Cómo complicarse la vida sin necesidad y quedar, además, como un auténtico idiota (o una)

Acabo de ser testigo casual de una conversación telefónica inusitada. Me ha parecido sencillamente estúpida, no sólo la conversación sino también la persona robotizada que la mantenía. No voy a decir quién es pero mis más cercanos la conocen de nombre y saben de su enfermiza insistencia en infectar y controlar las vidas ajenas debido a su egocéntrica adicción a la autoridad.

ALGUIEN ha sufrido algún tipo de percance en el círculo personal de ELLA. ELLA llama a ALGUIEN hace un rato y mantiene un monólogo de casi diez minutos con ALGUIEN informándole de que tal día habían estado charlando por e-mail (sin comentarios) todos los amigos sobre su enfermedad. ELLA, que habla con ALGUIEN, quien supuestamente es amiga suya, empleando un lenguaje excesivamente robótico más propio de un teleoperador que alguien tan cercano y cálido como ha de ser un amigo, avanza hacia la conclusión de su monólogo cebando la oreja de ALGUIEN con lo que seguro que ELLA cree su obra maestra pero sin terminar de decirlo. Circunloquio, circunloquio, circunloquio y rrrrraca: “Ayer les dije que no debemos llamarte todos por teléfono, así que les propuse a todos que hiciéramos un turno de llamadas, que te llame uno cada día y que ese nos pase un mail a los demás contándonos lo que habéis hablado. Además, siempre te llamaremos entre 11:00 y 13:00 o entre 16:00 y 20:00, para que no coincida con el horario de visitas y bla bla bla. Tú dime qué te parece con toda confianza, ¿eh? Hay algunos que no están de acuerdo, pero creo que es lo mejor. Así no te molestamos.”

¿Se puede ser más complicado, metijón, mangoneante y pelma? ¿Por qué sugerir que las llamadas de los otros son molestas y que lo mejor es organizarse, eso sí, según a mí me parezca? ¿Acaso tú te lo piensas tanto cuando tienes ganas de llamar a alguien? ¿Cuantas veces te habrás preguntado si alguien de quien esperabas una llamada no lo ha hecho, precisamente, porque otro alguien le ha “abierto los ojos” haciéndole ver que si te llama a tal hora o en tal momento te está molestando?

Yo aviso por si las moscas: que nadie se corte un pelo conmigo. Si llegara alguna vez a estar en un hospital, recibiré encantando todas y cada una de las llamadas de mis amigos a cualquier hora, en cualquier momento y sin ningún tipo de restricción. Y aunque no esté en el hospital, también. Con tus personas más cercanas, no hay reglas ni procedimientos. La anarquía, en este caso, es símbolo de confianza y de conexión. Si no tienes a nadie con quién tu relación sea anárquica y espontánea en estos términos, deberías tratar de conseguirlo porque te hará muy bien.

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Publicado el 29 mayo, 2009 en Artematopeya, Con la lengua depilada, Nacho A. Llorente, _Persuasión & comunicación. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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