Archivos Mensuales: julio 2009

La anglofrancesota de la rota voz de oro

Moyet

Aquí Alison. Aquí unos amigos.

PS: Alison pertenece a la generación de los 80, así que no te sorprendas demasiado con los apartados de vestuario y peluquería. Recuerda que todos tenemos un pasado y algunas fotos escondidas, así que limítate a escuchar los temas, ¿vale?

In the windmills of your mind

Only you

Ne me quitte pas

Cry me a river

That ole devil called love

Love letters

Un reto invisible

Open innovation

In between the silence living is an empty space
save the ticking of the clock whose hands are sweeping past its face…

… cantaba la grande (por dentro y por fuera), conflictiva, protestona y tocada con el don Alison Moyet allá por el 84. En uno de mis recientes paseos gráficos, con los sentidos en permanente estado de celo para no perderme nada, apareció hace unos días este precioso, evocador y fractal reloj infinito que en un instante me puso en la memoria el estribillo de For you only. Desconectado del exterior, un vertiginoso viaje interior me llevó en un momento a la puerta de la casa de Alison en los 80 (cuya imagen conocía gracias a una antigua foto de mi hermana en su primer viaje de destete), después a flotar en medio de un infinito espacio vacío de color blanco y a continuación a los áridos paisajes de los relojes blandos de Dalí. Con un flash que anunciaba ya el regreso, volé de pasada por los imposibles mundos de Escher antes de empezar a despertar del trance generado por este reloj hipnótico que no dejar de girar sobre su centro…

He seguido el enlace de la ilustración y Google me ha llevado a un blog sobre… INNOVACIÓN. De poco interés, flojo y aburridamente convencional (aunque me haya hecho descubrir que, según parece, Frida Kahlo también era artematopéyica aunque ella nunca se dio cuenta).

Innovación. Qué limitado y tontorrón el tópico sobre innovación que se maneja en el cortito y castizo universo de la Galaxia España. Ciencia, tecnología y mercado. Manufacturas cerebrales y culturales predominantemente izquierdas. Perfiles de conocimiento que, lamentablemente, siguen atados a la creencia de que la innovación se limita al simple hecho científico y/o tecnológico. Mentes racionales y gestores poco adecuados que prefieren ignorar que la innovación se produce en la cabeza para no tener que pagar por entidades que no se pueden tocar: talento, creatividad, imaginación y emociones. Torres empresariales desérticas y yermas de cultura social y de cultura real del conocimiento que se empeñan en domar a las emociones creativas con el látigo del mercadeo, la cuenta de resultados y las buenas y convencionales maneras de demasiados infelices esclavos de la corbata con un MBA colgado de la pared. Modelos idióticamente simples como la open innovation cuya obviedad durante siglos es hoy asumida y reclamada por presumidos linces académicos y empresariales como el nuevo canon del desarrollo y del crecimiento.

Pasando por alto a un cierto grupo de pretenciosos que se autodenominan emprendedores cuando en realidad no son más que autónomos de los de toda la vida y dejando a un lado, claro está, a todos los informáticos, ingenieros, técnicos, científicos y similares que siguen creyendo que la innovación tiene algo que ver con tuercas, tornillos, laboratorios, ordenadores y cacharritos y a todos los empresarios convencidos de que están hablando de innovación cuando en realidad no hablan más que de contabilidad o de absurdas teorías sin interés nacidas para aburrir, el número de verdaderos innovadores en nuestro país no debe superar, tirando muy por lo alto, unos quince o veinte mil. Un número suficiente como para provocar una revolución. Algo. Pero nunca ha ocurrido. ¿Por qué?

Es la hora de ver los espacios vacios como lienzos en los que se puede pintar cualquier cosa. Es la hora de ver al blanco como el color que contiene a todos los demás. Es la hora de ver el tiempo como un patrón de ritmo que danza hacia adelante. Es la hora de quitarse corsés sociales y culturales que castran. Es la hora de entrenar en el gimnasio emocional. Es la hora de sentir, de emocionarse y de crear. De dejar de creer, sólo, en aquello que se puede tocar.

John Lennon ya lo sabía…

Lennon

John Lennon terminó siendo un hippy medio despelujao con pintas de no ducharse durante semanas y en un permanente estado de emporramiento mental. En circunstancias normales, y de no haber sido por su éxito previo con Los Bítels, es más que probable que hubiera sido condenado al ostracismo comercial por piojoso, por guarro y por colgao.

Es igual de probable sin embargo que, incluso a su pesar y por muy guarro que pareciera, John Lennon hubiera alcanzado igualmente una sintonía con la humanidad de alcance mundial aunque Los Bítels nunca hubieran existido.

Pero, ¿how come?

Pues come-how que Lennon sabía, y si no lo sabía lo suyo era ciencia infusa, cuáles eran los mecanismos mágicos que permiten desencadenar en otros auténticas mareas de emociones: el lenguaje de la música y la palabra mágica imagina. De hecho, imagina es una palabra reservada que hasta genera derechos de autor…

Del poder mágico de la entidad música todo es ya sabido: que es un lenguaje de raíces matemáticas pero de naturaleza auténticamente misteriosa que se encuentra imbricado en todo los órdenes de la vida, de la naturaleza, de la historia y de la civilización humana. Adopta una expresión física en forma de ondas que transportan energía pero no materia y en ella intervienen complejos procesos psicoanímicos. Puede alterar o inducir estados de ánimos, disparar la secreción de endorfinas, golpear físicamente el cuerpo, condicionar las oscilaciones electromagnéticas de la actividad eléctrica del cerebro para generar distintos tipos de ondas con distintos tipos de propiedades… La lista es interminable.

Pero lo mejor de todo viene ahora. No entiendo cómo nadie se ha dado cuenta de que, cada vez que Lennon verbalizaba la palabra imagine, simplemente estaba… hipnotizando a todo el planeta.

Y, de nuevo, ¿how come?

Pues come-how que, en pocas palabras, el cerebro procesa la información de forma visual, creando imágenes gracias a las facultades de ese gran olvidado, el hemisferio cerebral derecho. Esa es su especialidad: imaginar, llegar a ver una imagen con los ojos de la mente. El cerebro puede conjurar una imagen y después «mirarla» como si realmente estuviera allí.

No hay tiempo como para explicar aquí la teoría completa de los hemisferios cerebrales y cómo algunos modelos, como la PNL o la hipnosis Ericksoniana, han incorporado esta estructura y sus particulares características. Baste con explicar que la comunicación persuasiva o la hipnosis conversacional emplean mecanismos de naturaleza lingüística para poner a dormir a la escolta cerebral que intenta impedir que cierta información alcance el desvalido pero maravilloso inconsciente. Uno de esos mecanismos es el de los suavizadores o facilitadores: palabras como imagina que, automáticamente, conectan el proceso cognitivo del individuo con su facultad de crear imágenes.

Cuando invitas a alguien a imaginar, ese alguien empieza a generar imágenes en su cabeza. Si la invitación va envuelta con un lenguaje repleto de entidades sensoriales, enseguida le embargará un torrente de emociones asociadas. Y el inconsciente de ese alguien queda, automáticamente, impregnado con un potente e imborrable contenido.

Imagina que cada mañana te levantas y te sientes lleno de energía.
Imagina que sabes gestionar eficazmente tus asuntos económicos de forma intuitiva y que impides que el discurso de la escasez afecte negativamente a tu realidad.
Imagina que esta noche mantendrás con tu pareja esa conversación maravillosa que volverá a convertir vuestra relación en un paraiso de bienestar y felicidad porque intuitivamente sabrás elegir las palabras necesarias para que eso ocurra.
Imagina que tus seres queridos son auténticamente felices durante todo el tiempo que estén junto a ti a pesar de las dificultades o las enfermedades.
Imagina que tu vida será cada vez más completa, más feliz y más maravillosa cada día a partir de hoy mismo.

Según empiece a generar sus imágenes internas, puedes incluso añadir detalles de lo que pueden ver, escuchar o sentir para que el efecto sea así mucho más potente. Y cuando alguien puede ver desde el futuro, aunque sea imaginado, el resultado de sus acciones en el presente, su cerebro se configura para hacer que ese futuro se convierta en realidad…

John Lennon ya sabía todo esto. Y, si no te lo crees, vuelve a leer la letra de la canción…

Quiero mi tarta y la quiero ahora

ChCake

Ayer descubrí, al pasar frente al escaparate de una reluciente y hermosa repostería, una curiosa paradoja: no es posible desear una tarta y al mismo tiempo tenerla. O la quieres o la tienes, pero nunca las dos cosas a la vez. Cuando deseas hincarle el diente a una dulce, deliciosa y redonda tarta de chocolate, tu sistema nervioso se configura para presuponer que no la tienes, que te falta. Así que tu cerebro lo soluciona poniéndose en modo me muero por una tarta. Pero el problema no está en que finalmente la consigas, lo cual es estupendo por lo general, sino en que lo que te motive no sea conseguirla sino únicamente desearla. ¿Qué pasa cuando has conseguido tu tarta? ¿Has quedado satisfecho y pasas a otra cosa? ¿O aún sientes que no es suficiente?

