Bill Bryson o desmitificando, que es gerundio (II)

Pero esto no es todo. Resulta que a Bill, un día, se le distrajo la mente y terminó preguntándose cómo es posible que existan tantos ensayos y sesudos estudios sobre un tipo, el pobre William Shakespeare, de cuya vida y obra no se pueden reunir más datos ni pruebas fehacientes que los que cabrían en la cara anterior de un folio.

Shapekspeare de Bill Bryson no es una biografía. Es un trabajo irreverente, inteligente y como-siempre-desternillante y no por ello indocumentado, superficial o impreciso. Un ensayo irresistible de naturaleza documental pincelado de toques Bryson que prescinde del boato académico para abordar aspectos como que:

  • los cientos de libros y estudios generados por Shakespeare son demasiado especulativos: su primer biógrafo, Nicholas Rowe, escribió 11 piezas de información sobre Shakespeare en su Life de 1709, 8 de las cuales son falsas.
  • el único retrato de Shakespeare que ha sobrevivido a los siglos podría pertenecer a un individuo aleatorio que pasaba por allí.
  • se conocen seis firmas de Shakespeare, todas ellas diferentes, y ninguna de ellas se corresponde ortográficamente con el apellido Shakespeare.
  • el moderno término box-office hace referencia a la oficina en la que se guardaba la caja en la que se guardaba la recaudación de la taquilla del día.
  • uno de los entretenimientos de la cartelera isabelina eran las carreras de chimpancés a caballo perseguidos por perros.
  • Shakespeare es autor-acuñador de más de 300 palabras, locuciones y clichés incorporadas en la cultura moderna (británicamente speaking, of course): dwindle, hereditary, excellent, assassination, zany, vanish into thin air, play fast and loose, budge an inch, foul play… y una que me gusta especialmente, flesh and blood, sangre y carne, puro drama literario en tres palabras que nada que ver con la uña y carne castellana o el culo y calzón argentino.
  • Shakespeare también solía tomar prestado material ajeno. Vamos, que plagiaba como todos los demás autores isabelinos.
  • el teatro era un espectáculo de masas: se bebía, se jugaba, se bebía, se metía mano a las pilínguis, se bebía, se miraba la función, se bebía, se dormía, se bebía, se organizaban timbas, se bebía… 
  • la mayoría de los textos fijados que manejamos en la actualidad son reconstrucciones a partir de fuentes de variada procedencia y edad.
  • en 1840, a Barnum, el del circo, se le ocurrió poner la casa de Shakespeare en un carromato y hacer una gira por Estados Unidos; gracias a la estupidez de la idea, el gobierno británico se decidió por fin a convertirla en un museo.
  • Freud y Orson Wells, entre otros, creen que Shakespeare no es Shakespeare, aunque no se terminan de poner de acuerdo sobre quién es el verdadero Shakespeare.

En fin, que Shakespeare sigue generando curiosidad y misterio y, como siempre, cualquier cosa da pie a otra intriga más: Shakespeare nunca deja de ser una sombra en su propia biografía, según dice Bill, aunque en realidad resulta que se sabe mucho más de él que de muchos otros autores de la época.

Este Shakespeare de Bill Bryson es un libro para disfrutar y releer de vez en cuando. Es artematopeya pura. Una fotografía de la Inglaterra isabelina, del Londres siempre infectado de plagas y enfermedades y de una antigua Catedral de San Pablo en la que cabía casi de todo menos los servicios religiosos: mientras el cura protestante intentaba seguir con lo suyo, en la iglesia abundaban los mendigos, los puestos ambulantes, gente diversa haciendo fogatas, niños jugando a la pelota… Y una fotografía de aquel momento teatral sobre el que poco se sabe y sólo gracias a las crónicas de visitantes y turistas que pasaban por Londres y comentaban después lo que habían visto. De haber sido por los propios londinenses, todavía sabríamos menos. 

Bill es, además, de los que saben acabar un libro con el mejor capítulo de todos. Y lo ha vuelto a hacer. Concluye su Shakespeare descojonándose, literalmente, de todas las teorías, cada una más extravagante que la otra, sobre el tema de la autoría: “la teoría de que Shakespeare no es Shakespeare sería excelente de no ser por la falta de pruebas que la corroboren“. Demasiados paranoicos buscando a cualquiera a quien encasquetarle las obras de Shakespeare.

Disfruto leyendo a Bill Bryson. Y tú también lo harás.

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Publicado el 5 marzo, 2010 en Artematopeya, Cine, teatro, literatura y arte, Nacho A. Llorente, Talento, arte y creatividad. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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