Veintinueve canciones

puzzled

Así de cuadrada se me ha quedado la cabeza después de una sesión estival intensiva de ensayo de repertorio de unos quince días. Veintinueve canciones que en total no pasan de los noventa minutos pero que no terminan de encontrar su acomodo a excepción de los siete u ocho temas más habituales del catálogo gospel: This little light of mine, Oh happy day, Amazing grace, Joyful joyful, Going up yonder o Joy to the world, además de un par de villancicos. Si bien mi memoria mecánica está perfectamente engrasada a pesar de que prefiera usarla poco en la forma convencional, no tengo desarrollada ni la disciplina de trabajo ni la experiencia de manejar un repertorio completo ni, mucho menos, la capacidad innata de cantar con otras cincuenta o sesenta personas a la vez, menos con ciento y pico cuando estemos todos juntos. El caso es que, tras dos o tres horas de trabajo con una misma canción, terminas y de repente las armonías han desaparecido misteriosamente de tu cerebro.

¡Arghhhh!

 Aparentemente. Después de un rato, sin embargo, las vuelves a encontrar ahí, cuando desaturas la concentración y la atención. Menos mal.

Por muy buen cantante que seas, cantar armonías en equipo es bien jodido. Sobre todo, cuando se trata de temas recontramegaconocidos o recontramegaversionados. Primero, has de combatir la deriva inconsciente de la voz hacia la melodía principal, que sueles llevar impresa a fuego en el cerebro y sientes que tira y tira y tira. Y, después, has de pelear contra el monstruo de la versión: cuando te has hartado de escuchar a Mariah Carey cantando Joy to the world, resulta que el director del coro ha preferido la ejecución de Whitney Houston, que, obviamente, no tiene absolutamente nada que ver con la que tú conoces más allá de la letra. Yo, además, tendré que luchar contra mi descontrolado hábito por el dibujo vocal. Las armonías no se pueden modificar ni una sola nota, chato; déjate de melismas…

A pesar de todo, está siendo un aprendizaje alucinante que me enriquece. Estoy encontrando algunas de mis fronteras y estoy atravesando otras. Cantar me hace segregar tanta serotonina que debería regalar la que me sobra.

Mañana sábado comienzan los ensayos de la nueva temporada después del parón agostal con los dos temas nuevos que se incorporan al repertorio. Demasiada información, demasiados recursos a manejar de forma simultánea, demasiada presión por estar a la altura. Pero también demasiadas ganas. Dejaré trabajar a mi inconsciente y yo, mientras tanto, me dedicaré a cantar y a disfrutar. Y a partir del lunes a trabajar el desarrollo de mi disciplina artística personal.

Seguiremos informando.

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Publicado el 4 septiembre, 2009 en Artematopeya, De todo un poco, Música y energía, Nacho A. Llorente, Talento, arte y creatividad. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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