Archivos Mensuales: octubre 2009

Un ejercicio de observación

ChinaWC2

Los sábados por la tarde, de camino al local de ensayo, suelo parar en algún bar a eso de las cuatro para tomar un café, pasar el repertorio del día por última vez y, si se tercia, devolver a la Naturaleza una parte de los dos o tres litros de agua que me presta a diario. Hasta hace dos o tres semanas, había ido cayendo en improvisado circuito por varios locales apostados en los márgenes de mi trayecto habitual pero sin haber encontrado ese lugar transitorio en el que, por un rato, parece que encuentras exactamente el rincón que necesitas: silencioso, tranquilo, individual y, sobre todo, atendido amablemente por alguien que practica la sonrisa además de la invisibilidad. Por lo general, nuestros camareros son ruidosos, mal encarados, entrometidos e impertinentes. Y, además, meten los dedos en los platos, limpian con la misma balleta el fregadero, la tabla del jamón y la trampilla del horno y tienen el don de la inoportunidad: si pueden interrumpir una conversación, lo hacen; si pueden hacerte levantar para recoger un café de la barra en lugar de acercártelo a la mesa, lo hacen; si pueden colarte un plato que no has pedido, lo hacen; si pueden colarte algo en la cuenta, lo hacen. En fin, que la vida, como el fútbol, es así (para que luego digan que no existen ni las presuposiciones ni las creencias ni el subtexto).

El caso es que, después de muchas semanas buscando desesperadamente la ubicación de ése, mi bar, para mi ratito de calentamiento protegido de camareros plomos y ruidosos, hoy he parado por voluntad del azar en una cafetería de nombre impronunciable. He dejado mis cosas sobre una mesa, he pasado por la barra para pedir un café, he entrado en el cuarto de baño y…

Te quiero proponer un ejercicio de observación. La foto que ilustra este artículo no tiene, aparentemente, nada de particular. Pero si vuelves a leer el post desde el principio y observas la foto con detenimiento deberías descubrir algo sobre el motivo de la instantánea. La imagen no está manipulada y contiene, al menos, tres (o hasta cuatro) pistas o detalles que te pueden sugerir la información que no se muestra pero que puede ser reconstruida. Es un estupendo ejemplo de conceptos como el de perspectiva, el de prejucios socio-culturales, el de agudeza sensorial o el de flexibilidad, entre otros.

El próximo martes 10 de noviembre podrás leer la solución en NO ESPERES A QUE SUCEDA. Te invito a que aceptes el reto de proponer una respuesta para este ejercicio: info@artematopeya.es.

;-)

El PAW de Gilsoft revisitado

pawres

Hace unas semanas adelantaba algo sobre el lanzamiento de un nuevo sitio by Artematopeya con cuyo trabajo de documentación y de diseño estaba disfrutando especialmente. Pues bien. Ya está en línea.

Se trata de The PAW Reservoir.

Allá por el 85, no existían las consolas pero sí el ZX Spectrum, un ordenador doméstico diseñado por Clive Sinclair que revolucionó el mercado del entretenimiento computerizado. Esta pequeña y limitada máquina fue capaz, a pesar de sus escasas especificaciones, de provocar un quantum leap en el proceso de popularización de la informática y creó en torno a sus 48k de memoria todo un sector económico sin nada que envidiar a los que hoy día se disputan Nintendo para su DS o Sony para su Playstation.

Como siempre ocurre con todo aquello que, de alguna manera, tiene que ver con la innovación y con la creatividad, lo obsoleto suele recuperar el protagonismo cuando le llega su siguiente Edad de Oro. Las tecnologías evolucionan y mejorarn sus recursos y entonces suele aparecer la tendencia retro. Las máquinas más modernas motivan a las cabezas creativas para reproducir de forma virtual los diseños anticuados en los avanzados circuitos de los nuevos soportes. Es lo que se conoce como emulación. Es ya habitual encontrar software de emulación de ordenadores antiguos que corren en máquinas actuales sobradas de potencia. Y así ocurre con el ZX Spectrum. Hay emuladores para ordenadores de sobremesa, para PDAs, para móviles, para DS, para Gizmo…

Los primeros PC de sobremesa apenas podían manejar gráficos. Los usuarios adaptaban la usabilidad a los recursos disponibles y el PC se convirtió en un electrodoméstico que asumió no sólo funciones de gestión. El ocio era todo un sector también por revolucionar y se adaptó rápidamente a la realidad del nuevo invento. Sin gráficos y con poca memoria, los primeros juegos echaron mano del único recurso disponible y compatible con el código de comunicación humano: las palabras. Y surgieron las aventuras de texto y la ficción interactiva, juegos fantásticos y creativos en los que las situaciones del juego, en lugar de dibujarse en la pantalla, se describían con texto y el jugador, en lugar de manejar un joystick, escribía en lenguaje natural las órdenes de juego (NORTE, ABRE LA PUERTA, SAL, ABRE EL BAÚL Y SACA LAS TIJERAS…).

El género de las aventuras conversacionales, de texto o ficción interactiva fue una auténtica bomba. Aquellas aventuras fantásticas y tan divertidas (las que eran buenas) se vendían como churros, generaban miles de puestos de trabajo y miles de millones (sobre todo, de dólares y de libras) de beneficios. Se programaban usando complicados lenguajes y las compañías comerciales competían porque sus herramientas de desarrollo (sus parsers) fueran cada vez más potentes y mejores que las de su competencia. Las grandes marcas atesoraban sus sistemas de desarrollo como si fueran auténticos diamantes. Y las aventuras de texto terminaron pasando del PC a los micro-ordenadores.

Todo el mundo quería jugarlas. Todo el mundo se moría de ganas por saber cómo escribirlas. ¡En un ZX Spectrum!. Una tarea imposible hasta que Gilsoft, una pequeña empresa británica, lanzó The Quill para ZX Spectrum, la primera herramienta comercial seria que permitía a los creativos jugones de todo el mundo escribir con relativa facilidad sus propios juegos y comercializarlos. Después llegó el GAC de Incentive Software. Pero la estrella terminó siendo The Professional Adventure Writer (The PAW), de Gilsoft otra vez…

The PAW fue toda una revolución. En unos escasos 12K de memoria se empaquetaba un pedazo de programa que permitía desarrollar aventuras de texto sin escribir una sola línea de complicado código informatico. Una vez superado el furor comercial de las aventuras de texto por la presión de las máquinas de 16 bit y por las atractivas capacidades gráficas de los nuevos ordenadores, la creación independiente hombrew tomó el relevo, produciendo centenas de títulos con The PAW y manteniendo en perfecto estado de salud comunidades que hoy, gracias a internet, siguen vivas y coleando.

Yo era uno de esos adictos al PAW. Y lo sigo siendo. Lo he seguido utilizando en todas mis máquinas portátiles (en mi antigua PDA, en mi alucinante y penosamente obsoleto pero perfectamente conservado y en funcionamiento PSION 5, en mi Nintendo DS) y es, incluso tantos años después, una auténtica gozada. Es muy estimulante experimentar que, a pesar de la escasez de los recursos de programas como éste, el cerebro es capaz de retorcerse para encontrar la forma de codificar un puzzle con un sencillo lenguaje de unas cincuenta palabras que en comparación con los apabullantes e inabarcables C++ y .NET o los APIS OpenGL o DirectX no es más que una mosca. Qué digo una mosca. Un átomo. La pata de un átomo. La uña de la pata de un átomo.

