Madrid 2016

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Mi amigo Alberto, conocido alcalde de la capital de España que se llama, por casualidad, igualito que el sobrino de Buenafuente y que a veces va a trabajar en metro o en bicicleta para hacer el paripé de que Madrid es una ciudad estupenda después de años de interminables obras municipales y de sus mellizas las obras del Plan E, se ha propuesto aparecer en las enciclopedias y estoy seguro de que lo va a conseguir. Dos oficinas de candidatura, unos pocos de miles de euros, consejeros delegados y ejecutivos de quita y pon, concursos logotípicos sospechosos de todo, comilonas por aquí reuniones por allá, mucha flema después de la bala a cañón de Albertito de Mónaco y su famosa mala leche cortada… pero Alberto (no el atontao monaguesco, sino el nuestro) dale que dale con que quiere que Madrid sea olímpica.

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Y la verdad es que yo también. Con la que se veía venir hace sólo un par de años, la huida de Alberto hacia delante enrocándose con el Comité Olímpico en una segunda intentona, si cabe más energética que la primera, es una buena elección no sólo política; también social y económica. Hay que recuperar retorno sobre inversiones en infraestructuras y Madrid está también tocada por el paro y la deceleración.

ok-EFE

Y unas olimpiadas, y sino que le pregunten a Barcelona, son un grandísimo regalo que generará empleo, consumo, PIB turístico e imagen mundial. ¿No es eso de lo que se trata?

Pues hala, ánimo.

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