Lo que ocurre cuando no te sientes satisfecho es que tu software emocional no está programado para conseguir objetivos sino sólo para desear hacerlo. Cuando funcionas bajo el software tarta, tu sistema nervioso se configura para impedir sistemáticamente que consigas cualquier objetivo de modo que puedas seguir activando el ya cómodo y familiar modo sigo deseando. O lo que es peor: nada de lo que consigas será suficientemente satisfactorio, por lo que tendrás que regresar de forma recurrente al modo sigo deseando. En ambos casos, sólo experimentas las sensaciones asociadas al estado emocional de desear pero no las asociadas al estado emocional de conseguir.

¿Cómo enfocar el cambio de actitud necesario para empezar a conseguir objetivos, a sentirte satisfecho con ellos y desprogramar tu cerebro de programas estériles como el software tarta?

Cierra los ojos. Respira profundamente. Relájate. Crea una imagen mental de ti mismo con tu tarta en las manos. Libera todos tus sentidos y conéctalos con ese pedazo de tarta que tanto has deseado tener. Imagínate mientras lo tocas, mientras lo saboreas. Siente como pinta tu paladar. Déjate llevar por las sensaciones de todo tu cuerpo. Siente el bienestar que te aporta ese triángulo dulce y brillante. Y siente la felicidad que te inunda después de habértelo zampado. Tu barriga está templada a una temperatura agradable. No olvides limpiarte los morros con una servilleta blanca, a poder ser de tela, aunque sea imaginaria. Observa el churrete de chocolate sobre la tela antes de lanzarla hacia arriba para que se la lleve un viento imaginario mientras exhalas un aaaaahhhhhh de satisfacción antes de volver a abrir lentamente los ojos.

Con esta sencilla rutina, acabas de sentir las sensaciones asociadas al estado emocional de conseguir. Y cuando has sentido como te sentirás cuando consigas lo que quieres ya no necesitas regresar al estado emocional de desear. Recuerda: no es posible desear una tarta y al mismo tiempo tenerla. Cuando tienes algo, ya no puedes seguir deseándolo. Sustituye la tarta por cualquier objetivo que quieras conseguir y deja que la rutina te vaya llevando por el camino de las sensaciones…

Te invito a que conviertas el modo conseguir en tu sistema operativo, en tu software mental de arranque por defecto.

En la tercera de EL PAÍS

Kirchner

Abro el periódico mientras sorbo un café con leche ardiendo y ¡zas!. Casi me atraganto. La otrora Gaceta de Ferraz ha decidido dejar de seguirle la corriente a Zapatero y, por fin, se atreve a hacerse eco sin temor a represalias en este reportaje de la sospechosa realidad financiera de esos dos Apandadores corruptos llamados Néstor y Cristina Kirchner. Y en página 3, ni más ni menos. Ayer por la noche, qué casualidad, surgió una charla sobre el tópico del argentino malversador, engañador y farsante. Lamentablemente, no ayuda demasiado a rebatir semejante lugar común que la portada institucional de un país rico como pocos en recursos y habilidades la ocupen, precisamente, estas dos urracas especializadas en la mentira, la estafa y la engañifa. Porque la mayoría de los argentinos son otra cosa.

Tetas, culos, luces, malabarismos y una decepción

Puñales

Mi amigo Jesús sabe que me encanta el Teatro Circo Price. Por eso, cada vez que su periódico patrocina un espectáculo, me guarda unas cuantas entradas que me hace llegar religiosamente por mensajero aunque yo no sea uno de sus clientes más importantes. Yo se lo agradezco en el alma porque, aunque suelo recibir invitaciones para los estrenos, lo más comercial me suele interesar generalmente poco y amablemente las devuelvo. Pero este Pasión sin puñales tenía ganas de verlo por el hechizo con el que el Price me tiene hipnotizado. Y, marketing o realidad, la taquilla ha estado adornada con el localidades agotadas todos los santos días de julio. No me importa en absoluto renunciar a un estreno y disfrutar de un espectáculo bien entrado en rodaje. Es la mejor opción para entender si una compañía mantiene la ilusión y el ensueño o si es víctima del aburrimiento y la rutina. En el primer supuesto, el espectáculo gana en sabor y entrega una experiencia sabrosa e inolvidable. En el segundo, se convierte sencillamente en una tortura.

El trabajo gráfico y el diseño de arte de Pasión sin puñales es excelente. La producción en sala es espectacular y sensorial. Evocadora, vintage, retro y glamour sobre un tema de perfil tango y chulette-fatale que, después, no tiene nada que ver con el contenido artístico más allá de la argentina (y decepcionante a mi pesar) participación de Pavlosky. Un punto menos. Suena la fanfarria de la orquesta y, tachán, comienza el espectáculo con la presentación de la antítesis del maestro de ceremonias que pide a gritos una producción titulada Pasión. Javivi. Con todos mis respetos, pero el sello de este humorista tartaja que ha saturado los programas de entretenimiento en televisión durante demasiados años resulta pesado y aburrido. Por muy majete que sea, no tiene gracia, no tiene pasión. Un punto menos. Y ya van dos.

Comienza la primera ronda con Mercedes Chenard, una contorsionista de suelo con una estupenda voz que no suelta el micrófono mientras anuda y desanuda su cuerpo durante cinco minutos y que, ¡hala!, sabe caminar de espaldas como la niña del exorcista. Estupenda. A continuación aparece Mozes, un trapecista convencional ambientado de años 50 con malla blanca y calzón rojo, pelo requetepeinado y bigotes (postizos) haciendo rulo en las puntas. Saltos y acrobacias para un lado y para otro entre ¡ohhhs! y ¡ahhhs!. Es el turno de Scott y Muriel, dos cómicos de origen holandés que entregan un divertidísimo número de magia desastre lleno de humor, ternura y circo. Son fantásticos. Después le toca a Aurelia Cats, una seductora y elegante contorsionista que se retuerce en imposibles evoluciones gimnásticas sobre otro trapecio entre más ¡ohhhs! y más ¡ahhhs!. Sugerentes tetas, sugerente culo. Hmm. Y, por fin, los saltimbanquis Zahir. Tres latiguillos divertidos y payasetes que saltan, brincan, se estrellan y se meten al público en el bolsillo con muecas y bofetones.

Un momento. ¿Qué es eso que viene ahora? Resulta ser Astrid Hadad, una mejicana pesada, aburrida, pretendidamente mordaz y vulgar cantante que se empeña en explicar el significado de esos trajes absurdos y estúpidos que exhibe. El público bosteza. Los culos se mueven en las butacas. Otro punto menos.

Comienza la segunda ronda. De nuevo, Scott y Muriel pero ahora viajados al Oeste americano. Divertidísimos. Regresa Mozes, pero esta vez en calzoncillos y camiseta Abanderado del año de la tos. Empieza a sacar y a desaparecer pañuelos rojos entre luces estroboscópicas y movimientos espasmódicos a-la-cinemudo. Estupendo. De repente, se quita la camiseta, se quita los calzoncillos y se queda en pelotas. Continúa el trasiego de pañuelos acompañado de una coreografía púbica que provoca la risa hasta que, oh, hace como que se saca un pañuelo del culo y fin. Un inesperado y breve número que arranca el aplauso. Parece que en esta ronda Mercedes y Aurelia no actúan. En su lugar, Catherine D’Lish se marca un striptease. Buenas tetas, buen culo. Después de tardar diez minutos en quitarse los guantes, termina su número dentro de una copa de champán gigante en un baño que dura exactamente diez segundos. ¿Tanta complicación innecesaria si lo importante de su número, que era enseñar las tetas, ya estaba hecho?

Ya son casi las doce. Y vuelve a aparecer la mejicana pesada con otro estilismo estúpido y el suplicio de dos canciones chirriantes y fuera de contexto. Resulta que esta señora es una estrella de las artes escénicas en Méjico por el contenido social y cítrico de sus espectáculos. Zzzzzzzzzzzz.

A las doce, por fin, aparece Pavlosky. Y durante media hora repite, palabra por palabra, el espectáculo que hace meses pudo ver medio Madrid en la sala pequeña del Español. Joder, Angel, ya te vale, ¿no?