Tanto este reservorio como el propio PAW son un entretenimiento comfortable que me conecta con las sensaciones asociadas a un momento de mi vida divertido, creativo y experimental. De algún modo, todo lo que aprendí e implementé con el PAW fue una semilla de muchas de las cosas que hoy sé hacer. Lo llevo cargado en mi DS y es como volver a tener un Spectrum entre las manos. Y me encanta regresar a una época que me encantó vivir gracias a esta kinestesia.

Nunca he publicado nada de lo que he escrito con el PAW. Pero esto va a cambiar en breve. Mientras, sigo utilizando el PAW por el mero hecho de hacerlo. Y esto es importante. Muy importante. Extremadamente importante.

Por cierto, ¿sabías que los códigos de expresión artística -la música, la escritura, el dibujo, el juego…- tienen la extraordinaria capacidad de estimular los dos hemisferios de tu cerebro de forma conjunta y combinada, potenciando así procesos cognitivos de abstracción, de creatividad y de desarrollo intelectual (entre otros) que pueden ayudarte a mejorar tus capacidades personales, a facilitar la resolución de problemas, a mejorar tu estado emocional y físico?

La máquina de hacer antonios

Machine

– ¿Cómo se llama la máquina de hacer antonios?
– Antonio Machín.

Es que la inspiración me ha pillado trabajando mientras preparaba unos concept characters con la impagable Hero machine, una aplicación web para diseñar personajes fantásticos perfecta para sketches rápidos o ideas creativas. En realidad, hay más de una de estas máquinas de hacer Antonios. Puedes bocetar superhéroes, pero también personajes de la vida real con la Real life edition, artistas con la Rockstar edition, posters para tu camión con la Pin-up edition, terminators posmodernos con la Modern day warrior edition, trolls y orcos, zombies

Si eres creativo, de cualquier disciplina, guárdala en Mis Favoritos. O, mejor, en los tuyos.

Y si tienes críos, se convertirá en un amigo. Hala, niños, a pintar.

¿Cuantos posters te caben la pared?

Tú también tienes superpoderes

Superheroe

Vivir en Madrid y sentir tranquilidad y paz interior parecen ser dos hechos poco compatibles. Por el tráfico, por la lluvia, por las interminables obras, por las prisas. Por el exceso de tiempo robado a situaciones y vivencias felices, satisfactorias, afectivas y gratificantes como disfrutar de una película, de la compañía de aquellos con los que te sientes feliz, de pasear, de hacer deporte, de la emoción de un hipnotizante libro o de una calentita y reconfortante siesta.

El modelo de vida que la retorcida dinámica del mundo ha ido tejiendo y que tanto nos empeñamos en venerar tiene mucho de mentira cochina y de manipulación de la tonta y estéril masa social. ¿Quién ha dicho que el paradigma del éxito es pasarse la mayor parte del día perdiendo el tiempo con cosas que no tienen ningún valor? ¿Dónde pone que un señor con traje azul y corbata es más inteligente, más triunfador o más feliz? ¿Dónde está escrito que lo más importante en las vidas de las personas es la bolsa, el mercado, la globalización, lo empresarial, la macroeconomía o lo comercialmente social?

No tiene sentido que cada día desperdiciemos obstinadamente noventa minutos entre coches, bocinas, frenazos y semáforos. Levantarse a las seis de la mañana para caminar durante media hora y tonificar el cuerpo, disfrutar de una ducha fresca, tomar un buen desayuno escuchando tu música favorita, escribir o leer un rato… estas sí que son cosas que deberíamos hacer antes de las ocho cada mañana. Empezaríamos el día con una buena dosis de energía y con nuestras capacidades dispuestas y en un auténtico estado de excelencia para crear y generar valor.

Lamentablemente, somos pocos los que podemos hacerlo. Y ni siquiera todos los días.

Sé de buena tinta que cada uno ha de sentirse cada segundo de su vida como un auténtico Superman. Es lo natural. Así hemos nacido todos. No para blandirlo delante de nadie, no para demostrarle al jefe que eres mejor que el del despacho de al lado, ni para ganar más dinero, ni siquiera tampoco para ser el mejor de entre todos tus amigos. No. Hay que sentirse como un auténtico Superman por el placer, la energía y la satisfacción de quererse, de disfrutarse y de sentirse pleno uno consigo mismo. Desasociar la increíble aventura personal de vivir de los entornos, de los sistemas, de los alrededores, de la construida farsa social que atenta cada minuto contra tu individualidad y tu invadida intimidad personal. Cuidarse, cultivarse, alimentarse bien, hacer cosas que te hagan feliz, ser afectivo, vivir emociones reales… Basta de perder el tiempo en centros comerciales y en consumir  compulsivamente para evitar tener que ocuparse de los vacíos personales.

Yo me siento como un Superman, aunque haya sido siempre más de Spiderman. En el fondo, da igual el superhéroe que elija cada uno. El caso es que soy adicto a sentir la energía corriéndome por las venas. Tengo las emociones lo suficientemente engrasadas como para no dejarme manipular (demasiado) por bloqueos, intereses, presiones, hábitos, esquemas o conspiraciones sociales y para reaccionar con flexibilidad. Por eso, procuro ejercitar cada día dos de mis superpoderes: la paz emocional y la dieta cerebral. Me subo al coche cada mañana sobre las 06:30. Hace unos meses podía salir más tarde, porque en Madrid no había tantas obras ni tantos atascos. Duchado, paseado, desayunado, cantado y repleto de buen rollo. Ahora, hasta que no terminen de construir rotondas y de abrir zanjas para volverlas a cerrar, he tenido que modificar mis horarios pero manteniendo toda la flexibilidad posible para poder seguir haciendo las cosas que me hacen bien y seguir empezando el día con mi sana dieta cerebral.

Enciendo el contacto del coche, cedo el control a mi inconsciente (él es el que sabe conducir, no yo) y enchufo el CD. Cada semana dedico un rato a convertir textos en audio con uno de esos programas de síntesis de voz, así que tengo audiolibros de todo tipo según me apetezcan. También puede tocar repaso de idiomas. O ensayo de canto sobre ruedas. O, simplemente, música de fondo para acompañar reflexiones y apuntes mentales variados y diversos: el contenido de un próximo taller, algún artículo, alguna idea a desarrollar… Todo ello, salteado con un desayuno en marcha de cereales secos. La máquina está activa y productiva generando energía mientras el inconsciente conduce. Me siento bien cuando en mi cerebro hay electricidad en movimiento. No siempre es fácil mantener el enfoque y, en ocasiones, el coco te trae de golpe a la consciencia si es necesario para tu seguridad y tu integridad. Una vez resuelta la distracción, es posible que te cueste regresar al interior. O que el entorno te provoque una sobreestimulación de ruido, imágenes o dinámicas a tu alrededor que termine provocándote una reacción alterada. Es entonces cuando hay que activar la paz emocional, uno de los superpoderes más poderosos de todo ser humano.

Se trata, simplemente, de dejar que la paz dirija tus emociones.

No pasa nada porque alguien te toque la bocina. Sólo es el sonido de un pito.

La paz interior y sus estados asociados (de felicidad, tranquilidad, afecto, serenidad, de plenitud…) son, aunque algunos no se hayan dado cuenta todavía, los objetivos que se encuentran grabados en los genes fisiológicos y emocionales de absolutamente todos los seres vivos. ¿Quién puede no querer ser feliz, sentirse pleno y satisfecho, divertirse y disfrutar?. Muchos no han traspasado aún la frontera exterior hacia su inconsciente y su organismo emocional, empeñándose en mantener malsanas dependencias con su entorno y desperdiciando su energía para el mejor estar de otros en lugar de aprovecharla y explotarla para el suyo propio. No han descubierto todavía que allí dentro está la verdadera realidad y el secreto de la plenitud, de la energía y del crecimiento personal.

