El tiempo de la mariposa

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Acabo de pasarme tres días trabajando la comunicación con herramientas metafóricas no explícitas y mi primer impulso al llegar a Madrid ha sido lanzarme a la búsqueda desesperada de una grabación de Madame Butterfly con Pavarotti. Tengo medio rallados los CDs con la grabación de José Carreras y la de María Callas, pero esta vez el cuerpo me pedía escuchar la baterflái en una voz desbocada, arrolladora, aunque estuviera fría. La he encontrado. Llevo escuchándola casi doce horas sin parar y por fin he conseguido equilibrar la energía. Stop Pavarotti por un buen tiempo.

La ópera es un género incomprensiblemente poco popular. Al igual que el teatro, ha sido víctima de demasiada gente con demasiado dinero y demasiado poco seso, de demasiados eruditos revenidos y de demasiada señoras gordas con abrigo de pieles y peinado de peluquería cuando, en realidad, es un vibrante y generoso espectáculo (en dimensiones, en concepto de arte, en propuesta escénica) para todos los públicos cuya combinación de música y teatro es la fuente de la que bebe ese estupendo y comercial engendro moderno llamado musical.

El único inconveniente de la ópera es que casi nunca encontrarás una grabación completa, redonda y que te satisfaga al 100%. Se trata de obras corales en las que la diferencia de calidades entre las bellas voces se hará demasiado evidente en algún momento. Y en un cierto momento de esta estupenda afición te das cuenta de que te pone del hígado, por ejemplo, el chorro vocal perfecto y turboinyectado de Pavarotti. A este hombre, de escasa formación musical pero de un talento sobrecogedor de naturaleza única, cantar le costaba el mismo esfuerzo que rascarse una ceja. Ni un patinazo, ni un roto, ni un olvido. Era tan perfecto e iba tan sobrado de recursos que pocas veces ha cantado con alguien que igualara su nivel. ¿Resultado? Que el producto final quedaba desequilibrado. El esfuerzo sobrehumano de sus compañeros por llegar a su altura hacía desaparecer de sus voces el color, el calor, la emoción y el engranaje. Uno contra todos.

Pavarotti es, a mi gusto, ideal para el repetorio más popular de Verdi o para piezas solistas. Potencia, ritmo y velocidad a raudales. Lo mismito para José del Cura. Cualquier de sus Verdis es magistral. Pero para Puccini…

Puccini es autor de las melodías más líricas y más hermosas de la ópera italiana de todos los tiempos y necesita una voz templada, dibujada, cálida, que sepa ir creciendo e imprimiendo emoción para llegar en algún momento a un clímax musical y emocional. Un sólo clímax, no quinientos cuarenta y dos. Y el mejor amigo de Puccini es, sin duda, José Carreras. Me gusta su trabajo corporal. Va engrasando la máquina de escena en escena. Su voz es potente, pero apoyada en una técnica y en una entrega física que le da un toque único. Carreras no tiene pudor en respirar ni en que se vea la gota que surca el camino que va de la frente a la mejilla. La putada es que si eliges una grabación de José Carreras tendrás que renunciar María Callas y viceversa. Nunca (nunca digas nunca) encontrarás una grabación en la que encuentres juntas a todas las voces que te gustan. Y, en la ópera, una voz que no te gusta puede ser más que suficiente para convencerte de que todo esto es un coñazo y privarte definitivamente de un hermoso placer.

Hay mucho para elegir. Yo me quedo con la ópera italiana. La ópera francesa y la alemana son, isssh, pelín espesas. Wagner y sus Nibelungos me  atraen por la carga narrativa y por la técnica del leit-motiv, un tipo de lenguaje que en manos de genios como John Williams demuestra que la banda sonora de Star Wars es una pieza tan moderna como clásica. Pero, de belleza melódica, Wagner cero. El alemán no es el lenguaje de la ópera.

Y si. Me encanta Verdi, ¿passa algo? Es vital y energético, pegadizo y brillante por momentos. El brindisi de la Traviata me pone los pelos de pollo y me recarga de energía, sobre todo después de escucharlo en vivo en el anfiteatro de Verona hace unos cuantos años en un momento de total improvisación que contaré cualquier otro día. Y la señora móvil de Rigoletto también. El va pensiero de Nabucco es simplemente precioso. Un trabajo coral que se anticipa a la grandeza coral y a la fuerza de Turandot. Y para Madame Butterfly no hay palabras. Es lo más grande. Qué passa.

Si nunca te has acercado a la ópera, te recomiendo que huyas de las grabaciones baratas de fuente analógica (hay que ser un amante entregado al género para degustar las grabaciones rancias con sabor a vinilo) y que hables con algún aficionado competente sobre el tema. Pídele consejo sobre un sólo autor y una sóla ópera. Así, del tirón, te recomiendo que empieces por la ópera italiana. Es la más accesible en estilos, en arreglos musicales y en contenidos. Compra una grabación DDD de calidad (es el tipo de masterización que tus orejas modernas están acostumbradas a escuchar) aunque sea algo más cara y escúchala completa una primera vez con toda la curiosidad e inocencia de la que dispongas. Te asombrarás de todo lo que vas a encontrar. Luego vuelve a escucharla todas las veces que te dé la gana y empezarás a identificar pasajes, canciones, melodías que te hacen sentir algo especial, aunque sea en pasajes breves. Degústalos y pronto te descubrirás acompasandote con la escucha y anticipándote con excitación a la llegada de esos momentos especiales. Después, elige otra obra. Conócela, diseccionala y disfrútala de la misma manera. Y luego otra, y otra y otra. El secreto está en que la ópera no es o todo o nada. No tiene que gustarte toda. Elige lo que te guste y punto. ¿Acaso te gusta todo el pop? ¿O todo el r’n’b? Pues no. Pues eso.

Para empezar, yo elegiría:

  • Nabucco de Verdi por la suavidad armónica y por la belleza grandiosa de las voces en formato coral.
  • Madame Butterfly de Puccini por el precioso trabajo melódico y la sencillez de una historia de amor universal con final a lo Romeo y Julieta.
  • Cavallería rusticana de Mascagni por la carga emocional y la tensión musical. Si puedes, en la voz de José del Cura. Ufffff.

Metáforas y mariposas. Seminario de técnicas y herramientas de comunicación efectiva. Barcelona, del 30 de marzo al 1 de abril de 2009.

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Publicado el 3 abril, 2009 en Artematopeya, De todo un poco, Música y energía, Nacho A. Llorente, Talento, arte y creatividad, _Persuasión & comunicación. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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