Un siete sobre diez para este espectáculo intrascendente y de contenido irregular pero que, en conjunto, funciona. Yo hubiera elegido a otro maestro de ceremonias. Me hubiera cargado a la plasta de la mejicana. Y seguro que hay morenazas españolas capaces de hacer un striptease mucho más seductor que el de la lolita americana de la copa de champán. Pero, sobre todo, sacaría a Pavlosky del elenco. Demasiado tiempo (media hora) y demasiada charla para cerrar un espectáculo al que no aporta nada nuevo. En todo caso, le dejaría como madame del patio de butacas disfrazado de negro con purpurina, charlando y recibiendo a la gente que es lo que le gusta.

Un regalo de Nessgata

stieg1

El 12 de julio, Nessgata apareció en la fiesta de cumpleaños de Pablo con un regalo para mí. Un paquete que pesaba media tonelada, envuelto en papel verde, con los tres libros de Millenium.

– Tenía ganas de compartirlos con alguien.

Podría explicar, tirando de mi afición por la fábula, que Nessgata es un agente secreto, maestra del disfraz y experta en tecnología y artes marciales, que habla treinta y tres lenguas y que lucha desde la clandestinidad contra las conspiraciones perversas de las mafias económicas internacionales infiltrándose en recintos secretos, robando planos y ajusticiando terroristas de todo el mundo. Pero nadie que me conozca se lo creería y me acusaría de plagio, aunque fuera fruto de la pasión, por apropiarme de Alias. Que lástima, María. Era un buen personaje para una historia. Otra cosa sería poder explicar la presencia de semejante arquetipo en Carabanchel…

Ayer me zampé el volumen uno de una sentada. Todo del tirón entre las cuatro y pico y las doce y pico. Tras una leve tentación de abandono después de las primeras cincuenta páginas, decidí engancharme como para querer terminarlo de una sola pasada. Creo que no hubiera podido soportar leerlo por etapas a pesar de no ser más que un reglamentario folletín de intriga, lo cual no es ni bueno ni malo. Cumple con altibajos las convenciones mínimas. Hay saga familiar con un misterioso pasado secreto, un protagonista pretendidamente complejo y desdoblado en dos personajes de perfil antihéroe, un antagonista agazapado y perverso (y tan predecible desde que aparece en escena…), un contagonista de manual, un anciano sabio y algo cínico, una investigación, unos cuantos arenques rojos, otros cuantos gadgets tecnológicos (algo cutres, pero en fin…) y todo lo demás. Vaya, nada que no hiciera muchísimo mejor, en su momento, Wilkie Collins, cuya lectura, por cierto, aprovecho para volver a recomendar y sobre todo después de haberme tragado el primer ladrillo Larsson. Es lo más divertido que podrás leer si te gusta este género. También a Charles Palliser y su Quincunce.

Larsson también debió de tener esa porción de cansino e insoportable coñacismo que todo lo sueco tiene por naturaleza por mucho que el catálogo de IKEA esté lleno de colorines. Es el maleficio de un país de personalidad medio reseca y aburrida, una tradición luterana rancia y culturalmente castrante y una mecánica y gélida corrección en absolutamente todo que me saca de quicio. Para mí que Larsson se puso a escribir, le cogió el gustillo medio por casualidad y consiguió terminar su novela con cierta facilidad. Luego se la llevó a su editor, que en ese momento estaba a punto de calzarse un prozac por su suequísima querencia hacia la depresión y los desórdenes psicológicos, y hala, le coló la historia. Una historia que, en realidad, es bastante convencional y que hubiera requerido un tratamiento mucho más arriesgado, más trabajado y mucho, muchísimo más sabroso para merecer de verdad la consideración de obra maestra.

¿Por qué tanto revuelo por un libro tan mediocre al que, además, le sobran unas tontísimas 300 páginas que sólo denotan su falta de maestría con el ritmo narrativo, los puntos de clímax y las tramas complejas? Las resoluciones son inmediatas, sin anticipación y en un par de líneas sin ningún tipo de emoción: “Fulanito va, coge el coche, se estrella y se mata. Mientras tanto, Fulanita compraba fruta en el Eroski…”. Venga, coño. Y lo de mantener la intriga (oigggs) sobre la verdadera habilidad de Lisbeth durante más de medio libro para luego resolver de repente con el truco de la información oculta es cutre y de serie B.

Si alguien ha visto El festín de Babette, entenderá por qué, para un editor sueco, hasta las páginas amarillas pueden llegar a ser emocionantes. Y no quiero contar nada más para que nadie me venga luego con que soy un cabrón revientalibros. Pero Alejandro Amenábar ya estrenó Tesis en 1996… Y Dickens sólo existió uno.

¿Que si está bien escrito? Lamentablemente, el único sueco que conozco se limita a los famosos kits de muebles autodesmontables. La traducción, desde luego, no es gran cosa (“la habitación medía unos cuarenta metros aproximadamente“).

Si para crear una obra maestra basta con añadir una narrativa mediocre y un par de escenas de sexo liberal supuestamente escandalosas y más vistas que el tebeo a una historia ya demasiado contada, me voy a hacer de oro de aquí en adelante.

Yo, a María, le estoy sin embargo grandemente agradecido. Regalar lectura es artematopéyicamente placentero. Y recibirla, mucho más.

Comienza el espectáculo…

Estas cosas pasan una vez en la vida. De repente, donde menos te lo esperas y de quien menos te lo esperas, surge la oportunidad de hacer algo único, espectacular y artematopéyico que durará, exactamente, las dos horas que dure la función. Y, después, morirá para siempre… o no. El caso es que ya estoy manos a la obra aporreando las teclas del ordenador, imaginando músicas y sonidos, preparando audiciones, arrancando la producción y entregado a la creación y a la magia increíble y adictiva del arte.

Éste es sólo un apunte musical que libero como pistoletazo de salida de este proyecto, creado para nacer, crecer y morir en sólo dos horas pero que será, precisamente por eso, tan especial. Continuará…

La otra mirada

Buscando material para ilustrar en nuestro próximo seminario sobre comunicación el concepto de perspectiva y de que nada es verdad ni es mentira sino el dibujo que cada uno se hace de la aséptica realidad, la IA de Google me ha llevado, como no podía ser de otra forma, a la relatividad de Escher aunque esta vez en una reinterpretación hecha con LEGO.

Lego Relativity

Sólo era cuestión de tiempo que la inteligencia universal pariera interfaces artísticos como el juego o el dibujo para transmitirnos, a las más bien cortitas entendederas humanas, no sólo la versátil estructura sino también la afinada belleza de ese sistema tan irracionalmente perfecto y creativo que es la matemática.

Relativity

Pero ya hablaremos de juguetes en otro momento. Del que yo quería escribir hoy era de Escher, de su inmortal genialidad artística (en estos áridos tiempos que corren) y de su capacidad no sólo para captar los distintos planos simultáneos de realidad que a la mayoría de los mortales se nos escapan sino también para expresarlos desde perspectivas poco convencionales pero especialmente emocionales y artísticamente bellas, muy bellas. puddle

¿Quién ha pintado mejor entidades inexistentes e invisibles como el tiempo o el movimiento que Escher en El charco, además de dos caminantes, dos automóviles y dos o tres biciletas sobre el barro que anega un bosque bajo la mirada de la luna llena?. Tres mundos, tres planos, tres realidades separadas que se integran y se complementan cuando se observan desde otra perspectiva, desde otra posición y con otra mirada. Como en la Gota de rocío

gota_de_rocio

 … o la Mano con esfera.

hand

Todos ellos son juegos, también, intencionadamente imposibles de reproducir en la realidad. Pero son el mejor ejemplo de que hay más de una forma de ver el mundo que nos rodea y que un simple cambio de perspectiva nos abre las puertas a múltiples imágenes alternativas, repletas de profundidad, que también pueden ser aceptables o, incluso, mejores que la plana y monodimensional imagen original.

Por cierto, me apasiona LEGO. Es mi juguete favorito de todos los tiempos.

