Queso por toneladas, pero con agujeros

Aburrizante (de aburrir; nada que ver con burrismos) la cantidad de horas que están dedicando radios y televisiones a idioteces del tipo:

– A ver, oiga, y sus propósitos para el nuevo año, ¿cuáles son?

Como dicen en mi pueblo, creer o reventar, pero ya no puedo decirlo ni más alto ni más claro: ¡QUE TE ESTÁN INTOXICANDO, COÑO!. Que conste que no suelo hablarle así a mis clientes aunque, en realidad, tampoco tiene importancia alguna. Es el lenguaje del beyond-consciente y sería inútil intentar coartar la comunicación a borbotones que ocurre en el nivel emocional. Si no es por la boca, se manifiesta a través de otros mecanismos, así que, en el fondo, es lo mismo… El caso es que la burbuja cultural que nos rodea no deja de presionar. No hay descanso en las perversas maquinaciones de la psique social. ¿Te has preguntado alguna vez cuál es la consecuencia de que tu cerebro haya sido hábilmente programado para que posponga continuamente el disfrute del bienestar y de la felicidad?.

– Mamá, ¿cuando vamos a comer pan de hoy?
– Mañana, hijo. Mañana…

Puede que no te hayas dado cuenta pero, si eres de los que permiten que sus días transcurran estérilmente uno tras otro sin dejar de pensar en lo que tendría que ocurrir mañana para que te sientas a gusto, feliz y estupendamente, entonces deberías acercarte a cualquier supermercado y empezar a comprar queso por toneladas porque resulta que te has convertido en… un hamster. Demasiadas personas viven, sin darse cuenta, en una de esas ruedas de plástico en las que los hamsters corren y corren hacia ninguna parte durante horas sin parar. Es probable que, en su diminuto cerebro, no exista ningún mecanismo que les permita entender que están desperdiciando para siempre el tiempo que le dedican a correr hacia un destino que no existe. Es la simple existencia de esa rueda la que les impide sentirse a gusto, feliz y estupendamente con cada segundo de su vida y nunca sabrán lo que habrán dejado de experimentar, vivir, disfrutar o sentir durante todo ese tiempo que han perdido por desplazar su foco emocional y vital hacia el futuro en lugar de vivir cada momento del presente.

Cuando la cigüeña nos deja caer, una de las primeras creencias tóxicas que aprendemos, disfrazada de valor social y de señal de inteligencia, es que hay que pensar siempre en el futuro. Después, los sistemas sociales se encargan de reforzar constamente semejante mentira hasta que termina convirtiéndose en un valor aprendido y grabado a fuego. Y, a partir de entonces, la mayoría de las personas se pasan el resto de su vida boicoteando su estado natural, que no es ni más ni menos que el de ser feliz, sentirse bien, disfrutar de las sensaciones y de las emociones, porque su programa mental se resume en un me sentiré bien cuando…, seré feliz cuando…, habré tenido éxito cuando… Y, para ellos, eso siempre ocurrirá mañana, nunca hoy. Aunque a simple vista pueda parecer puro sentido común, sólo hay que observar las vidas miserables de tantas celebridades, deportistas o individuos famosos para entender que no se trata más que de una ilusión que los mantiene corriendo en la rueda de la jaula y en cuya meta lo único que hay es nada. Cuanto más posponen la elección de vivir a full cada día, más se acostumbran a la perversidad del tengo que luchar, tengo que obtener, necesito llegar a.

– Pero si no tuviera esa creencia, no estaría motivado para hacer nada…

Mentira. Y gorda. Nadie ha nacido creyendo semejante estupidez y, a pesar de ello, todos hemos encontrado dentro de cada uno la motivación necesaria para aprender a caminar, a usar las manos, a jugar, a jugar, a abrazar, a querer, a conectarnos con otras personas. Todos nacemos con un sentido natural de curiosidad, de crecimiento, de deseo de explorar el mundo que nos rodea y de crear y hacer ocurrir todo aquello que nos apasione. Cuando alguien te dice:

– Pero si no tuviera esa creencia, no estaría motivado para hacer nada…

… en realidad está queriendo decir:

– Pero si no tuviera esa creencia, entonces no estaría motivado para hacer todas esas estupideces que casi nunca quiero hacer pero que me veo obligado a aceptar porque es el modelo social con el que la mayoría hemos sido sugestionados para creer que es lo que necesitamos si queremos estar bien, sentirnos bien, ser felices…. y ser socialmente aceptables.

Basta ya. ¿No vas a hacer nada con esta imbecilidad impuesta de desperdiciar el presente? Te recuerdo que SOLO SE VIVE UNA VEZ, así que:

1) Haz una lista (pero hazla de verdad: escríbela) con algunas de las cosas más obvias que hayas pospuesto hasta hoy:

  • Seré feliz cuando haya perdido veinte quilos.
  • Me sentiré realizado cuando deje este trabajo que no me gusta y empiece a trabajar en lo que realmente me gusta.
  • Me sentiré seguro cuando tenga ahorrados 40.000 euros.
  • Habré alcanzado la meta cuando consiga aprobar las asignaturas que me faltan.

2) Y, ahora, pregúntate lo siguiente:

  • ¿Qué pasaría y que significaría para ti darte cuenta de que no necesitas nada de lo que hay en esa lista para ser feliz porque, en realidad, no tiene nada que ver una cosa con la otra y no existe ninguna relación entre una estúpida lista y tu capacidad innata para ser feliz y sentirte bien?.
  • ¿Estarías dispuesto a considerar la posibilidad de que no es cierto que tengas ni la obligación ni la necesidad de hacer nada para ganarte el derecho a sentirte a gusto, bien y feliz?

3) Detente un momento y piensa unos instantes sobre lo que acabas de hacer sóla y exclusivamente porque te ha gustado la idea: has empezado a plantearte la posibilidad de hacer las cosas porque te da la gana y hacerlas cuando te apetezca; por ejemplo, hoy mismo.

Porque te apetece, porque tienes ganas, porque te da la gana. Perderás peso porque te da la gana, porque quieres sentirte ligero y porque quieres disfrutar de la energía de tu cuerpo. Dejarás de fumar porque te da la gana. Estudiarás lo que tú quieras porque disfrutas haciéndolo.  

Todos nacemos con una motivación y un deseo innato que, a menudo, queda oscurecido por la maldita lista de cosas que deberíamos estar haciendo ya o que deberíamos forzarnos a hacer. Hay que esto, hay que lo otro, hay que lo de más allá, hay que, hay que… Cualquier médico estaría de acuerdo conmigo en que debería perder peso… Cualquier economista estaría de acuerdo conmigo en que debería conseguir tener unos ingresos regulares… Bla, bla, bla. Si estás haciendo algo porque crees que deberías, y sobre todo si es siguiendo indicaciones de alguien, entonces estás corriendo el peligro de volver a caer en la rueda que gira. Y esa rueda te roba tu derecho natural a estar bien hoy, a ser feliz hoy, a vivir a pleno hoy.

¿No te parece que la mejor manera de empezar cada día es preguntándote: bueno, y… ¿qué tengo ganas de hacer hoy para sentirme mejor que nunca y que sea el mejor día de mi vida?.

Y, ahora, haz un burruño con la lista de deberes y tírala por el inodoro porque nunca más volverá a hacerte falta.

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Publicado el 8 enero, 2010 en Artematopeya, Nacho A. Llorente, _Persuasión & comunicación. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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