Willy ha vuelto a morir (vaya, qué descanso)

viajante

Ya está. Ya he pasado por el Español. Y ya he visto este viajante de Mario Gas. Qué descanso. Descanso porque poder ver un contemporáneo del XX en un teatro español es una auténtica bizarría y, como todo lo que se anticipa con vértigo, provoca cierta tensión. El caso es que el viajante, junto con el tranvía, deberían ser repertorio permanente y recurrente de un centro de excelencia teatral, puñeteramente sólo de uno que existiera, que velara por la teatralidad más teatral posible y que repudiara públicamente tanta nada disfrazada de experimento y de modernidad. Lo moderno a su espacio y lo demás, también, al suyo. Que no pasen años sin poder ver a Tennessee Williams, a Arthur Miller o a O’Neill. Pero sin Concha Velasco, por favor. Su rosa tatuada no cuenta. Ya entiendo que con Concha tenemos asegurado el público de jubilados y de los que aplauden absolutamente todo. Pero las cosas como son.

Sorprende, con algo de desagradabilidad, la elección de Eduardo Mendoza para retraducir a Miller. Con un aparato técnico tan sofisticado y tan bien diseñado (aunque torpemente adaptado a la caja del Español), con una propuesta estética y sensorialmente viajada al pasado, con un elenco que oscila entre lo competente y lo excelente, resulta increíblemente estúpido escuchar tanto ostras, tanto jolín y tanta morfosintaxis prostituida. Con toda mi querencia a lo catalán, me molesta que, siendo Catalunya el centro del universo del libro y siendo cataloparlantes un alto porcentaje de los traductores,  la mayoría de las traducciones cataloinducidas al castellano resulten tan incompletas, tan barbarísticas y tan estilíticamente pobres. La tan poco empleada figura del corrector-editor hubiera permitido curar el texto. Y que nadie me venga con que soy enemigo. Más bien al contrario. Pero nunca entenderé porque tanto trabajo y tanto esfuerzo se queda sin su guinda, porque el resultado termina siendo sólo correcto y notable cuando podría haber sido absolutamente redondo y sobresaliente.

Sorprende, con algo de desagradabilidad también, la insistencia en Boixaderas para encarnar a Willy. Técnicamente buen actor, en cuanto a emociones o anda escaso o está muy mal dirigido. No impacta su presencia física en el escenario, no impactan sus flojos cambios de registro entre pasado y presente, no convence su modulada y fría técnica vocal, no se abre las tripas. No es Willy Loman. Aunque sea un buen actor y se deje la piel durante dos horas y media. Un exceso incontrolado de energía que consigue irritar sin necesidad y sin beneficio. Me araña el humor.

Todo bien con la ovación final y los tres o cuatro saludos, pero una pareja de cincuentones en la fila de atrás no dejó de literalmente roncar durante todo el espectáculo. No todos los aplausos valen lo mismo y nunca hemos de engañar a los actores. Luego pasa lo que pasa: que Concha termina creyéndose que es la mejor actriz del país, por encima incluso de Carmen Sevilla y de Sara Montiel.

Fascina, por contraste, la breve participación de ese inmenso actor bendecido por el arte y compañero en el mundo del doblaje, rebosante de carisma y de emociones conectadas con su voz y con su gestualidad, llamado Camilo García Casal. Qué desperdicio, amigo Camilo. Hubieras sido un maravilloso Willy. Demasiado alto, demasiado grandote…

Fascina en paralelo Victor Valverde, con una propuesta actoral sencillamente magistral. Y no es mérito del director. Es que Víctor es un artista único.

Tropezones al comienzo aparte, emociona el (para mí) desconocido Pablo Derqui, un actor joven y cercano al sobresaliente en la trinidad cuerpo-voz-emoción y al que espero ver crecer en el mercado teatrístico nacional.

Entrañable y cálida Rosa Renom aunque ligeramente poco creíble en la Linda más desgastada. El resto, simplemente bien. Funcionan. Aunque Uriol me sobra en este elenco. La dirección de arte, fantástica. El espacio sonoro, también.

Y las butacas del Español, UN INFIEN-NO, Millán, un infien-no.

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Publicado el 17 julio, 2009 en Artematopeya, Cine, teatro, literatura y arte, Nacho A. Llorente, Talento, arte y creatividad. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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