PS: Artículo con dedicatoria para Q#. Quién sabe si, con el tiempo, podríamos publicar algo en creativa cooperación…

Se vende paciencia

Serrano1

El Barrio de Salamanca de Madrid es el ghetto español del quiero-y-no-puedo en el que conviven señores con tirantes que mandan mucho y que se pegan muchas comilonas con los pobres medioclasistas que vivimos en los suburbios, comemos de tartera y medimos nuestra carrera profesional por la cercanía laboral a las grandes avenidas aburguesadas y a las tiendas caras; cuanto más caras, mejor. Sino, que se lo digan a todas esas pijas de saldo que se dejan la nómina en modelitos y tacones para estar a la altura del barrio pero que ni se fijan en la cara de depresión que pasean por ahí cada mañana sobre las 08:00 cuando salen de la boca de metro. A las pruebas me remito a lo largo de toda la calle Serrano, desde Diego de León hasta la Puerta del Alcalá. Ahora, además, la mierda y el polvo de las obras es causa de peor humor porque se les mancha el Custo, el Desigual o el Zara con la marca cambiada y cosida en lugar bien visible. A las otras, a las pijas de diccionario, les da exactamente igual porque o no trabajan o si trabajan no pisan ni la calle. A ver donde se ha visto a una pitita de verdad caminando sin necesidad, que para eso tienen chófer. Y menos entre obreros. Por favor, qué vulgar.

Madrid es una ciudad incómoda, saturada, enormemente grande y enormemente estúpida. Es una bacinilla en la que cabe todo tipo de mierda. A menudo me pregunto cuál es el imán de este vertedero del demonio como para que los que vivimos aquí no elijamos darle una patada en el culo y nos marchemos con la música a otro lugar que no nos robe ni un sólo minuto del día y en el que se disfrute más del sol y de poder hacer lo que a uno le plazca sin logísticas ni infraestructuras que se pongan por delante. Porque quien diga que Madrid es un buen lugar para vivir miente más que un político. Con tanto megalómano preocupado por salir en las enciclopedias y tantas instituciones haciendo y deshaciendo zanjas a la vez… ¿Me puede decir alguien qué coño tiene que ver este irracional y desaforado despliegue de obras públicas con reinventarse el modelo productivo y social del país de la cañita, el pucherazo y la subvención? Gastar, gastar y gastar para terminar diciendo luego que no ha servido para nada y que seguimos estando en bancarrota pública. Eso sí, en bancarrota pero con talante.

Aquí no hay más que polvo, tráfico, ruido insoportable, tráfico, martillos neumáticos incansables, tráfico, humos intoxicantes, tráfico, suciedad y pringue por arrobas (¿que no? con la grasa de cualquier barra del metro se pueden freír todas las repugnantes gallinejas de unas Fiestas de San Isidro). Antes de que se me agote, voy a poner a la venta lo que me queda de paciencia y me voy a largar de Madrid. Y las obras que se las metan Zapatero, Aguirre y Gallardón por sus respectivos agujeritos.

¿Se nota que he llegado tarde a trabajar?

Willy ha vuelto a morir (vaya, qué descanso)

viajante

Ya está. Ya he pasado por el Español. Y ya he visto este viajante de Mario Gas. Qué descanso. Descanso porque poder ver un contemporáneo del XX en un teatro español es una auténtica bizarría y, como todo lo que se anticipa con vértigo, provoca cierta tensión. El caso es que el viajante, junto con el tranvía, deberían ser repertorio permanente y recurrente de un centro de excelencia teatral, puñeteramente sólo de uno que existiera, que velara por la teatralidad más teatral posible y que repudiara públicamente tanta nada disfrazada de experimento y de modernidad. Lo moderno a su espacio y lo demás, también, al suyo. Que no pasen años sin poder ver a Tennessee Williams, a Arthur Miller o a O’Neill. Pero sin Concha Velasco, por favor. Su rosa tatuada no cuenta. Ya entiendo que con Concha tenemos asegurado el público de jubilados y de los que aplauden absolutamente todo. Pero las cosas como son.

Sorprende, con algo de desagradabilidad, la elección de Eduardo Mendoza para retraducir a Miller. Con un aparato técnico tan sofisticado y tan bien diseñado (aunque torpemente adaptado a la caja del Español), con una propuesta estética y sensorialmente viajada al pasado, con un elenco que oscila entre lo competente y lo excelente, resulta increíblemente estúpido escuchar tanto ostras, tanto jolín y tanta morfosintaxis prostituida. Con toda mi querencia a lo catalán, me molesta que, siendo Catalunya el centro del universo del libro y siendo cataloparlantes un alto porcentaje de los traductores,  la mayoría de las traducciones cataloinducidas al castellano resulten tan incompletas, tan barbarísticas y tan estilíticamente pobres. La tan poco empleada figura del corrector-editor hubiera permitido curar el texto. Y que nadie me venga con que soy enemigo. Más bien al contrario. Pero nunca entenderé porque tanto trabajo y tanto esfuerzo se queda sin su guinda, porque el resultado termina siendo sólo correcto y notable cuando podría haber sido absolutamente redondo y sobresaliente.

Sorprende, con algo de desagradabilidad también, la insistencia en Boixaderas para encarnar a Willy. Técnicamente buen actor, en cuanto a emociones o anda escaso o está muy mal dirigido. No impacta su presencia física en el escenario, no impactan sus flojos cambios de registro entre pasado y presente, no convence su modulada y fría técnica vocal, no se abre las tripas. No es Willy Loman. Aunque sea un buen actor y se deje la piel durante dos horas y media. Un exceso incontrolado de energía que consigue irritar sin necesidad y sin beneficio. Me araña el humor.

Todo bien con la ovación final y los tres o cuatro saludos, pero una pareja de cincuentones en la fila de atrás no dejó de literalmente roncar durante todo el espectáculo. No todos los aplausos valen lo mismo y nunca hemos de engañar a los actores. Luego pasa lo que pasa: que Concha termina creyéndose que es la mejor actriz del país, por encima incluso de Carmen Sevilla y de Sara Montiel.

Fascina, por contraste, la breve participación de ese inmenso actor bendecido por el arte y compañero en el mundo del doblaje, rebosante de carisma y de emociones conectadas con su voz y con su gestualidad, llamado Camilo García Casal. Qué desperdicio, amigo Camilo. Hubieras sido un maravilloso Willy. Demasiado alto, demasiado grandote…

Fascina en paralelo Victor Valverde, con una propuesta actoral sencillamente magistral. Y no es mérito del director. Es que Víctor es un artista único.

Tropezones al comienzo aparte, emociona el (para mí) desconocido Pablo Derqui, un actor joven y cercano al sobresaliente en la trinidad cuerpo-voz-emoción y al que espero ver crecer en el mercado teatrístico nacional.

Entrañable y cálida Rosa Renom aunque ligeramente poco creíble en la Linda más desgastada. El resto, simplemente bien. Funcionan. Aunque Uriol me sobra en este elenco. La dirección de arte, fantástica. El espacio sonoro, también.

Y las butacas del Español, UN INFIEN-NO, Millán, un infien-no.

El poder del senso

lenguaje

Un habitante censado a la izquierda de Artematopeya me ha pedido por correo interplanetario que por favor le aclare por qué soy tan plomo con lo de que “el poder está en el senso” y que si estoy cabreado con Machado pues que me pase a Bécquer. Yo le he contestado, con todo el respeto del mundo, que aunque el lápiz de Machado sea más secarral que los campos de Castilla yo no tengo ninguna bronca con él y he intentado hacerle ver la diferencia que existe entre invitar a alguien a que se siente en un sofá o a que se deje caer hasta hundirse en una nube mullida y cálida de almohadas frescas y crujientes.

¿Me explico ya?

Micropost

Sobre la brevedad.

Amanece, que no es poco

amanece_que_no_es_poco

Amanece ejerce un curioso efecto sobre mí: no dejo de sospechar que Cuerda es el hermano mayor desaparecido durante años del Stefano Benni de Terra!, otra obra maestra de la literatura mundial que nadie debería dejar de leer. Dos autores con la curiosa y carísima de ver capacidad de crear universos completos a partir de pequeñas partes sueltas. Cada detalle suelto multiplica sus significados exponencialmente al ponerse en relación con el resto y de todos en conjunción surge un sistema completo, estructurado y con su lógica interna en la que lo implícito se adivina a partir de lo explícito. En el universo de Amanece aún quedan millones de historias por contar… Olé por la iniciativa Amanece que no es corto… ¿Para cuando una serie de factura retro para este guante que pide a gritos que alguien lo recoja del suelo?

Hay mucho talento, mucha guasa y mucha creatividad en Amanece. El guión es tan brillante que con los años se ha hecho más sabroso. El juego lingüístico es tan perfecto, tan poliédricamente profundo y a la vez tan intuitivo y superficial que me reconcilia con mi frustración personal de ganar la batalla comercial en nombre de mi propio material. El subtexto tiene su auténtica razón de ser en creaciones como Amanece. Seguro que José Luis nunca fue consciente de hallarse en un estado de gracia especial como para escribir (por no hablar de dirigir) una obra maestra como ésta, que lo es.

