Hipnosis azul y belleza indescriptible en movimiento

Circula por internet un artículo, creo que de autoría chilena, que afirma que Avatar de James Cameron provoca ansiedad y depresión entre algunos de sus seguidores y no por su falta de calidad o por una eventual oscuridad en su premisa o en su flujo narrativo, precisamente. El origen de tal desorden no es ni más ni menos que el desasosiego que provoca saber que tanta y tan extraordinaria riqueza sensorial no existe en realidad.

El mundo de Avatar ha sido creado para hipnotizar, para transmitir sensaciones directamente a la maquinaria inconsciente y sacral de cada espectador, para estimular la pulpa interior del público humano y traspasar la frontera del lenguaje verbal del cerebro convencional comunicando mensajes, valores y asociaciones con carga positiva directamente a las emociones sin pasar por la razón. Hipnosis de pura lana virgen en formato cine fantástico, épico y excesivo en todos los sentidos.

También se cuenta por ahí que la fábula de Avatar no es más que una réplica adaptada de la Pocahontas de Disney con un par de toques de Alien, de Terminator o de Titanic, también de Cameron… Por no hablar de los que se quejan de que la película fomenta el consumo de tabaco, de que es un refrito -también conocido como plagio– del corpus principalis de la ciencia ficción rusa, de que no se trata más que de una excusa para la filigrana tecnológica o de que el Vaticano, que, como siempre, se empeña en opinar pesada y aburridamente sobre demasiados órdenes de la vida que no les incumben, haya resaltado el peligro que supone convertir a la naturaleza en deidad de una nueva religión… En fin.

Sin temor a destripar ningún intríngulis, puedo adelantar que Avatar no difiere mucho de esas películas americanas en technicolor de mediados de los 50 en la que una pandilla de exploradores (yanquis, por supuesto), con sus buenos y sus malos (también por supuesto), aterriza sin pedir permiso en el territorio de una tribu indígena que vive tan a gusto en su trozo de selva virgen sin carrefúr, sin cortinglés, sin burguerkín y sin cajero automático y casi termina cargándose todo de no ser por un héroe inesperado que consigue preservar aquel oasis de pureza cuya existencia es del todo inexplicable para el avanzado e interesado modelo occidental. The end.

Si eres de la especie racional y sueles ir por el mundo con los orificios de tus sentidos permanente taponados, puedes ahorrarte los 6 euros que cuesta la entrada. En el párrafo anterior, te acabo de contar todo lo que necesitas saber y te estoy ahorrando también el tiempo de tener que apuntar todo lo malo malísimo que ya sabes que vas a encontrar en Avatar para poder hacer después tu apostolado envenenado con la mejor documentación posible.

Ahora bien…

Si eres de los que mantienen sus canales sensoriales abiertos (o, aunque no lo seas, quieres empezar a serlo) y estimulas tu fisiología desde tu núcleo interno enriqueciendo tu experiencia vital con la información que recibes a través de los sentidos, entonces no puedes dejar de disfrutar de Avatar, una auténtica borrachera de sensaciones, emociones, colores, movimiento, armonía, formas y belleza de una potencia extraordinaria. Una creación hermosa, preciosa y estéticamente turbadora. La experiencia de Pandora, el mundo de Avatar, excitará tus sentidos y disparará tu secreción de serotonina, de dopamina, de oxitocina y de endorfinas a chorros. Una hemorragia de placer, sin más.

Y, además, la distópica utopía narrativa de un modelo social construido sobre la comunicación emocional y la armonía global en red es cálida, positiva y completa la sensación de bienestar. Que aprenda la sub-especie de los políticos cómo se hace comunicación efectiva.

Sobresaliente cum laude y matrícula de honor para la dirección de arte, para el equipo de artistas gráficos, para el realizador y para los operadores (digitales) de cámara. Chapó.

Y para James Horner y su música, también.

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Publicado el 14 enero, 2010 en Artematopeya, Cine, teatro, literatura y arte, Nacho A. Llorente, Talento, arte y creatividad, _Persuasión & comunicación. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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