Un ejercicio de observación

ChinaWC2

Los sábados por la tarde, de camino al local de ensayo, suelo parar en algún bar a eso de las cuatro para tomar un café, pasar el repertorio del día por última vez y, si se tercia, devolver a la Naturaleza una parte de los dos o tres litros de agua que me presta a diario. Hasta hace dos o tres semanas, había ido cayendo en improvisado circuito por varios locales apostados en los márgenes de mi trayecto habitual pero sin haber encontrado ese lugar transitorio en el que, por un rato, parece que encuentras exactamente el rincón que necesitas: silencioso, tranquilo, individual y, sobre todo, atendido amablemente por alguien que practica la sonrisa además de la invisibilidad. Por lo general, nuestros camareros son ruidosos, mal encarados, entrometidos e impertinentes. Y, además, meten los dedos en los platos, limpian con la misma balleta el fregadero, la tabla del jamón y la trampilla del horno y tienen el don de la inoportunidad: si pueden interrumpir una conversación, lo hacen; si pueden hacerte levantar para recoger un café de la barra en lugar de acercártelo a la mesa, lo hacen; si pueden colarte un plato que no has pedido, lo hacen; si pueden colarte algo en la cuenta, lo hacen. En fin, que la vida, como el fútbol, es así (para que luego digan que no existen ni las presuposiciones ni las creencias ni el subtexto).

El caso es que, después de muchas semanas buscando desesperadamente la ubicación de ése, mi bar, para mi ratito de calentamiento protegido de camareros plomos y ruidosos, hoy he parado por voluntad del azar en una cafetería de nombre impronunciable. He dejado mis cosas sobre una mesa, he pasado por la barra para pedir un café, he entrado en el cuarto de baño y…

Te quiero proponer un ejercicio de observación. La foto que ilustra este artículo no tiene, aparentemente, nada de particular. Pero si vuelves a leer el post desde el principio y observas la foto con detenimiento deberías descubrir algo sobre el motivo de la instantánea. La imagen no está manipulada y contiene, al menos, tres (o hasta cuatro) pistas o detalles que te pueden sugerir la información que no se muestra pero que puede ser reconstruida. Es un estupendo ejemplo de conceptos como el de perspectiva, el de prejucios socio-culturales, el de agudeza sensorial o el de flexibilidad, entre otros.

El próximo martes 10 de noviembre podrás leer la solución en NO ESPERES A QUE SUCEDA. Te invito a que aceptes el reto de proponer una respuesta para este ejercicio: info@artematopeya.es.

;-)

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Publicado el 31 octubre, 2009 en Artematopeya, De todo un poco, Música y energía, Nacho A. Llorente, _Persuasión & comunicación. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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