Y de lo audiovisual no puedo añadir nada. Todo está ya dicho y se resume en analógico, imperfecto, simplemente genial y comunicacionalmente perfecto, porque ha conectado directamente con el motor emocional de los espectadores. Y eso es el cine y el lápiz: comunicación y estimulación sensorial y emociones, muchas emociones.

El callejón sin salida de un auténtico muerto en vida

Viajante

Aún no he podido acercarme a verla. Qué tendrá este viajante que es capaz de llenar el Español casi a diario. Era lógico que volviera y más por estas fechas. Pero más allá de la semántica del sistema podrido y de las relaciones podridas y del podrido callejón sin salida y de la podrida sociedad, del viajante yo me quedo con la demostración fehaciente de que el que no apuesta por experimentar emociones no vive más que una vida estúpida, imbécil y hueca. Y solo se vive una vez y mañana puedes estar muerto, Willy.

A ver para cuando puedo conseguir entradas. Y, por cierto, felicitaciones para el diseñador gráfico. Chapó.

Jodorowsky, eres un malnacido

jodorowsky

Lo de Alejandro Jodorowsky es de una cara dura tal que debería estar penado con la cárcel. Pero lo de sus víctimas voluntarias es aún peor porque no sólo se lo están poniendo demasiado fácil y le están convirtiendo en un millonario encubierto a costa de su salud mental. Lo es porque han permitido que un chanta sinvergüenza como éste, que hasta lleva su sello personal en el apellido (JODO), haya conseguido cautivarles apropiándose de modelos y herramientas plagiadas a otras personas a las que su trabajito les ha costado, añadiendo dos estupideces como el tarot o la genealogía y poniéndole a toda esa ensalada un nombre comercialmente demasiado atractivo para cerebros ausentes: psicomagia.

Que plagie herramientas y modelos ajenos es ya una gran estafa. La terapia mediante el uso de metáforas y otros patrones lingüísticos existen desde antes de que naciera este hijo de puta por mucho que insista en que todo es invento suyo. Pero no tiene ni punto de comparación con la estafa que supone seguir alimentando en los pobres idiotas que se ponen en sus manos la ausencia de sí mismos, su dependencia de la estimulación externa, su ceguera interior y la negación de su responsabilidad con ellos mismos. No debemos olvidar que su campo de operaciones es la psique de los demás y sus operaciones son más encubiertas que las del FBI. Cuando estas operaciones son fantasías de aficionado, torpes y caprichosas, sin la mínima garantía de la cierta coherencia y saludabilidad que puede proporcionar una formación especializada y vendidas desde la más que evidente y comercial táctica de la magia, el misterio, la escasez, la exclusividad y la oferta de pertenencia sectaria para mentes enfermas, solas y medio vacías, existe un peligro real de deterioro irreversible y de degradación emocional de consecuencias imprevisibles.

Las pobres víctimas de Jodorowsky no saben que, cuando se ponen ante él, se están entregando a la misma manipulación que ejerce un vidente o un vendedor de coches americano: lectura fría de su lenguaje no verbal, sugestión dirigida, entrega voluntaria de información mediante microtrances y devolución de la información previamente entregada para lograr el impactante efecto de la adivinación. Tampoco saben que el negocio de Jodorowsky se basa en que no se den cuenta de que, en realidad, no existe nada que tengan que curar y en que sigan creyendo en su estúpido complejo de Harry Potter de todo a cien. Y en el apostolado prescriptor y en que se sigan comprando sus absurdos libros como balsámicos regalos de cumpleaños o como lectura barata de aeropuerto, por supuesto.

No hay absolutamente nada de lo que presuntamente puede conseguir Jodorowsky que no pueda lograr un coach, de forma definitiva y mediante un modelo sano y abierto, con la programación neurolingüística o un terapeuta colegiado desde un acercamiento médico. Sin engaños, sin misterios, sin adivinaciones y sin mentiras. Y sin mesianismos.

Querida víctima jodorowskiana: infórmate sobre la lectura fría, sobre la hipnosis conversacional, sobre las tácticas de persuasion comercial, sobre el uso terapéutico de las metáforas de Milton Erickson, sobre la psicología conductista, sobre los anclajes y el condicionamiento clásico de Paulov, sobre el placebo… Déjate de magias estúpidas y mentirosas, quítate la venda de los ojos, deja de regalarle tu dinero y tu devoción a este estafador y toma de una vez la decisión de sanar tus emociones de una forma limpia y definitiva.

Y tú, Jodorowsky, si tienes pelotas ven a mí. Ven. Que te voy a joder yo a ti.

Atrévete a pedir una pizza o cómo superar esa absurda dependencia de la ansiedad provocada por la monstruosa presión social

pizza7a

Hace unos días que alguien me viene pidiendo que le eche una mano con un tema personal que le tiene realmente aplastado y con los nervios de punta: una desmesurada y paralizante ansiedad que ha ido creciendo con los años y que ha llegado a un nivel casi patológico si es que aún no lo es. Que alguien dominado por la ansiedad supere la ansiedad que le provoca hablar de su propia ansiedad para pedir que le ayudes a superarla es todo un logro, así que he aparcado mi reticencia a relacionarme con los miembros de mi manada desde esa perspectiva, la del coaching y la comunicación estructurada, para ver qué puedo aportar sin correr el riesgo de adoptar el rol de entrenador profesional. Sobre el porqué de esta disociación entre coaching y relaciones personales hablaremos en otro momento.

El sistema nervioso central está configurado para protegernos de las situaciones peligrosas. Muchos de nosotros hemos sido concienzudamente programados a lo largo de nuestra vida por profesores, familiares, compañeros y por la propia estructura social para no cometer errores y hemos interiorizado la creencia de que el error es malo y peligroso, a pesar de que cometer errores es una parte importantísima y absolutamente necesaria del proceso de aprendizaje, de crecimiento y de desarrollo personal. Por eso, la mayoría de nosotros ha sufrido en algún momento de su vida una absurda fobia a la duda, a que nos acusen de habernos equivocado, a cometer errores a nuestros propios ojos o a los de los otros. Esa perversa programación mental producto de las creencias transmitidas de generación en generación no responde a ninguna lógica. Es, simplemente, una canallada más de esta sociedad monstruosa que hemos construido con tanta dedicación y esfuerzo. La ansiedad, por lo general, esconde una degradada autoestima y un exceso de dependencia de las valoraciones externas, de las opiniones de otros, y se manifiesta en una exacerbada timidez, en un sentimiento de miedo ante una situación nueva y en un bloqueo irracional de múltiples funciones personales, emocionales y hasta físicas del que lo padece.

He tenido la tentación de elegir el camino más fácil, tirando de alguna de las herramientas de la PNL para intentar aportar una solución efectiva sin dar demasiadas vueltas. Pero al final he decidido no hacerlo. Con las personas de tu manada has de ser extremadamente cuidadoso y hacerles saber que no permites que accedan a esa porción privada de ti. Un desconocido puede también pensar (equivocadamente) que lo que tú haces es magia, pero no tendrá la tentación egoista de traspasarte su problema para que se lo soluciones en lugar de responsabilizarse de sí mismo. No te conoce de nada y el flujo de comunicación interpersonal se mantendrá limpio bajo las condiciones que tú decidas. Con tu manada, la confianza da asco en según qué cosas.

Por eso, he recurrido a la rutina de la pizza. No es ni PNL ni lenguaje persuasivo ni psicología conductista ni nada especialmente académico. Es, simplemente, una metáfora transformada en acción que, además, puede llegar a ser muy divertida y tremendamente efectiva porque la satisfacción del resultado obtenido es instantánea y es procesada como un logro personal del que la ejecuta, no del coach ni de nadie más. La rutina es realmente sencilla: consiste, simplemente, es comportarse absurdamente de forma totalmente voluntaria y lúdica. Elige un par de tiendas o tres de cualquier tipo: una tintorería, un estanco, una papelería… Aunque racionalmente sabes que no vas a cometer ningún error sino que lo vas a provocar, es posible que tu cuerpo reaccione como de costumbre: temblando. No pasa nada. Sal de casa y corre durante diez minutos para aplacar la ansiedad que te pueda provocar la anticipación de lo que vas a hacer. Entra en las tiendas que has elegido. Pide la pizza más absurda que se te ocurra. Si te tiembla la voz, no te preocupes: llevas ropa de deporte y acabas de correr durante diez minutos. Nadie se va a dar cuenta. Observa la cara y el proceso interno que acabas de generar en el dependiente. Confusión total, silencio y movimientos oculares en todas las direcciones sin poder articular palabra. Haz un esfuerzo por contener la risa. Un minuto después (date tiempo para disfrutar del juego), despídete con cualquier frase y sal de la tienda. Detente fuera y explora inmediatamente tus sensaciones internas. Compáralas con todas esas situaciones que te generan ansiedad. ¿Qué pasa en ese estómago? ¿Qué es esa sensación cálida y reconfortante en ebullición? ¿Qué son esas ganas irrefrenables de reírte a carcajadas?