Es todo tan sencillo como, simplemente, hacer de la paz emocional tu actitud principal.

Vivir en paz emocional no significa que tengas que ir sonriendo con cara de idiota por todas partes diciendo a todo que sí. O que no puedas tener otros objetivos. Simplemente, significa la práctica de que ni tu energía ni tu estado interno ni tus emociones pueden ser manipulados por nada que ocurra fuera de ti. Así de simple. Desprenderse de neurosis psicóticas inducidas y apegos malsanos. En cualquier situación, tu actitud refleja tu paz emocional. En cualquier interacción, tu objetivo primario es la paz emocional. Siempre que haya una posibilidad de elección, eliges la paz emocional.

Y quien dice un coche dice un amigo, un familiar, un jefe, un vecino o la frutera de tu barrio. Empieza a cuidarte tú en lugar de perder tu tiempo prestando una excesiva atención a lo que necesita o demanda tu entorno. Interacciona pero sé tú quien defina tus límites. Cada uno es libre de elegir cómo quiere vivir. Si hay personas que prefieren mantenerse exclusivamente fuera de ellos mismos, allá ellos. Se lo están perdiendo.

Y es bueno que también sepas que el semáforo no se pone en rojo para fastidiarte a ti.

Ejercitar tus superpoderes no eliminará de tu vida los conflictos con otras personas; es más, posiblemente tendrás que atravesar un proceso de transición en el que muchas interacciones de tu entorno, de tu campo, reaccionarán violentamente para evitar que escapes a la trampa y a la manipulación neurótica en la que puede que te encuentres atrapado. Pero no durará mucho: tu limpieza llegará a ser total y tu nueva perspectiva, de repente, te lanzará a un hiperespacio vital alucinante en el que encontrarás recursos que te harán disfrutar a full de ti mismo y de tu vida.

"House of tribes" de Garry Kilworth

Tribes copia

Un día de febrero de 2000, no siendo aún mucho más de las seis (lo cual puedo asegurar porque en Amsterdam las empresas dan por terminada la jornada a las 17:00 religiosamente y desde mi oficina no tardaba más de treinta minutos en llegar a Leidseplein – ¿te acuerdas, Móni-K? – con el tram 5 y desde allí otros diez hasta Spui), salía por la puerta de la librería Atheneum con mi House of tribes en la mochila.

Mi amigo Garry (Jedecá para los amigos) es un creador con artematopeya por arrobas. Versátil, hiperproductivo, de lenguaje rico y penetrante y con una capacidad para la creación asombrosa, admirable y envidiable. Es un mago de la evocación visual y emocional a través del lenguaje escrito y su capacidad de fantasía, de invención, de aventura y de imaginación es tan alucinante que me provoca, lo reconozco, la peor y más asquerosa de las envidias. Admiro a las personas que, además de talento y habilidades, tienen artematopeya y disfrutan tan apasionadamente del juego de crear ilusiones. A Garry no hay quien le ponga etiquetas. Escribe literatura infantil y juvenil, ciencia ficción y fantástica, novela histórica, fábulas y alegorías de animales antropomorfizados, terror, thriller y qué se yo qué más. Su estilo es siempre excitante e inteligente. Maneja como nadie el misterio, la sorpresa y la vuelta de tuerca. Ama la vida y la aventura de crear y escribe porque sino se moriría (si estuviera prohibido escribir, yo sería un criminal, cuenta Garry). Su actitud personal es tan sana, tan sencilla y tan soñadora que, simplemente, hace él un tipo realmente excepcional. Y, además, tiene una habilidad especialmente maravillosa: sabe hablar el idioma de los niños. Como escritor infatil y juvenil, lee conferencias y talleres en colegios y centros especiliazados y mantiene engrasada e intacta su capacidad de aprender.

Su producción es ingente como pocas. Sus premios también son muchos y muy bien merecidos. Sus obras se traducen a más de 17 idiomas, incluido el hebreo y el japonés. Es una bestia creativa a la que todo el mundo debería tener la oportunidad de conocer. Nació en York allá por los mil novecientos cuarentas. Se pasó media vida viajando de aquí para allá por los destinos de su padre, oficial de la Royal Air Force. En Yemen, por ejemplo, desarrolló su afición por la lectura además de la habilidad experiencial de observar y vivir la cultura de Kipling que luego volcaría de algún modo en todos sus libros sobre animales, incluido La casa de las tribus. A los 15 años, ingresó en la escuela de aprendices de la RAF, en la que permaneció durante 17 años en los que, además de trabajar, escribió, escribió y escribió. Hasta que ganó su primer premio Gollanc de relato corto y decidió que necesitaba abandonar la RAF y mejorar su educación. Se graduó en el King’s College de la Universidad de Londres pocos años después con matrícula de honor. Nunca pensó que nunca fuera tarde.  

Su serie de novela histórica ambientada en la guerra de Crimea (la serie de Jack Fancy Crossman) no para de recibir elogios y premios. Sus libros juveniles (Garry haría tan buenas migas con Joan Manuel Gisbert…) son un canon respetado y apreciado por la industria (Attica, Jigsaw, The electric kid…). Sus ficciones adultas (Angel, Archangel, Songbirds of pain… ) y sus fantasías pre-adultas en la cultura del viaje en el tiempo (Theatre of Timesmiths y el recientemente publicado La ciudad de las cien torres) son magistrales, hábiles, profundas y multicapa. Es un autor increíble… que apenas se puede leer en español.

House of tribes es otra de sus ficciones adultas (que nadie se deje engañar por el diseño de la sobrecubierta) que, sí, cuenta el viaje iniciático de un ratón llamado Peddlar hasta el lejano, enigmático y peligroso país conocido como La Casa, habitado por múltiples clanes roedores pero también por un convencional perro, por más de un insidioso y cínico felino y por los gigantes Nudniks (nudnik, un-kind, en fin… por los humanos, vaya). Garry es un maestro en la caracterización de personajes y en este caso no hay excepción. Cada personaje es distinto y aparece definido con fuerza. La historia puede parecer a priori una alegoría de lo más tradicional, pero es tan divertida y a la vez tan tierna, está tan bien escrita y tan bien imaginada (la pareja que forman Pedo y Flema es irrepetible) que no querrás que se termine porque te habrás dejado transportar a La Casa y de los lugares vividos desde las emociones y desde la imaginación es muy difícil marcharse.

Recuerda, House of tribes no es una ficción juvenil. Es un libro para adultos. Así que, SI ERES CAPAZ DE ENCONTRARLO EN ALGUNA LIBRERÍA DE VIEJO O EN ALGÚN SITIO DE INTERNET, COMPRATELO (avísame para poder pedir otra copia para mí) y léelo. En inglés, claro. En serio. Es una delicatessen exquisita sobre la que llegarás a descubrir múltiples detalles, imágenes y recovecos cada vez que lo vuelvas a leer. Hazme caso.

Y como aquí mando yo y en estos momentos me apetece hacerlo, voy a premiar a Garry con el primer certificado de Embajador Honorario del Consejo Artematopéyico Mundial. Con él, ya somos dos (él y yo). A los demás, ya los iré invitando.  

Certificado Garry

Un abrazo, Garry.

