Cuando vengas a Madrid, Hernani

No estamos en 1844 ni la garçon de la foto es la protagonista del Hernani de Verdi. Estamos en Madrid en 2010 y he tomado prestada esta foto de Óscar Martín para invitarte a que, cuando vengas a Madrid, si es que no vives aquí, te acerques a disfrutar de un jugoso mollete de jamón de Jabugo de Huelva en pan de horno templado recién hecho en este rincón art-decó, de todo menos noño, de la calle Claudio Coello nº1, frente al Retiro.

Yo intento hacerme todos los días un regalo personal, tener una pequeña atención hedonista con mis neurotransmisores y conmigo mismo. Un paseo fuera de hora, un pequeño dulce, un masaje lumbar, una siesta con mantita, un rato de silencio absoluto en cualquier parque con algo para leer, una visita inesperada a alguien… Hoy, he elegido cambiar el necesariamente aburrido y acelerado menú habitual de dos a tres por un rato de paz y placer sensorial en Hernani.

Un café y ese mollete que se deshace entre la lengua y el paladar y que te deja un inolvidable rastro de sabor a jabugo en la memoria, 5 euros.

Un segundo mollete, otros 3,40. También los hay con otros rellenos pero el jamón, y si es como éste, me puede.

En total, 8,40 por un almuerzo delicatessen del carajo bendito. Al que piense que es algo caro, que lo compare con el rancho que suele recibir por los 10 euros que puede valer cualquier menú. Já. También hay alguna que otra mesa y una barra de pastelería. Por si a alguien le interesa saberlo.

Atienden Hernani tres pedazo de señoras especialmente atentas, silenciosas, sigilosas, amables y con una onda tan agradable que dan ganas de quedarse un par de horas, después de comer, disfrutando de un buen libro en un oasis tan cálido.

Por cierto, se puede fumar tranquilamente, a pesar de lo cual no se respira el más mínimo olor a tabaco.

Y, además, el jamón es totalmente sano si le quitas la franja blanca y lo disfrutas con moderación.

Dejarás propina. Yo nunca la dejo, menos allí.

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