Caminito de Valencia, Km 175

Cuando viajo a Valencia o regreso de Ella, siempre, sin excepción, programo parada en un lugar que destaca en mi agenda como medalla de oro de la especie bares de carretera. Es el Mesón Los Rosales, ubicado exactamente en el kilómetro 175 de la radial A-3, en Atalaya del Cañavate.

Vayas o vengas, toma la salida 175 (que anuncia gasolinera, restaurante, alojamiento…). El indicador insistirá en llevarte al área de servicio Way Atalaya Área 175, uno de esos lugares ruidosos, sucios, caros y malolientes que abundan en nuestro sistema de carreteras, le pese a quién le pese.

No pasa nada. Justo enfrente, tras unas tinajas enormes que ya me gustarían a mí para mi jardín (cuando lo tenga), está Los Rosales. Un lugar especial y artematopéyico de manual. De momento, el equipo que atiende el local es cálidamente agradable, se queda con tu cara y te saluda amablemente cada vez que vuelves a aparecer por allí y hace bien su trabajo por sistema: a pesar de sus semblantes algo recios (no confundir con malencarados), su trato es impecable y cuidadoso. La cocina es sencilla pero extremadamente limpia, sabrosa y abundante. Ese pan… por dios, prueba una de sus sencillas tostadas de tomate en pan de pueblo o cualquiera de sus bocadillos. Morirás de placer gustativo y kinestésico. 

Si tienes tiempo, quédate a comer. Es también un maravilloso restaurante con parrilla y una carta estupenda y de precio asequible.

Además, en Los Rosales gusta el murmullo silencioso. No admiten la parada de autobuses de línea ni de ningún otro tipo. Tampoco se puede fumar. Pero, aún así, siempre tienen gente disfrutando de un descanso en la ruta. Porque su calidad es estupenda y sus precios también; pagarás lo mismo que en el bar de cualqueir esquina de tu ciudad. Además, los cuartos de baño son espaciosos y están inmaculadamente limpios. El detalle del dispensador de Listerine, a pesar de la inconveniencia de este producto (que no sólo no elimina las manchas dentales sino que las fija y las hace aún más permanentes; yo que tú me informaba…), es un ejemplo más de la calidad de su servicio.

Este cartel cuelga de una de sus paredes.

Les pregunto que qué tal y me responden con una sonrisa que allí no existe la crisis, que siguen teniendo la misma clientela y que no paran de trabajar.

Su modelo funciona.

Los Rosales es un bar de carretera porque está ubicado junto a una carretera. Pero, si estuviera en cualquier capital, haría quebrar a su competencia. Porque hacerlo tan bien, a pesar de ser tan sencillo, a los demás les debe parecer muy difícil porque ni siquiera lo intentan.

Te invito a que te pases por allí. Merece la pena y hará que tu ruta termine siendo más agradable.

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Publicado el 30 diciembre, 2009 en Artematopeya, De todo un poco, Nacho A. Llorente, _Persuasión & comunicación. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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