Una pin-up del siglo XXI

Memoirs

Mi amiga Mariah tiene talento. Es parte de la música y debería estar penado por la ley que ella desperdicie el suyo con tanta ligereza. Puede que diga que le gusta lo que ha venido haciendo en sus últimos cuatro o cinco albums, pero no me lo termino de creer del todo…

Sus tres primeros trabajos, Vision of love (a.k.a. Mariah Carey), Emotions y Music Box marcaron un nuevo estilo en el mundo del neosoul y el R’n’B norteamericano. El género necesitaba una renovación después de que Aretha, la ballena del soul, se hubiera quedado varada durante años en vete a saber qué playa, contando con que la aportación de Whitney era una propuesta continuista y poco arriesgada en cuanto creatividad, a pesar de su indudable calidad. Así que Mariah fue más que bienvenida. Si bien la manufactura era muy estándar desde el punto de vista industrial (3 ó 4 uptempos, 3 ó 4 medios tiempos, 3 ó 4 baladas) y la producción sigue cansando demasiado debido a los vicios de la época (exceso de agudos, ecualización brillante, exceso de reverb… el sonido a lata, vaya), el talento se dejaba ver por debajo de las bases dance y, a pesar de no ponerlo debidamente y del todo al servicio del arte, Mariah se convirtió en un estrella mundial gracias a sus letras algo recurrentes pero inteligentes y bien escritas y, sobre todo, gracias a su técnica vocal y a su conocimiento enciclopédico de la música negra de todos los tiempos, que veneraba y respetaba según se puede destilar de su repertorio de entonces. De aquella época es una joya, escrita por Mariah en colaboración con Carole King, titulada If it’s over:

If it’s over

Este corte está recogido en MTV Unplugged, un trabajo en directo que, por cierto, es simplemente fantástico. Un sonido y unos arreglos auténticos y una producción musical acertada y ajustada. No sólo se deja escuchar todavía; es que debería convertirse en un clásico y en un manual de técnica vocal para todas las aspirantes a cantantes, sean del género o no.

I’ll be there

Can’t let go

Y, entonces, llegó Daydream.

Mariah se había convertido con facilidad en la reina de los downtempos y las baladas de espectacular producción y gigantiásica intención, apoyada en una voz extremadamente capaz (que cubre las tesituras de contralto y soprano de coloratura, ni más ni menos) que sabía manejar a la perfección y en un genio de la música, mi amigo Walter Afanasieff, músico, compositor y productor con personalidad y con chispa. Pero a su trabajo le faltaba algo de madurez, de peso y de trascendencia. Y todo eso cambió de repente (si obviamos el concept de 1994 Merry Christmas de ) con Daydream.

Daydream

Este disco es una auténtica joya a nivel musical que cuenta con un repertorio acertado, complementario y redondo que, además, está prodigiosamente producido y aún mejor cantado. Es su mejor disco con diferencia. Madura su repertorio, maduran sus innovaciones (de las que, lamentablemente, abusaría en exceso de Daydream en adelante) y maduran sus interpretaciones sin que el resultado pierda potencia, frescura, pegada y motown. Aunque no te guste demasiado el género, te invito a que lo escuches unas cuantas veces porque es un grandísimo trabajo en la categoría de los ya clásicos en el que Mariah deja de gritar y, por fin, se pone a cantar. Daydream es vocalmente impecable y creativamente muy guapo.

Fantasy

Long ago

When I saw you

One sweet day

Forever

Always be my baby

I am free

Looking in

Open arms

Sin saber por qué, a partir de entonces Mariah se tirado de cabeza cuesta abajo y sin frenos en lo musical y no ha hecho más que facturar música de lo más irregular hasta el día de hoy, incluyendo el último  Memorias de un angel imperfecto que ayer escuché por primera vez. Muchos raperos invitados y muchas creaciones sobre samples. Pun chácha chundi chundi. Cambia su técnica vocal hacia un constante parlato, divertido como curiosidad pero plomo y aburrido porque termina permeando el 90% de cada disco y ya van unos cuantos. Ya no hay variedad, ya no hay sorpresa, ya no hay motown, ya no hay diversión, ya no hay voz de colores. Cada disco incluye un single que mezcla algo de rap, algo de hip-hop, algo de pop y algo de dibujo vocal en la línea de Fantasy que se deja escuchar un rato. El repertorio restante, a excepción de algún downtempo clásico aquí y allá (My all o Whenever you call en Butterfly, After tonight o Against all odds en Rainbow, Lead the way en Glitter, My saving grace en Charmbracelet, I stay in love o I wish you well en E=MC2), es un cansino R’n’B contemporáneo que abusa del snail-beat en la más pura línea de R. Kelly pero multipicado por cien, aderezado además con unas letras colegiales, tontas y ridículas sobre institutos, chicos, madres y oh baby que da vergüenza hasta tararear. Aceptémoslo: el hip-hop americano divierte un par de temas, carga de tres a cinco temas y se vuelve insoportable al llegar a la pista seis. Y además gusta donde tiene que gustar: en los USA.

Honey (Butterfly) – Bueno…

Sweetheart (Ones) – Hmmm…

Heartbreaker (Rainbow) – Vaya…

Loverboy (Glitter) – Puagggg…

La música, más allá de la calidad o del género, tiene que divertir. Es una entidad que subyace a la naturaleza de la vida y que en tiempo de ejecución conecta los dos hemisferios cerebrales provocando momentos auténticos de excelencia, de creatividad y de emociones. Un cantante cuando canta, un actor cuando actúa, un artista cuando pinta… están generando una sustancia intocable a partir de lo mejor que llevan por dentro. La música nunca puede ser un coñazo, aburrido y pesado, porque si no proporciona algún tipo de disfrute entonces ya no es música. Espero que Mariah, siendo una dotadísima y soberbia cantante, tenga alguna revelación y no siga privando al mundo de un talento como el suyo.

Porque su último Memorias… es más de lo mismo, otra vez.

Artematopeya rocks

Fondo3

De vez en cuando, es conveniente, al tiempo que necesario, entregarse a un back-to-basics que ayude a mantener el centro interior, el enfoque y la dirección. Y que mejor que hoy lunes para volver a hacer un soft-reset sobre el concepto de artematopeya para todos los que, a partir de hoy, empiecen a pasarse por NO ESPERES A QUE SUCEDA, un espacio personal de expresión construido alrededor de las ideas de comunicación emocional, arte, exploración, fantasía y descubrimiento.

Artematopeya es una acuñación personal, completamente fantástica e inventada, que define no solo un estado de ánimo y una actitud, sino también una apuesta por la comunicación libre y abierta, por la creación, por las artes como canales de expresión y de motivación, por la música como lenguaje mágico y todopoderoso, por la formación entendida como un proceso colaborativo de generación de conocimiento y por la vida como una aventura pasional, divertida, excitante y repleta de secretos aún por descubrir. Y todo ello entorno al tesoro de las emociones y de la magia de nuestros dos lados vitales y cerebrales en conjunción. En todo lo que hacemos hay siempre artematopeya, ya sea formar, escribir, crear, cantar, dirigir, actuar, comunicar, diseñar… En este blog, vuelco mi artematopeya personal y, por eso, a veces hablo de música o de teatro, ya sea el mío o el de otros, de crecimiento personal o de programación neurolingüística o de hipnosis conversacional o de persuasión o de marketing o de nuestro trabajo en coaching y formación o de mis anécdotas de vida o de lo que escribo o de lo que sea. Pero siempre sin editar, tal y como sale, sin buscar la corrección y dejando trabajar al inconsciente para todo sea real, verdadero, torrencial, contundente y totalmente limpio. La correción del hemisferio izquierdo le toca a cada lector. Artematopeya pura. Sin adulterar.

