El viajero del dial

Una mañana tras otra, para llegar al trabajo, transito las calles de una estúpida ciudad de la Comunidad Madrid, el asfalto de la estúpida autovía A-2 y más caminos de cabras de otra ciudad aún más estúpida (que, en efecto, es Madrid). Por muchas excusas y palabras-baúl que blanda Gallardón, pidiéndonos paciencia con las obras mientras pone cara de bueno aunque en su fuero interno le chupe literalmente un huevo, la calle Serrano es un despropósito que atenta contra la habitabilidad no sólo de su entorno, también de casi medio Madrid, provocando unos atascos en cadena que se hacen insoportables. No se puede consentir que nos obliguen, de lunes a viernes, a empezar el día de tan mala leche.

Hoy he empezado el día perdiendo dos horas completas de un total de venticuatr, veinticuat…, veinte y cu… ¡Coño, 24!

dial

Y como me he levantado de buen humor, aunque el Ministerio de Fomento y el Ayuntamiento de Madrid, con sus obras, y 542 millones de conductores y su imposible tocino mental (por favor, ¡viajad en Metro!) hayan terminado por chafármelo, he presionado el botón de ON/OFF en el estupendo radiocaséte de mi Peyót. Como no soporto a ese cansino conjunto (como diría mi querida madre) llamado Amaral, y estos chicos o tienen acciones societarias en todas las emisoras o muy buenos acuerdos comerciales (porque en la radio tampoco hay nada gratis… ah, ¿no lo sabías?), hace tiempo que las únicas emisoras musicales que sintonizo son Radiolé y RNE Clásica (aunque sólo a ratos). Por lo general, y después de muchos años de radioaudiencia, empiezo enganchándome a Onda Cero, pero de cuando en cuando salto a Punto Radio y a Cadena SER. En SER, la verdad, no me quedo nunca más de los dos o tres minutos que duran las páginas publicitarias de las otras. El Francino será un gran periodista, pero es lo más espeso, gris, aburrido, pelma, pagado de sí mismo y tendencioso de la radio española incluyendo Andorra y Perejil. Es tan impertinente como yo mismo, y ya es difícil igualarme, pero es incapaz de llevarle la contraria al PSOE aunque apeste. Yo también he sido afiliado del PSOE y no por ello me he quedado ni ciego ni sordo ni con el cerebro en blanco. Paso de Francino. Me doy una vuelta también por Luis del Olmo. Protagonistas resulta un poco cebolleta al oído, con tanta dentadura postiza y tanta gracieta de monja atrevida, pero siempre he respetado la defensa a ultranza de Luis por no editar la palabra de la audiencia y eso es honestidad personal pero sobre todo periodística, tan cara de ver en los últimos tiempos. Sus contertulios son también plurales. No digo que me interese mucho lo que diga un colaborador de estos que están tan de moda. No es más que su opinión y yo ya tengo la mía. Y pena que también la edad media de sus oyentes haya crecido a la par que la de Luis: el tratamiento de muchos temas comienza a perder perspectiva…

Por eso, al final termino volviendo a Onda Cero para quedarme con Herrera en la onda, el mejor programa de humor de la radio española. Lo que mejor hace mi amigo Carlos es nunca tomarse a sí mismo demasiado en serio a pesar de ser un gran profesional del periodismo, formado y además culto, con una técnica vocal impecable, una gestión del ritmo insuperable y un saber estar poco frecuente. Es capaz de entrevistar con la misma agudeza y puntería a la derecha y a la izquierda y al final todos terminan saludándole con la misma camaradería. La única excepción que conozco es la de Pepe Blanco; no podía ser otro. Impertinente, sobrado, vacío, demagogo y demostradamente insuficiente no sólo en lo intelectual sino también en lo expresivo. En fin. Que con sus chanzas, su afinado sentido del humor propio y ajeno, sus cachondas apostillas refraneras (su “merece el comentario y analís del homequecomecentolla, Fernando Ónega López”, su “Beatriz Ramos-Puente de los Ramos-Puente de toda la vida“) y sus aberraciones léxicas (“herrera en la sonda”, “amigo Frenando”, “miles de leuros”) Carlos es capaz de generar una comunicación rica, completa y emocional en un canal capado de imagen como es la radio. Eso ocurre, simple y llanamente, porque el que es bueno es bueno, el que sabe sabe y el que vale vale.

No deja de ser una radio de consumo, con sus comentarios-tribuna, sus contertulios, sus entrevistas, su actualidad y sus interminables publicidades, pero qué coño, Herrera en la onda es comunicación efectiva y Carlos Herrera es el mejor.

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Publicado el 11 marzo, 2009 en Artematopeya, Con la lengua depilada, Música y energía, Nacho A. Llorente. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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