Según vayas repitiendo la rutina, sentirás cómo la respuesta física va disminuyendo con cada pizza que pidas. Pero lo mejor de todo es que tu valioso cerebro empezará a desprogramarse y a perderle el respeto a muchas de las absurdas convenciones aprendidas que te generan ansiedad. Para aquellos a los que les preocupe la persona que está detrás del mostrador: su reacción se situará en el rango que va de ‘perplejo’ a ‘divertido’. La clave está en mantener una actitud amable y tranquila, en hacer el ejercicio como si fuera lo más normal del mundo y, sobre todo, en divertirse a full con todo esto. Cuando le cojas el truco, tú mismo podrás desarrollar tus propias rutinas estúpidas y absurdas como gimnasia para tu salud y bienestar personal y emocional.

Demasiada gente tiene demasiado miedo a parecer estúpida, ridícula o idiota. Y lo cierto es que ellos también merecen ser liberados de esa tremenda esclavitud emocional. La rutina de la pizza o cualquier otra rutina similar puede ayudarles muchísimo a conseguir en sus vidas más de lo que realmente y secretamente quieren.

Y para aquellos de vosotros que podéis estar pensando que todo esto es un juego infantil, humillante o inútil… probablemente vosotros lo necesitáis también y mucho más que nadie.

Del poder de la flexibilidad o de cómo conseguir hacer quebrar tu propio negocio si te esfuerzas lo suficiente

gambrinus

Como todos los sábados, me gusta levantarme, dejar todo manga por hombro en casa y bajarme a desayunar a algún bar para disfrutar de un par de cafés, para ojear un par de periódicos y para empezar el día bien fresquito debajo de un buen aire acondicionado. Del par de cigarritos que también me fumo prefiero no hablar. Debería ir pensando en empezar a terminar con ese hábito adictivo, venenoso y maloliente.

Para no romper con la costumbre, hoy he seguido la misma rutina y el viento me ha llevado, mira tú por donde, a una Gambrinus que me queda cerca de casa. Son las doce y poco. Un poco de manía ya le tengo a todo lo que huele a franquicia pero la mañana me ha pillado despistado y he terminado sentado en uno de esos toneles con cristal que hacen de mesa. Nadie en el bar. Todos los toneles vacíos.

Una camarera fría, estirada, seria, energéticamente muerta y sin músculos en la cara ha tardado más de diez minutos en acercarse.

– Un café con leche y una tostada de tomate.
– ¿Una tostada?
– Sí.
– ¿De tomate?
– Sí.

¿Me estaré olvidando de hablar español?

Continúo leyendo el periódico. Viene mi desayuno. La camarera muerta vuelve detrás de la barra y apoya el culo en el mostrador. Me zampo mi tostada. Bebo mi café. Enciendo mi primer cigarrillo. Tsop, fuuuuuuuuu. Le hago una seña a la camarera muerta. Me mira con desgana y me responde con un impertinente “¿qué?” sin hacer el más mínimo gesto de acercarse. Ya está. Siento cómo se me empieza a agitar el limón en las tripas. “¿Me pones otro café y otra tostada?”, le digo en un tono lo suficientemente inaudible como para que no entienda lo que le estoy diciendo. Se acerca.

– ¿Qué quieres?
– Me pones otro café con leche y otra tostada, por favor.

Con una creciente sonrisa y tras un breve silencio, le escucho decir con una inesperada actitud de satisfacción: “no” y, de repente, ha vuelto a la vida. Se ha quedado mirándome.

-¿Cómo has dicho?
– Que no.
– Pero, ¿cómo que no?
– Es que después de las doce y media no servimos desayunos.

Y me ha señalado un cartel colgado de la pared. He mirado el reloj. Eran las doce treinta y cinco.

– Bueno. Entonces, ¿me cobras?

Y le he puesto la VISA en el platillo. 

– Perdona –me ha dicho incrédula y ofendida– pero no me vas a pagar 2,50 con tarjeta de crédito.
– Es que –
le he contestado– después de las doce y media sólo pago con tarjeta – y le he señalado la pegatina que VISA que adornaba la puerta.

Se ha vuelto a morir delante de mis narices. ¡Qué mala cara se le ha puesto a la pobre!. No voy a contar el resto de la conversación; sólo que, mientras llegaba junto a mí el orondo jefe, he sacado las monedas y la tarjeta de débito y he puesto todo bien visible encima del cristal del tonel. Al final, me ha tenido que cobrar con la Visa. A mí me ha costado un pequeño interés bancario pero al señor éste y a su empleada les ha costado, además de su propio porcentaje, una dosis de mala leche agria y un par de horas de mal humor. Por inflexibles.

En nuestros seminarios sobre motivación y crecimiento personal y en nuestras sesiones de coaching siempre enfatizamos la importancia de dos factores esenciales para garantizar la sintonía personal con la mejor actitud  posible en relación con todo lo que hacemos en la vida: la flexibilidad y la congruencia. No estamos descubriendo nada nuevo. Millones de modelos que ya existen, entre otros la programación neurolingüística, se han hartado de explicar que esta sencilla elección personal, la de ser flexible y capaz de adaptarse a las circunstancias que nos rodean, es la mejor garantía para una vida positiva y en constante crecimiento. Dos de las preguntas clave de la PNL aplicada al coaching y del sleight of mouth o cambio de creencias mediante el lenguaje son:

¿Quién lo dice? ¿Según quién? ¿Dónde está escrito?
y
¿Por qué tiene que ser así?

Las creencias limitadoras o actitudes personales estériles son como los icebergs: esconden bajo la superficie mucho más de lo que muestran. En ocasiones, aprendemos reglas o juicios emanados por terceros que incorporamos estúpida y voluntariamente a nuestro archivo mental de creencias sin haber decidido previamente si nos sirven, si son adecuados y si nos hacen algún tipo de bien aunque sea mínimo. Convertimos lo que dice en un papel lleno de garabatos, que no deja de ser un trozo de materia física que no significa nada, en una creencia limitadora y hacemos que una nada se convierta en una realidad que puede llegar a hacer cambiar nuestras vidas en direcciones innecesariamente complicadas, negativas, inútiles y degradantes.

Ponte por un momento en la situación hipotética de que el dueño de esta franquicia de Gambrinus fueras tú. ¿Estás seguro de que querrías permitirte el lujo de dejar de generar ingresos entre las 12,30 y las 14,00 horas sólo porque el diseño de la franquicia que tanto te cuesta pagar cada mes especifica que al utilizar la técnica del tiempo limitado un eventual cliente tenderá a adaptarse o a reemplazar su consumo por el que esté disponible aunque sea más caro?. La realidad es que un bar es un buen negocio aunque el factor del éxito no es ni la carta ni la música de ambiente ni las manos de la cocinera. El secreto del éxito está en la flexibilidad, en la capacidad de adaptarse al entorno, en la actitud y en la sincera voluntad de aportar siempre algo positivo a las personas con las que te relacionas (beneficio mutuo). Te aseguro que, si yo tuviera un bar, lo tendría lleno las 24 horas.

Si no tienes ninguna intención de sentirte feliz por hacer algo que te gusta, por relacionarte con personas, por ingresar dinero para poder disfrutarlo después, por hacer que la gente se sienta agusto en tu local y vuelva y se deje la pasta… Si trabajas en un bar sólo para mostrarte como un borde, para estar de mal humor y para generar mal rollo a tu alrededor, ¿para qué coño trabajas en un bar?

De momento, apúntate estas preguntas y tenlas a mano para poder cuestionarte a ti mismo cada vez que te tropiezes con una creencia limitadora, ya sea tuya o de otros. Y de la congruencia hablaremos otro día…

Hay algo que me quema en la lengua…

42-17761840

… y no puedo contárselo a nadie!!!

Igualmente, óle, óle y olé.

Ahora también en el diario 20Minutos

20minutos-logo-2

A partir de hoy mismo, también puedes encontrar NO ESPERES A QUE SUCEDA en la comunidad de blogs del diario gratuito 20 MINUTOS en su edición edigital. Puedes acceder al intersticial a través de este enlace.

Querido amigo Carlos

guiño

Voy a saltarme una de las premisas de este espacio personal de expresión y reflexión llamado NO ESPERES A QUE SUCEDA y, por primera vez en once meses, voy a publicar uno de los mensajes que he recibido a través de la página comunícate.