Artematopeya es, además, la marca que utilizamos en nuestra empresa pequeña en tamaño pero gigante en poder emocional aplicado a la creación y al liderazgo vital. Y así nos va. Creciendo sin parar y divirtiéndonos por arrobas en el camino.

Este blog es muchas veces cítrico, ácido y punzante. Otras, más cálido y contenido. Pero siempre verdadero; no hay posturas, pretensiones o dependencias. Te invito, si eres de los nuevos, a que visites el Planeta Artematopeya. Hay muchos rincones para visitar, pero te recomiendo que empieces por el país de la comunicación emocional (selecciona la categoría coaching, persuasión, comunicación hinótica y lenguaje). Desde allí, puedes saltar después al país de la música y la energía, al país del arte, al país de la actualidad.. Distintas versiones de una misma realidad. ¿Quieres quedarte a vivir y a compartir lo que te apetezca?. Todo el mundo es bienvenido.

Cada vez somos más…

¡Que viene Robert Dilts!

Vitruvian

Hace días que vengo elaborando una reflexión sobre una de las bacterias más virulentas en el entorno de la cultura del crecimiento personal y el consulting organizacional: la del comepollismo.

No. Por favor, que no haya malentendidos. Que nadie presuponga nada sólo porque esta reflexión haya encontrado su lugar en un artículo titulado ¡Que viene Robert Dilts!. Mi amigo Robert es un tipo encantador, inteligente y resolutivo con un surtidor de energía equilibrado y creativo y una visión muy clara y rentable sobre sí mismo y sobre su entorno. Lo de comepollista no va con él. Más bien, por otro lado. O, por ser más exacto, por muchos de los del otro lado.

Hay dos cosas que hacen especialmente bien los comepollas. Una de ellas es sonreír imbecilmente y asentir a todo como el perrito del coche, siempre en público, ante cualquier expresión que provenga del pollacomido. La otra es adoptar una mentirosa actitud forzada de oh yeahc’mon evrybody, que buenos somos todos y cuanto nos queremos y entregarse a una catarsis grupal en la que, oh yeah, por mucho que se empeñan en aparecer convincentes no consiguen parecer más que gilipollas. Que no se escandalice nadie. Que nadie se lo tome como algo personal. Pero hay que tener la honestidad de reconocer que, en la mayoría de cursos y seminarios sobre tecnologías psicológicas de motivación, de crecimiento o de comunicación se respira un sospechoso tufo a pose social y a convención (por convención venimos, por convención actuamos, por convención asentimos, por convención mentimos y por convención nos vamos) que no hay quien se lo trague.

El valor percibido de todos estos inventos no es sino el resultado de un eficaz trabajo de márketing. Esta es una de las perversiones de este sistema. Las víctimas dicen ser profesionales, autores de proyectos más grandes que la vida y (en este caso) coaches, trainers y formadores de éxito. Sonríen, charlotean sin parar y participan de un circo vanidoso que se retroalimenta. Reclaman el micrófono para lanzar preguntas medio estúpidas que sirvan como vaselina para calzar sus propios comentarios de escaso interés y no precisamente de una estupidez media; a veces, llegan a ser de una estupidez absoluta. Un circo en el que la mitad de los aspirantes esconde importantes cuadros de expectativas frustradas y que disfrazan su craving terapéutico haciendo como que aprenden para ayudar a otros. Ja. A la vista están muchos de esos super-oh-yeas (hay cosas que, por mucho hemisferio derecho que valga, no tienen sentido en personas desarrolladas y equilibradas) que suben a la tarima. Nadie se entrega con sinceridad real a la vivencia frente a un auditorio al que, parcialmente al menos, ya conoce demasiado. Ja de nuevo. Muerte por egocentrismo. Muerte por alelamiento. Un absurdo minuto de gloria frente a un auditorio endémico y granhermanítico que termina repitiéndose curso tras curso, seminario tras seminario, convocatoria tras convocatoria. Experiencias irreales y sólo actuadas. Nadie se cree nada, pero todos se entregan al como sí. Gente que se reencuentra. Gente que no deja de pagar sumas desorbitadas para… ¿para qué?. Ni ellos lo saben. Personas que se autodenominan coaches y que deberían primero pasar por la consulta de un buen psicoanalista antes de tener el morro y la desvergüenza de atreverse a hurgar en la psique de nadie.

La otra mitad, la de los que vamos a escuchar, a investigar, a descubrir y a renovar, difícilmente nos encontramos, porque no solemos participar del numerito y perdemos poco el tiempo por los pasillos retrocomiéndonos los bajos para mendigar un cliente o un hueco en ese proyecto que dices que tienes.

De Robert Dilts, poco que decir. Su trabajo de investigación me interesa relativamente, pero observarle en acción durante un par de días en acción me ha servido para decidir que no me interesan ni su perfil ni sus habilidades ni como formador ni como comunicador. Indudablemente, es un ejemplo estándar de éxito en la acepción más convencional. De éxito para él. Pero no aporta, sencillamente, nada. Al menos a mí.

La programación neurolingüística es, además de un modelo encajable en múltiples ámbitos de la vida, un recurso muy real que, además, puede resultar muy rentable cuando se maneja adecuadamente. Pero no le hace nada bien ser objeto de un sobeteo demasiado popular, demasiado extensivo, demasiado barato. Porque el sobeteo, por muy contento que se vaya Robert de España con el monedero a rebosar, es empobrecedor.

El caso es que, del aburrimiento y de la desconexión, tuve que buscarme algo para entretenerme con una pobre tontorrona con cara de vinagre y con la misma energía que un rollo de papel higiénico que intentó hacerme levantar de mi asiento dos veces seguidas dentro del mismo minuto. Al final tuviste que saltar por encima. Demasiado fácil, chatina. ¿De verdad que eres tan tímida?

La aburrida y pesada plaza de Alejandro Amenábar

Agora

Mi amigo Alejandro ha buscado. Y mucho. En la desesperada caza creativa de un personaje virgen, nuevo, histórico y poco sobado que sirviera de gancho narrativo y comercial para el apartado merchandising del presupuesto y para entregar a Telecinco algo con una mínima dosis de originalidad, Alejandro se topó con la pobre Hypathia de Alejandría, hija de Theon. Y cayó en la red. Lástima.

Que Alejandro sabe hacer cine nadie lo pone en duda. Después de Tesis, su calidad como narrador es un fact of life sobre el que no cabe opinión. Es un gran cineasta y punto. Pero que Agora es un coñazo infumable, mal escrito, mal editado, repleto de lugares comunes y metáforas audioviosuales tan tontas como innecesarias (el hormiguero en fast-forward o el plano que rota hasta dejar al mundo boca abajo, por citar sólo dos) y narrativamente muerto y estéril (o, simplemente, mal resuelto tanto en guión como en imagen) es otro hecho también incontestable. Dos horas y media eternas de cine palomitas disfrazados de una pretendida poética absolutamente inexistente en realidad y que no genera la más mínima chispa. El enfrentamiento entre anubianos, cristianos y judios narrado como el enfrentamiento de Villarriba y Villabajo por combatir contra la grasa de su paellera. La premisa literaria es medio infantil además de incompleta; como un libro del que se arrancan páginas a puñados y a partir de cuyos restos se escribe un guión. A ver quién es capaz, recién terminada la sesión, de transmitir de forma coherente quién es quién y qué coño pinta cada uno en esta historia. Retazos de tramas mal montadas que confunden, oscurecen y arruinan cualquier oportunidad cinematográfica. Personajes mínimamente desarrollados, vacíos e incompletos. Estructura dramática imberbe, ñona, estúpida. Historia carente de absolutamente cualquier interés. Acción y evolución invisible. Un imbécil travelling sobre el globo terráqueo que demuestra la capacidad de los diseñadores de 3D pero que, de tanto repetirse, termina fastidiando.

No ocurre nada. No pasa nada. No acontece nada. El clímax narrativo: Hypathia colige la órbita elíptica de la Tierra. Qué emocionante. Contado como un bombillazo de andar por casa, se supone que tamaño descubrimiento tiene que sostener la última media hora de cinta.

¿Que demuestra muchos medios técnicos y de producción?

Pues sí.

¿Y?

Todavía está por demostrar que la calidad de una película guarde alguna relación directamente proporcional con el tamaño de su presupuesto. Y de la dirección de actores… mejor no digamos nada. ¿Es que no había ni un sólo buen actor con un hueco en la agenda?

Dejando volar la imaginación para intentar apurar el paso del tiempo mientras permanecía sentado en la sala (aunque sólo hasta el minuto 120), se me ocurrió llamar a mi amigo Vasile y sugerirle que, por una vez, se deje de hipérboles pretenciosas y se lance a comprar los derechos de La esclava de azul del valenciano Joaquín Borrel. Es lo que mejor, si lo que busca es una joven vistosa de inteligencia superior y vestida con sabanas. Una propuesta de pseudo peplum del siglo XXI perfecta para una mini-serie o, incluso, para película grande que, además de ser narrativamente una joya, sería cinematográficamente rentable sin tener que comprometer calidad, interés o retorno económico. Un thriller sin complejos ambientado en la Roma de Julio César. ¿Passa algo?

Qué película tan grandemente anodina e insulsa, por mucho que Telecinco le esté haciendo la campaña del año. Rentabilizar inversión. Agora es, por muchos millones de epestadores que se la calcen entre cocacolas y palomitas, una mediocridad mal pensada, mal escrita, mal producida y mal terminada. Pero ya se sabe. Telecinco es capaz de montar el aparato publicitario que haga falta para vender aire enlatado. Todavía se recuerda aquella vírica campaña alrededor del mensaje “Telecinco blinda a Miguel Angel Silvestre con un contrato millonario para dos películas en los próximos años“. ¿En qué coño estaría pensando Miguel Ángel para dejarse succionar en semejante manejo, tan beneficioso para Telecinco en términos comerciales pero tan peligroso para él en términos de oportunidad, de calidad y de mercado?

¿Por qué me da en la nariz que Alejandro ha aceptado hacerse cargo de este proyecto como una simple escapada hacia delante, visto cómo anda el temita de la crisis? ¿Por qué da la sensación de que el propio Amenábar se ha aburrido incluso más que yo con este proyecto de mierda? ¿Por qué esta película no es una película de Alejandro Amenábar?

Cómo espectador, no te dejes engañar. No tienes que decir que te gusta sólo porque los mensajes manipuladores que te rodean han generado un establishment alrededor de esta producción. Puedes apartarte del rebaño publicitario y opinar libremente lo que te dé la gana, ¿lo sabías?

Venga, coño, Alejandro. Carlos Boyero, en su columna, ha sido hasta cariñoso contigo porque eres un creador capaz, inteligente y dotado, cinematográficamente hablando, digno de mucho respeto. Sólo ha dicho de Agora que “no enamora”. Pero es que tú sabes hacer otra cosa, joder. Y sin tanto dinero como el que te haya podido ofrecer Telecinco. Algo güele a podrido en Alejandría.

Lo que en realidad apesta del caso Gürtel…

Gurtel

… es lo que le tiene del hígado a la pobre María Dolores de Cospedal: que la inmundicia haya sido capaz de infectar a las personas de su partido y, sobre todo, que se haya sabido públicamente. No es terror a una eventual causa judicial por un delito de financiación ilegal, porque no se trata de eso. Se trata, simplemente, de un monumental cabreo causado por el síndrome del que dirán.

El Partido Popular, como cualquier otro, es una agrupación de personas supuestamente alineadas en ideología, valores y estrategias. Como tal rejunte, no son más que una asociación privada en cuyo seno pueden hacer y deshacer según les venga en gana. El problema surge cuando un número limitado de sus componentes resulta elevado, por obra y gracia del sagrado mecanismo electoral, a la categoría de grupo parlamentario y, desde tal posición, los elegidos empiezan a ocupar puestos de designación pública y a manejar dineros que los españoles ponemos en sus manos en calidad de representantes y gestores delegados.

Porque los chanchullos en el terreno de lo privado son asunto de cada uno. Allá tú si te manejas por la vida sobornando a quien haga falta para llenarte los bolsillos. Pero cuando de la cosa pública se trata…

Lo peor del caso Gürtel no es la estafa, la malversación, la prevaricación o el cohecho, por poner algunos ejemplos, imputable a (repito) personas que ocupan un cargo público y que comparten el tener un carnet de color naranja. Lo peor es que se ha constatado que, en el mundo del PP, también hay individuos que han demostrado carecer de los valores que se le deberían exigir a cualquier persona dedicada a la política: vocación, capacidad de servicio, respeto a los ciudadanos (a sus votantes y a los que no lo son), honradez y limpieza de palabra y de obra. Y, hasta la fecha, éste era un privilegio públicamente ostentado casi en solitario por el PSOE. Véase, por poner un ejemplo, el historial de D. Alfonso Guerra y su querido hermano Juan, pioneros en los capítulos de trato de favor y nepotismo.

Eso es lo que le ha terminado de joder a Cospedal: tener que aceptar que en todas partes cuecen habas y que la lengua, a veces, hay que terminar tragándosela. El cabreo es un mecanismo emocional, lo cual aporta pistas sobre la trascendencia de esta historia. Las personas importan poco: si son corruptos y mangantes, de patitas en la calle (o en la cárcel) y listo. Pero el desprestigio pesa y mucho…

Lo mejor de todo es la desinformación y la manipulación a la que parecen estár abonados los políticos: Ricardo Costa con una patada en medio del culo y todavía comparece con un discurso en el que insiste, por sus pistolas, en su honradez y la transparencia de su gestión a pesar de las transcripciones que se han podido leer en la porción del sumario que ha sido hecha pública. Que poca vergüenza, macho.

Anda, amiguito del alma. Tú calladito a ver si escampa…

Música e inspiración: "I believe"

r kelly

Aprovechando que no volveré a tocar un teclado hasta el próximo jueves porque estoy de vacaciones, quiero dejar aquí un regalo en forma de ese misterio incomprensible y mágico llamado música. Una creación inspiracional, de ésas que levantan el espíritu y que son, ciertamente, himnos hipnóticos creados a partir del ritmo y las bases, las armonías y colchones de voces, progresiones melódicas específicas, unos cuantos mensajes positivos y una producción que cuida muy mucho los rangos de frecuencias. El caso es que hay temas, como este I believe de ese máquina llamado R. Kelly, que se convierten en estimulantes sugestiones que elevan el espíritu y consiguen transmitir bienestar, tranquilidad, sensación de felicidad y provocar la secreción de serotonina por arrobas. La prueba, en este video:

Que nadie se deje engañar por el voiceover de Obama. Cosas del marketing. Esta canción, en su formato primitivo, ya existía en 2006, año en el que la bestia animal (en todos los sentidos) de Yolanda Adams la cantó para la banda sonora de la película Honey:

Hala, a disfrutar.

La importancia de llamarse Cristina

Garmendia

Cómo es la vida. Llevo el último par de años viviendo una etapa de cristinismo absolutamente radical. Mi hermana, que es la leche condensada y en su caso rubia y además más lista que la Espasa Calpe, Cristina. Mi profa de protocanto, que además canta por Frances Williams, por Prince, por Ella Fitzgerald o por Sinatra, por poner algunos ejemplos, también Cristina. Mi amiga Cristina la que brilla, que de artista y de guapetona que es no se puáguantár, y que también se llama Cristina. La pepona, farsante y argentina gobernanta recauchatada de mis amores, a la que me encanta aguijonear a lo largo y ancho de este blog en agradecimiento por no haber privado al mundo del placer de poderla brear a tomatazos, de nuevo Cristina. Y, por supuesto, mi Ministra de Ciencia y Tecnología de mi alma: Cristina de nuevo no más.

Hoy abro El País por una página al azar y ráca, así, en ayunas, una entrevista ilustrada con esta espectacular foto de una de las pocas ministras del ranchito socialista (por no decir la única) que, además de ser un bombón, trabaja porque es trabajadora, experta intelectual y profesional de su ramo ministerial y, sobre todo, inteligente. Muy inteligente. A la vista está la diferencia con casi todas las demás chicas de la ceja, que no son más que números para la paridad y pretenciosos armaritos de quita y pon: ahora te pongo en sanidad, ahora te quito de educación, ahora te pongo en defensa, luego te vicepresidencio… Las nenas del presidente son funcionarias vitales con espíritu de sanguijuela. Para muestra, Bibiana Aído, la ministra jarrón: repujada por fuera, vacía por dentro y que no sirve para nada. O, mejor, Leire Pajín, que no es ministra pero nos sirve para el ejemplo. Una eterna treintañera de vocación universitaria, un poco casposa y también algo rancia, con aspecto de persona deslucida y de poca higiene. Dedicada en cuerpo, alma y monedero a vivir de la organización social. Toma castaña. Y ahora, en un poquititín, que ya no queda nada, senadora por Valencia. Eso sí que es un carrerón para alguien que no ha hecho, literalmente, nada que nos garantice que sabrá ejercer la responsabilidad de representarnos con eficacia, con sensatez o con inteligencia. Currículums vacíos pero tan bien dibujados que ni Velázquez, oiga.

Mi Cristi es otra cosa. Y el que elija quedarse con la manipulada maledicencia mainstream de que no es más que una pija venida a más, pues allá él o allá ella. Porque, en su caso, ni su cuidado personal ni su actitud serena ni su sensatez ni su estilo discreto son muestras de vanidad. Son, sencillamente, muestras de su inteligencia y de que ocupa el tiempo por el que le pagan en lo que a muchos les haría muy bien copiar en vez de pasarse el día de baile en baile: en trabajar y punto.

La entrevista no tiene desperdicio. Por primera vez, un empleado público que se expresa sobre la realidad política sin bodoques ni adornos tan del gusto de su jefe. Sin mentir, sin tapar, sin ocultar los desacuerdos y sin mostrar un estúpido optimismo facial fabricado para manipular. Cristina Garmendia es una ministra con verdadera actitud de empleada, que no es ni más ni menos que lo que es hasta que deje de ser ministra.

Mientras, el resto de sus compañeros haciendo el papanatas y pavoneándose como fantoches.

Qué desperdicio que una persona tan valiosa haya terminado aceptando ser ministra.

Me duele tó

Me duele todo

Aunque no sea Camilo Sesto, me viene al pelo eso que canta el Melenitas de Benidór: y ya no puedo má-á-á-s. Me duele asssolutamente todo, todos los milímetros cuadrados desde lo más profundo del cerebro, que debo de tener un poco hinchado, pasando por los ojos, que siento también muy gordos, la hinchadísima nuca, los omoplatos hinchados, la hinchada espina dorsal, los riñones hinchados y hasta hinchadas las pelotas, las rodillas, las uñas de los pies y hasta el carné de identidad. No sé si será catarro, gripe, astenia otoñal o un bajón de azucar. Más que bajón parece un descenso desde el Himalaya, porque se me está haciendo un poco largo, la verdad. El caso es que no puedo ni con mi alma. La pobre pesa poco pero qué quieres Alma, chica, que no me da ni pa pronunciar la efe.

Ya que no sirvo para nada de provecho en semejante estado y que por lo menos me funcionan los dedos, me he tomado la libertad de tomar prestada una de las ilustraciones de mi amigo Chris para introducir este post porque presenta exactamente la imagen que veo cuando me miro al espejo durante estos días y, además, porque me ha recordado esos pintarrajos que todos hemos hecho en las hojas cuadriculadas de esa mítica carpeta escolar con anillas durante una clase de matemáticas cualquiera. Sí; yo dibujaba cabezas explotadas con los ojos colgados de un hilito que escapaban de las cuencas y manchas de sangre evocando una cenefa, que nunca me daba tiempo a terminar, alrededor de la hoja. Por favor, ¿algún sicólogo en la cibersala?. O sino tú, Celia, hazme un precio, ¿no?

Por cierto, que Chris tiene una página güerrrrl con otros muchos dibujos además de éste.

Y esta noche me voy a ver cantar a Cristina al Thirty Three en Clara del Rey. Hala.

¿Hasta cuando lo de trabajar gratis? (II)

Happiness_2

Hoy se puede leer, en el boletín diario de Filmutea, uno de esos repositorios digitales que infectan la red con apabullante violencia y que empiezan con muy buenas intenciones pero terminan degenerando en una charanga de ideas sobeteadas y en tablón de anuncios para presentadores de call-tv y otros proyectos de última fila, la siguiente publicación en la cabecera se buscan para proyectos no remunerados:

Músicos con tiempo para dedicarse a un proyecto de calidad y con experencia en bandas sonoras de comedia. Enviad curriculums y muestras de trabajo (videos online) a:
Victor.imagono@gmail.com.

Se trata de una serie de comedia negra, por lo que el responsable de la banda sonora debe ser capaz de potenciar la comicidad del producto a través de su trabajo. Se trata de un proyecto no remunerado, pero de larga duración y que va a contar con gran repercusión mediática.

No voy a ponerme de mala leche porque mis cambios de estado los decido yo y no un listo sacacuartos con complejo de Spielberg. Pero no por ello voy a dejar de razonar que un sector como el del entretenimiento, cuyas materias primas son única y exclusivamente la creatividad y el talento, se está convirtiendo en una auténtica casa de putas en la que no sólo se siguen sin reconocer las aptitudes artísticas como un capital intangible sino que, además, se desconsidera la remuneración económica por ser un hábito fosilizado en favor de otra remuneración tan absurda como banal: la oportunidad de trabajar gratis.

