Aquí un creador, aquí unos amigos

No hay nada más repugnante que escuchar a un escritor hablando mal de otro escritor. Eso no se hace, entre otras cosas porque el trabajo de escribir no está sujeto a ningún canon y no existe una unidad de medida normalizada para la evaluación objetiva de la calidad literaria. Como en todo arte, la capacidad de maravilla se la pone el que lo usa, no el que lo produce.

Como yo mismo escribo pero aún no tengo nada publicado en formato libro, me voy a saltar a la torera mi propia opinión y me voy a regalar la licencia de decirle a Michael Moorcock que es un pobre gilipollas y que toda su parida mental del multiverso y de Elric de Melniboné y de Corum y del resto de imbecilidades que escribe son una auténtica, genuina, infumable y maloliente mierda. Si. Basura alucinógena de un juntaletras medio analfabeto muy pagado de sí mismo cuyo concepto de la literatura y la fantasía se reduce a inundar páginas interminables de nombres propios inventados escasamente imaginativos e insistentemente repletos de y griegas, uvedobles, équises, haches y jotas. Y tan mal traducido al español que, si en inglés resulta pedante y estúpido, en castellano sólo debería servir para envolver bocadillos.

¿Quién se ha creído este gordinflón pretencioso como para opinar sobre el trabajo de un brillantísimo humanista, lingüista y filólogo como John Ronald Reuel Tolkien,  que nunca en su vida se tomó la libertad de opinar sobre el trabajo de nadie y cuya única ocupación fue la de crear en el ámbito de la literatura y del saber con una actitud de excelencia por pocos igualada y por aún muchos menos superada?

El señor de los anillos de Peter Jackson es una creación maravillosa, un guiso audiovisual de cinco estrellas y una lección de lo que es tener pasión por algo en la vida. Gigantiásica, preciosista, espectacular y fantástica en todos los sentidos. ¿Con algunos agujeros e incluso algo mejorable?. Quizás. Pero si George Lucas se puede permitir el lujo de montarse una carrera profesional y un auténtico imperio empresariial que ya dura 40 años retocando una y otra vez la misma película, no veo por qué Jackson no podría hacerlo si quisiera. Ha sido durante una reciente revisita a los mundos de Jackson que me ha vuelto a la memoria aquel artículo que hace ya veinte años se marcó el mediocre de Moorcock analizando, como si a alguien le pudiera interesar su opinión, la obra de Tolkien. El artículo, titulado Epic Pooh, es deliberadamente ofensivo: maniobrando con un texto que hace inexplicablemente referencia al personaje de Winnie the Pooh, en el título termina por levantarse la falda de la ambiguedad fonética para enmascarar con un políticamente correcto “un Pooh épico” el verdadero mensaje subyacente, que no es otro que el de “una mierda épica” (poo=mierda). 

Que no te guste el género de la fantasía o la propia obra de Tolkien es comprensible y no admite opinión alguna. Cada uno lee lo que le da la gana y santaspascuas. Pero sólo que un aborto como Moorcock, un bocazas analfabeto sin estudios y con escasas aptitudes para la escritura, se crea capaz de valorar ni siquiera de pasada la maestría creadora e intelectual de un scholar como Tolkien debería provocarnos el peor de los miedos. Porque lo que ese señor, por decir algo, escribe lo leen otras personas. ¿Qué coño tienen que ver las memeces y fantochadas del aburrido discurso habitual de izquierdas con disfrutar de una buena lectura? ¿Habrá leído Zapatero mucho a Moorcock? Porque muchas de las gilipolleces que dicen tanto el uno como el otro se parecen demasiado… Léete el artículo. No tiene desperdicio.

El señor de los anillos de Tolkien es otra creación maravillosa a la que los filólogos le rendimos pleitesía. Si no eres filólogo, no entenderás demasiado el porqué. Y cuando algún filólogo la denosta es, sin lugar a dudas, solo por asquerosa y verde envidia. Pero ojo. Que nadie se piense que este párrafo tiene alguna relación con Moorcock. Eso no es filólogo. Ni ninguna otra cosa.

No me voy a cansar de repetir nunca que eso de que la cultura y el saber son un privilegio de la izquierda es una estupidez y, sobre todo, la más pretenciosa de las gilipolleces. La cultura y el saber son patrimonio de la inteligencia humana y, lamentablemente, la mayoría de los zurdos que reclaman esa propiedad demuestran con su mediocre y tibia actitud, por no hablar de su pobre capacidad de expresión, que lo de dime de lo que presumes y te dire de lo que careces es, muy a pesar mío, un dicho popular que ellos mismos hacen verdad. Si es que solo hay que escuchar a Pepe Blanco, a Leire Pajín o a la vicepresidente del gobierno…

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Publicado el 25 noviembre, 2009 en Artematopeya, Cine, teatro, literatura y arte, De todo un poco, Música y energía, Nacho A. Llorente, Talento, arte y creatividad, _Persuasión & comunicación. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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