El idioma de tu ombligo

Parece el título de una pavada de ésas de canción para adolescentes con granos llenos de pus y andares desgarbados.

granos

Nada más lejos de la realidad.

Es sólo la constatación de que el enemigo público número uno de cada uno es su propio ombligo. Del ombligo emana un código personal, una individualidad que nos distingue de los demás. Pero cuando ese alien se hace demasiado grande, desarrolla hojas del tamaño de un edificio de siete plantas y nos envuelve como una constrictor… el mundo se reduce a nuestro metro cuadrado personal porque el ombligo no deja que la vista alcance fuera, nos tapona los oídos y nos bloquea la flexibilidad. Y entonces empezamos a hablar un lenguage estático propio, que no evoluciona ni crece, durante años.

“Aquí se hacen las cosas así”.

Ah, ¿sí?

Hay muchos ejemplos dando vueltas, pero me quedo con éste. Hace meses inicié el proceso de registro de una marca. Coincidiendo con la primera publicación oficial de la solicitud, empiezo a recibir comunicaciones de gestorías de distinto calado que demuestran haberse estudiado de pé a pá los boletines oficiales que publica la Oficina Española de Patentes y Marcas. Entre todas esas cartas no solicitadas, destaca la de una empresucha de mierda cuyo nombre no recuerdo, aunque prometo recuperar el documento, escanearlo y colgarlo aquí para su escarnio. Es una fotocopia de mala muerte que, de la forma más insultante y ridícula, por la torpeza y estupidez de su composición, da más lástima que miedo. Miedo, si. Porque utiliza, una vez más, el código del miedo. En dos páginas completas, un tal señor nosequé, gerente de semejante mugre empresarial gris y depresiva, intenta convencerme para que contrate su servicio de seguimiento y gestión de registros de marcas anticipándome que, de no hacerlo, mi objetivo de restringir para mí el uso legal de una sencilla palabra corre toda suerte de peligros.

Es posible que a este señor anticuado y rancio nadie le haya contado que Franco ha muerto, que España es un país moderno y que esa cultura empresarial de cacique “Cuéntame” con oficina en barrio de clase media llena de mesas atiborradas de papeles y obedientes empleados esclavizados que no le pueden ni ver ya está pasada de moda.

Mañana cuelgo el original. Y después me sueno los mocos con él y se lo envío de vuelta a semejante personaje.

Por cierto, hace dos o tres días he recibido confirmación oficial de que mi marca ha sido debidamente registrada. Y ya me ocuparé yo de hacerle seguimiento.

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