La que se le viene encima al sector audiovisual con la sobrevenida televisión digital no es moco de pavo. La fragmentación de ventanas de distribución y la necesidad de contenidos ayudará a reactivar un sub-sector, el de la producción, que tras muchos años de excesos y grandes números en todos los apartados se había normalizado, echando del mercado a miles de mini-productoras y geniso visionarios que eclosionaban como champiñones prostituyendo la calidad y la necesaria serenidad del sector creativo. En los últimos años, la selección natural del mercado había contribuido a normalizar de nuevo la profesión de creador, recuperando para los creativos no sólo la especialización y el reconocimiento sino también una nueva tabla de remuneraciones en la que los buenos cobran de acuerdo a lo que son capaces de hacer y los menos buenos también. Los grandes, Globomedia y BocaBoca, con un modelo de negocio equilibrado basado en la calidad, la investigación y el desarrollo, no reconocen haber atravesado un desierto de crisis (aunque en público se apunten al discurso de lo mal que está todo para no pecar de soberbia) porque su estrategia de gestión no es oportunista sino innovadora y siempre han estado preparados para afrontar cualquier tipo de momento económico. Ambas se han configurado como polos de atracción de la producción de entretenimiento y siguen vendiendo sus productos tanto en España como en otros países. Además, ahora, han recuperado a los mejores profesionales de cada apartado que andaban desperdigados por ahí jugando a montar productoras-champiñón después de haber soñado el guión de una serie de éxito.

Pero esta situación de sensatez vuelve a tener los días contados. Se ven en el horizonte las luces del apagón analógico y entonces, de golpe, habrá 30 canales de televisión, más o menos grandes, que demandarán producción. Volverán los nervios y el pánico. La tan manida tarta publicitaria seguirá manteniendo su tamaño si es que incluso no se reduce un poco más: los anunciantes no se multiplicarán por 30 y, además, sus presupuestos publicitarios se siguen recortando año tras año. No se crearán demasiadas productoras-champiñón nuevas, pero lo que si es cierto es que en la era de las televisiones digitales nunca más se volverán a pagar fortunas por una producción. Así que, queramos o no, llega la temporada del todo a cien en la que las producciónes de 60 minutos se pagarán a 1.000 euros y o vuelve el dumping o muchos profesionales, según parece, tendrán que conformarse con poder hacer lo que saben (crear) a cambio de que su nombre a aparezca en los títulos de créditos.

¿Llegará el momento en el que las televisiones cobrarán a cambio de emitir contenidos por cuya producción tampoco han pagado nada? Bah. A veces se me ocurre cada tontería…

Este Víctor, rizando el rizo, se adelanta a la que se nos viene encima no sólo exigiendo un creador de calidad a cambio de remuneración alguna. Complementa además su oferta con dos suplementos que nadie en su sano juicio podría rechazar: el proyecto es de larga duración y contará con una gran repercusión mediática. En román paladín, una invitación en toda regla a que trabajes gratis durante mucho tiempo para que sea él el que se beneficie de la comunicación mediática. En  resumen, que trabajes como un burro, dando lo mejor de ti, a cambio de nada. Esto, en mi pueblo, se le llama esclavitud y derecho de pernada. Porque lo siguiente será que te bajes los pantalones para que te la clave en semejante parte.

La más descomunal y auténtica de las sinvergonzonerías.

Por cierto, Víctor, por si no lo sabías: la regulación téorica sobre derechos de autor reconoce al creador musical de una producción su condición de co-autor y, en tal calidad, le corresponde un 25%, alícuoto con los porcentajes correspondientes a director- realizador (25%) y creador literario (50% a repartir entre escritor-argumentista y guionista). Teórica, digo, porque la mitad (por no decir la mayoría) de los productores explotan en sus contratos su condición de facilitadores: o con mis reglas o no hay película. Y los creadores, por si no lo sabías, también tienen que comer, así que muchos se ven obligados a firmar.

No sé por qué me viene a la mente cierto proyecto premiado en un prestigioso festival de cine andalú que jamás ha pasado de esa fase, la de proyecto, por el empeño de más de cuatro productoras, y no precisamente desconocidas, de que el autor y director firmara una cesión absoluta no sólo de sus derechos sino también de los del resto de co-creadores y colaboradores…

Así que, Víctor, chato: deja de publicar gilipolleces y, en caso de que tu proyecto tuviera algún valor, gestiónalo como un profesional. Si ninguna productora está dispuesta a pagar por él, tíralo a la basura y no nos hagas perder más el tiempo. Y si tú no quieres remunerar el trabajo de los que trabajen contigo, entonces es que no eres ni lo suficientemente bueno ni lo suficientemente profesional como para que los que si lo son trabajen contigo, que no para ti.

Claro, que la culpa es mía, por perder el tiempo mirando Filmutea

Malditos bastardos en domingo

Malditos bastardos2

Que es un buen realizador, o que sabe serlo, nadie se lo quita a Tarantino. Pero que Malditos basterdos es la estúpida mierdecita decadente de un creador que está empezando a tomarse demasiado en serio a sí mismo y a creerse más artista de lo que es… Un aviso desde ahora mismo: voy a destripar el final de este infumable coñazo con pretensiones de cinema verité, así que el que quiera malgastar su dinero en el cine pagando por ver esta película pudiendo elegir cualquier otra que se dé por avisado y que deje de leer ahora mismo.

¿Entendido?

Cuando escribimos, los que escribimos necesitamos distancia con lo mecanografiado. En caso contrario, corremos el riesgo de creernos que todo es de calidad maestra cuando, en realidad, no es más que una porquería de saldo. Sí. Así ocurre. Y esto es lo que le ocurre a Tarantino. No se pueden vivir las 24 horas del día, los 365 días del año en un permanente ejercicio de estilo. Por eso, alguien debería decirle a Tarantino que su rollo niñato malote ya empieza a desprender olor y que mantener a un espectador sentado en una butaca durante 150 minutos exige algo más que casquería, caprichos estilísticos, humor cáustico y a Brad Pitt haciendo demasiado el gilipollas caracterizado como director de cine italiano hacia el final, justo antes de la explosión del cine en la que mueren Hitler, Goebbels y 300 nazis más y que pertenece a la judía fugitiva que escapa al comienzo de la historia de las garrras del Coronel Hans Landa, que resulta ser un traidor al régimen y vende las vidas de sus camaradas nazis a cambio de un inmunidad pactada con Estados Unidos (lo siento si te he jodido el final pero avisé en la sexta línea de este post). No niego la capacidad de Tarantino para escribir buenos díálogos; diálogos cinematográficos. Pero lo que no empasta bien es querer hacer cine a lo Lars von Trier mezclado con pulp, serie B, música de los cincuenta y tragicomedia británica de la BBC todo de un tirón.

Una duración excesiva, una fragmentación en capítulos que no aporta nada a la historia, un ritmo narrativo tan errático y caprichoso como pesado a pesar de que algunas escenas – el encuentro en la taberna o el lobby del cine – estén espectacularmente escritas, un reparto coral multinacional (en el que destaca, como clímax de la grasa, el blandengue y antientretenido actor que da vida al aburrido policía que acompaña a Rex, protagonista de esa estúpida serie alemana protagonizada por el pastor también alemán que caza salchichas al vuelo) perfectamente congelante, un Brad Pitt mal dirigido que se ha dejado llevar por la megalomanía de un tarado en exceso… Una historia, en resumen, bastante vulgar que en otras manos hubiera ganado en emoción. De eso se trata, precisamente, el cine. No bastan unos cuantos cueros cabelludos en plano que son rebanados en directo ni dos o tres explosiones ni un balazo a Hitler sin más explicaciones al término de la cinta. Es una payasada de película que hubiera quedado muy bien como miniserie para cualquier televisión.

Pero, desde luego, no es ninguna obra maestra.

Y sobre la humanización del nazismo y la demonización de los aliados no voy a comentar nada. Es una elección lingüística del director sin más interés que el de aportar una nueva visión a la historia. Pero me ha dejado tan desganado que hasta este post huele un poco a rancio…

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