Autor : Carlos (IP: 89.123.421.198 , 187.421.232.86.dynamic.jazztel.es)
Buzón electrónico:
cacevedo@unandenar.es
URL    :
Whois  :
http://ws.arin.net/cgi-bin/whois.pl?queryinput=87.223.241.189
Comentario:
Chico, tú debes ser pepero. Dices muchas gilipolleces, así que seguro que eres valenciano, votante de Camps, el presunto chanchullero.

Este mensaje se recibió ayer, por lo que tengo que entender, a falta de mayor detalle, que hace referencia al último artículo publicado, Platanoamérica. Será porque soy de letras, pero no termino de entender qué fibra determinada de mi amigo Carlos Acevedo, al que no tengo el placer de conocer, puede haber tocado el contenido del artículo como para haber disparado semejante respuesta. ¿Será que Carlos es fan de Zapatero, socialista de carnet o por simpatía o simplemente uno de tantos jóvenes españoles medio atontados con los años por nuestro defecable sistema educativo?

Por lo que puedo intuir, a pesar de mis limitaciones, que las tengo y muchas, es que a Carlos no le parece bien mi opinión sobre los socialismos instrumentales del sur americano ni del español, a.k.a. pesóe. Entiendo que algún artículo anterior habrá leído además del de ayer, porque parece sentirse ofendido en lo más profundo de sus entrañas por su presuposición de que soy valenciano, de que voto al PP y de que estoy alineado con Francisco Camps. Pero en cualquier caso no quiero dejar de responderle utilizando la misma vía (este espacio) y la misma forma (públicamente).

Querido amigo Carlos:

Como veo que tanto te preocupa, quiero aclararte que me encanta Valencia (toda), que me encanta la gente valenciana, que me encanta lo que cocinan y me iría a vivir junto al mar valenciano si pudiera. Además, me manejo con el catalán, por lo que fíjate qué bien, hasta podría opositar para acceder a un puesto público. Pero, lamentablemente, soy madrileño y vivo en Madrid. Lamentablemente, digo, porque si bien ser madrileño es estupendo también es un auténtico infierno gracias a la campaña de publicidad personal de José Luis Rodriguez Zapatero disfrazada de plan de reactivación económica conocido como Plan E, consistente (en la mayoría de los casos) en gastarse a lo tonto el dinero público en provocar atascos, hacer rotondas, emplear a un montón de inmigrantes para que se pasen ocho horas dirigiendo el tráfico con una flecha azul en las manos y pretender que semejante desmán va a servir para reactivar la economía y ganar las próximas elecciones. El afán de nuesro amigo José Luis por salir en las enciclopedias me cuesta a diario, al menos, tres horas de mi tiempo que se van por el desagüe haciendo glú-glú, por no hablar del dinero y de la paciencia.

Lo de “ser pepero” suena demasiado a esa actitud desafiante del despechado que, ante cualquier comentario que le lleve la contraria, reacciona con insultos tratando de apartar al molesto o a la molesta de un puntapié. Pues lamento llevarte la contraria también en esto, chato. No soy ni afiliado ni simpatizante del pepé, no me interesa ni lo que cuentan ni lo que hacen ni el señor Camps ni los trajes con los que trafique. El frenillo de Rajoy me provoca escalofríos. Pero la misma diarrea me provoca el pesóe. Y, por si te hace sentirte mejor, te recuerdo que yo he sido compañero tuyo, compañero, hasta que me harté de comprobar que a los partidos políticos les chupa un huevo la gente y sus necesidades y que todo ese juego, el Monopoly de la política, no es más que una batalla de egos por poder, por tener y por aprovecharse de las circunstancias en la que todo vale: mentir, manipular, engañar, traerse autobuses rellenos de ancianos a los colegios electorales y entregarles el sobre ya cerrado mientras les dirigen la mano a la urna, etcétera etcétera etcétera. Y si tus tiros van por ahí y te has sentido ofendido por mi calificación de que el socialismo instrumental que existe hoy en América del Sur es bananero y corrupto, lamento tener que volver a decirte que la vida es así y que cuando un señor, incomprensiblemente elegido como presidente, maquina para perpetuarse en el poder y no sólo obstaculiza el trabajo de los medios de comunicación sino que los estrangula y los silencia, todo huele misteriosamente a opresión. Por si no lo recuerdas, o por si no lo llevabas en tus libros de texto, aprovecho para informarte de que los europeos sabemos muy bien de lo qué hablamos por que aquí parimos a Hitler, gran teórico y filósofo que demostró que el socialismo es mentira. Ah, que Hitler no era rojo, que era sólo un asesino. Bueno, en tal caso, te remito a cualquiera de los comunismos siglodiecinuevistas y sigloventistas, que prueban su propia perversión y su degradación al basarse en la más absoluta y repugnante de sus mentiras: que respetaban la libertad.

No sé si sabes que, hasta hace bien pocos años, a algunas personas las mataban por expresar su opinión. A veces, incluso, hasta cuando tenían la boca cerrada. En cualquier caso, y a pesar de los complejos que pareces tener, quiero recordarte que la libertad de afiliación, de pensamiento y de expresión está recogida en la Constitución y que gracias a ello no sólo el pepé, la derecha y Francisco Camps caben en España. Gracias a ello, hasta tú cabes también y disfrutas del derecho a alinearte con el pesóe o con ultramarinos martinez si te apetece y puedes expresarte con total libertad aunque ello incluya el que te tomes la libertad de insultar a cualquiera. En realidad, puedes seguir haciéndolo si te relaja porque a mí me la pela completamente, y disculpa por la grosería.

Así que, chato, entiende y asume que nunca te he otorgado licencia para que tú me digas a mí lo que yo puedo pensar, escribir u opinar. Porque pienso, escribo y opino lo que me sale de mis santas pelotas.

Te dejo un cordial y atento saludo
Nacho

PS: por cierto, ¿sabías que los que respetamos la libertad de todo el mundo también solemos firmar lo que escribimos?

Platanoamérica

banana

En esta vida, visto lo visto, tener la maldita suerte de nacer iberoamericano, latinoamericano o sudamericano es una auténtica estafa, además de una gran putada. Yo ya me lo venía imaginando pero cuando, hace un par de años, en pleno siglo 21, escuché a un inteligente, creativo, diligente y buen amigo decir en público sin hacer alarde pero también sin bajar la voz: “jamás en mi vida volveré a Venezuela”, de repente comprendí lo que significa sentirse humillado, obligado a agachar la cabeza y a hincar las rodillas. Eran los días en los que Chávez empezaba a estrangular televisiones y a nacionalizar la vida en un país que siempre ha derrochado oxígeno por arrobas. A los pocos meses, Morales se sumaba sin pudor a esa perversa y repugnante fantasía podrida. Mientras, el paladín de la extorsión conseguía mantenerse vivo en Cuba ante la expresión de repugnancia de sus enfermeras, obligadas a limpiar sus esputos mientras contenían el vómito. Hace aún demasiado poco que murió el asesino Pinochet, tras un sufrimiento demasiado breve en opinión de muchos. Chile fue el coto privado de otro asesino más durante diecisiete años. Y, en Perú, un mestizo tibio, necio, ignorante y ladrón convirtió al país en una cueva de Alí-Babá antes de huir como un auténtico cobarde pillado con las manos en la masa. Mahuad y Lucio Gutiérrez perpetraron también su personal asalto al furgón del dinero ecuatoriano. Y de Bolivia, mejor ni hablar. Ni de Argentina, cuyo deporte nacional durante décadas no fue el fútbol sino el golpe de estado. Ni de los otros.

Todo esto ha ocurrido, concentrado, en un mismo trozo de tierra que cuelga por debajo de Estados Unidos. Un casi-continente inmensamente rico en recursos y en personas y también en permanente desarrollo infectado por el indestructible virus del populacherismo, por la bacteria sociopolítica del “todos lo hacen, pues yo también” y por la mentira consensuada de que la república es un corpus ideológico en lugar del matemático y aséptico modelo de gestión territorial que en realidad es. Un trozo de tierra instalado, aún todavía, en la caducada cultura de las clases, en las mancias sacacuartos y en el casting de las apariencias y de la importancia social: el cura, la maestra, el tendero, la mucama, el casado, la soltera o es puta o es estúpida, el que tiene estudios, los invisibles. Un trozo de mundo tan anestesiado y una masa tan manipulada como para dejarse la vida por el fútbol pero también para caminar resignadamente hacia el colegio electoral con desgana y con desidia para cumplir con un trámite que cuando no está falsificado está amañado. Un jardín en el que el asociacionismo nominalmente religioso pero en realidad empresarial encontró terreno abonado para nacer, apostolar, crecer, desarrollarse y, sobre todo, prevaricar, cohacer, lucrarse y salir después corriendo dejando los cristales rotos por el suelo. Un cuartel privado para militares extremadamente extremistas, clasistas, violentos, agresivos y dedicados a la extorsión y la tortura.

Es indecente que el mundo permita que hoy, en Honduras, los gorilas con pistolas vuelvan a las andadas, tratando a los iberoamericanos, latinoamericanos o sudamericanos como monos, animales de población abundante pero acostumbrados a la organización por castas y fácilmente condicionables con sólo mostrarles un plátano. Pero aún lo es más que los iberoamericanos, latinoamericanos o sudamericanos se sigan dejando estafar. Y aún más todavía que el resto del mundo miremos hacia otro lado. ¿Es que nadie va a poner fin a la Confederación de Estados Platanoamericanos? ¿Es que nadie va a poner fin a esto? ¿Por qué allí vale siempre todo?

Que, como sigamos así, Honduras va a terminar cambiando su nombre por el de Profundidades. Y a ver entonces quién los saca de ahí abajo.

PS – Platanoamérica: ensalada de dictaduras y socialismos bananeros típicos de América del Sur.

Está pasando, aquí y ahora

Fondo3

Éste es el paisaje del Planeta Artematopeya. Un lugar construído sobre pasiones y sobre emociones en el que las cosas ocurren en distintos planos y a distintas velocidades. Cómo puedes ver en la imagen, Artematopeya es tropodimensional porque además de ancho, alto y fondo también hay dentro, fuera, oxígeno, sístole, formas, velocidad, creatividad, visualidad, colores y explosión. En Artematopeya puede ocurrir lo que cada uno quiera porque Artematopeya se lleva en la respiración. Nada es cartesiano, nada es equivocadamente racional, todo es realmente inventado. Nada es estructura, nada es vacío. Los sueños son la realidad. Mira la imagen unos segundos, cierra los ojos y comienza tu viaje personal por Artematopeya. Déjate llevar, respira, conéctate con tu imaginación y empieza a observar con todos tus sentidos.

¿Qué se ve, qué se escucha, quién hay ahí, qué están haciendo; cuales son los olores, las sensaciones; qué historias están ocurriendo?

Si quieres compartir tu viaje, puedes dejar un comentario en la página comunícate con tu experiencia. En un próximo post recopilaremos las 8 ó 10 visiones más personales sobre vuestros viajes a Artematopeya. Después de haber estado allí una vez, nunca te marcharás…

Menudo morro…

EL SECRETO

Es rematadamente normal que este producto, El secreto de Antena 3, esté generando polémica y fanática legión a partes iguales. Unos cuantos empresarios adultos que se convierten (disfrazados de voluntarios sociales) en turistas de la miseria durante una semana; un ramillete de ONGs y desahuciados con necesidad permanente de ayuda; hipos y lágrimas entreverados con mocos al descubrir los segundos que el primero no es un voluntario sino un empresario que va a solucionar sus vidas mediante ayudas económicas o logísticas. Listo. Una acción publicitaria millonaria que beneficia a Antena 3 en datos de audiencia y en ingresos publicitarios, que también beneficia al empresario de turno mediante una campaña de posicionamiento de imagen que paga religiosamente aunque de forma encubierta dentro del propio programa mediante el eufemismo de las ayudas y que también beneficia, por supuesto y ya estaría bueno, a los protagonistas desesperados de historias difíciles y vidas complicadas. Cada uno se lleva lo suyo.

Qué duda cabe de que este escaparate es mucho más que bueno no sólo para ONGs y voluntarios de la vida real, sino también para todos aquellos a los que prestan su ayuda. Es cierto que El secreto puede ayudar a que empecemos a ver a ciertas personas con ojos más limpios y menos prejucios. Pero el resto del espectáculo es repugnante. Esto es la televisión. Un empresario que descubre (ante las cámaras) que tiene sensibilidad y que puede llorar a moco tendido contando cómo se da cuenta de que ha vivido en un palacio de oro y que la vida no debería ser tan injusta. Pues si. La vida es injusta, entre otras cosas, por el sistema que estos empresarios y otros muchos como ellos se empeñan en salvar, en seguir alimentando y en seguir cuidando. Es un doble discurso repugnante porque es hipócrita además de manipulador.

Ayer le tocó el turno a Marco Aldany, un exitoso empresario de la peluquería cuyo negocio no es la peluquería, sino la franquicia. Marco Aldany no tiene 4.000 empleados, como se empeñaba en recalcar la locución, sino sólo un pequeño puñado de personas que forman el equipo base de su firma (del que forman parte, además, sus dos hermanos y su madre) y después miles de franquiciados de los que dependen, a su vez, miles de empleados que trabajan a turnos en condiciones más bien precarias. La firma Marco Aldany franquicia su marca y sus “sistemas de gestión” a empresarios locales que pagan un cánon anual y actúan como correa de transmisión en su región. Sus locales de peluquería no son empresas al uso. Son simples locales contenedores con un logotipo en la puerta, sillones de peluquería y la obligación de exponer y vender productos de la marca. A partir de ahí, lo que quiera el empresario local franquiciado: o contrata peluqueros o se los busca autónomos; en este último caso, a veces tienen que proporcionarse su propio material (tijeras, cortapelos, etc) y trabajar por turno cuando le toque y además dejar al franquiciado una parte de lo que cobra por cada cliente al que atiende. Un negocio redondo para Marco Aldany pero no tanto para sus franquiciados y, mucho menos, para los pobres peluqueros.

Hablando de los franquiciados: parece ser que una cláusulas del contrato de la franquicia Marco Aldany es tan abusiva que abilita a la firma a quedarse, por el morro y sin pagar un sólo euro, los locales que no puedan cumplir con los pagos del canon. Se cuentan por cienes los empresarios locales que se han arruinado y se han dado cuenta demasiado tarde de que los contratos hay que leerlos muy bien antes de firmarlos.

¿Qué pasa en realidad con Marco Aldany y el fondo de capital riesgo que financia este negocio?

Lo malo de todo esto no es que el negocio de Marco Aldany sea la franquicia o que en todo este sistema se perciba un cierto toque de perversidad, de explotación y de malsana economía de mercado. Lo malo es que, como siempre, nunca se cuenta toda la verdad. Sólo la que interesa. Esto es el negocio de la televisión. Eso sí: quedó muy clarito que Marco pilota coches de rally y que preside una fundación benéfica que trabaja en la India. Qué majo el chavalito. Todavía me acuerdo de la peluquería con la que empezó su padre, en la calle Amor de Dios de Madrid, y a la que me tocaba acompañar a mi tía cuando yo era un renacuajo. Todo un personaje aquel José Fernando… cuya marca, JOFER, también hoy funciona como franquicia. Qué casualidad.

Yo me pregunto: ¿Por qué hay que admirar a personas forradas de pasta? ¿Por qué nos insisten con el argumento de que el éxito es éxito sólo si es económico? ¿Tiene necesariamente que conmover su caridad pagada, grabada y mostrada? ¿Por qué pueden generar puestos de trabajo cuando les están mirando pero no lo hacen por sistema si tantas ganas tienen de socializar su esfuerzo? ¿No debería ser motivo de bochorno y vergüenza que nuestra sociedad sea capaz de provocar tantas injusticias sociales y a la vez de crear programas de televisión como éste para mostrar como se solucionan, aunque sea contando la verdad sólo a medias?

¿Y el teatro?

teatro

Bien, gracias. Ya está en marcha la semilla de un nuevo proyecto. Artematopeya sigue creciendo y los proyectos empiezan a sacar la cabeza de la tierra. Pero hasta aquí puedo leer.

Diario LW

CORO GOSPEL LIVING WATER

lyriquediscorde

the home of music obsessions, music reviews, top 5 lists, Northern Soul Monday, Britpop Tuesday, Weller Wednesday, 8-Track Throwback Thursday, Female Friday, Under the Covers Sunday, 10-Questions, Top 10's, Book Reviews, Soundtracks, Live Music, Movie Reviews, Indie Movies, and much more.

Pepe Castro - photographer

Cada semana un retrato y mis impresiones sobre la sesión fotográfica

Artematopeya

Coaching - Training - Lenguaje - PNL - Creatividad - Talento - Estrategia

Luces y Sombras de las Marcas

Todas las novedades en Marketing, Social Media y Comunicación. Fátima Martínez

TheCoevas official blog

Strumentisti di Parole/Musicians of words

Dibuixa el teu Univers

Univers, de Microcosmos Teatre i Efímer

The Photo Vault and Gallery

by Gustavo Greciano

A %d blogueros les gusta esto: