y poder mantenerte en tu estado natural de bienestar y estabilidad.

Pero, ¿de qué suciedad me estás hablando?

Pues de ansiedades, preocupaciones, enojos, resentimientos, celos, urgencias, reclamos, miedos. Y también de culpas y de ilógicas obligaciones y compromisos y de creencias anquilosadas. Y también de pensamientos negativos, de falta de autoestima, de frustración. Pero también de necesidad constante de aprobación, de autocrítica, de comparación constante con otros y de empeño excesivo en provocar pensamientos positivos. Y, sobre todo, de exceso de actividad pensante (consciente) y de saturación de pensamientos por segundo. Y lo peor de todo es que esta suciedad no existe en la realidad: es una fabricación, una mentira, una estratagema que ha conseguido traspasar tus sentidos y tus filtros emocionales con la estúpida intención de desequilibrarte y manipularte. Si ha conseguido provocar un corte y quedarse allí dentro, lo mejor que puedes hacer es no prestarle la más mínima atención y dejar que tus sistemas inmunológicos se pongan en marcha.

Cuando el sistema emocional necesita reclamar energía desde otros sistemas para soportar la estúpida e innecesaria sobrecarga de resentimientos, malos rollos, celos o inseguridades, el resto de sistemas (incluidos los fisiológicos) se ve descuidado. Si esta situación irregular se mantiene durante demasiado tiempo, la estructura global se descompensa. Y entonces empiezan a aparecer enfermedades porque los sistemas orgánicos tienen una energía de reserva limitada. Cuando dejan de recibir la energía principal y la energía de reserva también se agota, el cuerpo no tiene modo de garantizar su buen funcionamiento y comienzan a aparecer los errores del sistema: las enfermedades somáticas, las cuales, por cierto, son la mayoría. Enfermedades inexistentes que aparecen como resultado de un pensamiento. Así que no dejes que la estupidez que quizás te esté rodeando te engañe para que creas que puede que tengas una enfermedad. Porque no la tienes.

En definitiva, que no se trata de que nadie se dedique a repararse a sí mismo, sobre todo porque ya hay quienes se ocupan y gracias a ellos todos estamos bien y en perfecto estado de mantenimiento. Se trata de aprovechar el tiempo libre que nos dejan nuestros sistemas inmunitarios para aprovechar y disfrutar de la vida y de su artematopeya. Si recibes el impacto inesperado de pensamientos y sentimientos que ensucian tu bienestar, simplemente salúdalos con una sonrisa (actitud que les joderá muchísimo) e invítalos a que pasen de largo porque tu tienes otras cosas que hacer en ese preciso momento como cantar una canción o hacer submarinismo en la bañera o cortarte las uñas de los pies. Si de repente te asalta una urgencia, detente un momento y comprueba si se trata realmente de una urgencia o es, simplemente, una entrada en tu agenda y te has olvidado de que fuiste precisamente tú quien la escribió, motivo por el cual puedes también decidir tacharla y seguir cantando o haciendo submarinismo en la bañera si te apetece. Y recuerda que no puedes evitar la aparición de un pensamiento en tu pantalla mental y emocional, pero puedes hacer con él lo que te dé la real y santísima gana, como, por ejemplo, atarle una bola imaginaria de 600.000 millones de toneladas de peso y lanzarlo con la imaginación a 600 kilómetros mar adentro para ver cómo la gravedad lo dispara hasta el centro de la tierra para atravesarla, salir por Australia y desaparecer a millones de años luz de velocidad hacia una galaxia muy, muy lejana… Sí, lo confieso, yo soy más de Star Wars que de Star Trek y no quería terminar este artículo sin decirlo.

Se acabaron el exceso de reglas, el exceso de sistemas, el exceso de preocupaciones, el exceso de obligaciones, el exceso de relaciones tóxicas, de dependencias emocionales y de enfermedades ficticias. Ahora que ya sabes que tu cuerpo y tu inconsciente se ocupan de todo y acabas de descubrir que tienes más tiempo libre para dedicártelo a ti, ¿porque no te vuelves un poco loco y te dedicas a disfrutar de todo, a escuchar música, a tomar el aire, a pasear, a conocer a toda esa gente alucinante que anda dando vueltas por ahí, al arte, a bailar, a tirarte en paracaídas, a reirte, a hablar y hablar y hablar – con lo que a ti te gusta – y a meterte en la cama cada día agotado o agotada de habértelo pasado tan tan tan tan tan tan tan bien?

Anuncios

Acerca de Artematopeya

Artematopeya

Publicado el 15 marzo, 2010 en Artematopeya, Nacho A. Llorente, _Persuasión & comunicación. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

Los comentarios están cerrados.

Diario LW

CORO GOSPEL LIVING WATER

lyriquediscorde

the home of all things music

Pepe Castro - photographer

Cada semana un retrato y mis impresiones sobre la sesión fotográfica

Artematopeya

Coaching - Training - Lenguaje - PNL - Creatividad - Talento - Estrategia

Luces y Sombras de las Marcas

Todas las novedades en Marketing, Social Media y Comunicación. Fátima Martínez

TheCoevas official blog

Strumentisti di Parole/Musicians of words

Dibuixa el teu Univers

Univers, de Microcosmos Teatre i Efímer

The Photo Vault and Gallery

by Gustavo Greciano

A %d blogueros les gusta esto: