Moviiiing, all the people moving

macaco2

Me he pasado medio domingo, por no decir el domingo entero, haciendo pizcas en casa de esas que siempre parecen poco importantes. Cuando te quieres dar cuenta, tu bandeja personal de Asuntos Pendientes se ha convertido en una montaña de 30.000 metros.

¿La verdad? No tenía maldita la gana de ponerme a resetear y no habría tenido ningún problema, pero absolutamente ninguno, en dejar que esa montaña siguiera creciendo unos cuantos metros más.

¿La realidad? Mi cuerpo, medio quemado vivo por el primer sol del verano, me ha dicho basta y me ha obligado a quedarme en casa, con las luces apagadas, el aire acondicionado puesto, un gelocatil cada ocho horas para paliar los efectos de la insolación en la parte trasera de las bolas de los ojos y dos botes grandes de crema pringosa pero viscosa y fresquita (¡aaaaaaaaaaaah!) para calmar el infernal dolor de espalda, hombros, brazos, pecho y cabeza (incluyendo cara y sesera).

El caso es que me he levantado a las 10:00 pensando que necesitaba algún tipo de trance para desconectarme del dolor y aprovechar el día. Así que toma Macaco. Moviiiiiing, all the people moving.

Macaco es una sencilla y complicada mezcla de todo y de nada. Unas sencillas bases de punchacha y chundi-chundi, letras-mensaje con ese aroma a segundo de BUP pero con un toque personal, unos arreglos rústicos que suenan a arenilla, a madera y a mar y un toquecito flamencorri super chuli del gusto del buen pijo y del fumetilla guay que, por supuesto, es más listo que el hambre y ya está de vuelta de todo. Pero sin estridencias ni exceso de ruido. Escuchar un disco de Macaco es como escuchar una letanía o un mantra ayurvédico: siempre lo mismo. Todos los temas son exactamente iguales. Una música suavemente machaca que en escasos segundos te conduce hacia un suave y levitador trance. Y en semejante estado de desconexión mental he reseteado multas, facturas, documentos varios y por-haceres durante todo el día casi sin darme cuenta, entre bailecitos del sofá a la cocina, palmas palmitas rumbita y tómas, masculleos, playbacks con la escoba y cafeses con leche calentitos como a mí me gustan.

Haciendo un cálculo rápido, si la duración de Puerto presente es de unos 33 minutos, si he empezado a las 10:00 y lo he dejado sobre las 19:00, entonces durante mi trance he escuchado el mismo Cd unas… 17 veces seguidas.

Musicalmente, Macaco no deja de ser una música de consumo. Comercialmente, Macaco no deja de ser una música de consumo. ¡Coño! Qué coincidencia. Me recuerda a la chica ésta qué-soy-lo-más-que-soy que va de poeta social y líder de opinión que sabe tocar la guitara… ¿Cómo es? Bébe. ¿O era la pesada, aburrida, plasta y huevona de Rosana?. Hmmm. Pal caso es lo mismo. Ritmos sencillos de estructura himnótica que, a base de insistir, terminan anestesiando.

En el fondo, toda la música es pura repetición…

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Publicado el 28 junio, 2009 en Artematopeya, Música y energía, Nacho A. Llorente, Talento, arte y creatividad, _Persuasión & comunicación. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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