Los cuatro millones de hijos de puta de Maruja Torres

Lo siento mucho, pero al que no le guste que no me lea.

La comunicación tiene el pequeño inconveniente de que la veracidad y la objetividad depende, en gran parte, de la honradez y de la objetividad del emisor. Ya me esperaba yo algo así. No han pasado ni 24 horas desde el fallo del Premio Nadal y la carroña miserable, maledicente y manipuladora de la industria de la comunicación española se le ha echado al cuello a Maruja Torres por la tan descontextuada y famosa frase de que existían cuatro millones de hijos de puta que callaban sabiendo que iban a votar a Aznar, lo cual, por cierto, no tiene nada que ver con que escriba y gane premios por ello.

La secuencia completa ES la siguiente:

– Con todo lo que ha caído, ¿a la hora de votar tenemos mala memoria?” (se refiere a la guerra de Irak y el escaso efecto que ha tenido sobre el PP)
– No, lo que pasa es que la locomotora avanza despacio y los vagones pesan. Y la gente que va en esos vagones es pasiva. Los bandidos atacan el tren. Pero todo se ha movido. Al salir a la calle, hemos demostrado que por cada millón de personas que se manifestaba existían cuatro millones de hijos de puta que callaban sabiendo que iban a votar a Aznar. Pero ese millón que ha salido es la locomotora que se mueve.

Es de ley explicar que aquella frase no fue un exabrupto gratuito vomitado con intenciones propagandísticas ni mucho menos políticas. Maruja Torres tiene todo el derecho del mundo a estar en contra de cualquier tipo de agresión y, siendo la compasión humana un resorte capaz de encender el sistema de valores más íntimo y personal de cada uno saltándose cualquier voluntad o capacidad de raciocinio, su respuesta no fue más que una verbalización emocional y desde las entrañas. Una argumentación pausada en boca de Maruja tampoco hubiera sido creíble. Es una firme defensora de la Democracia y de que cada cual sea libre y jamás se hubiera permitido a sí misma la importancia de insultar a nadie por el simple hecho de pensar, sentir o actuar distinto, porque ella es la primera que se sabe respetada en su diferencia. Sólo se estaba manifestando en contra de la guerra y se dejó llevar…

Aquella frase fue vomitada en un momento en el que el presidente del gobierno español, José María Aznar, nos obligó a Maruja, a ti y a mí a comernos el sapo de que España iba a apoyar una acción bélica como la de Irak, justificada en hechos, afirmaciones y acusaciones que hoy día siguen sin haber sido demostrados y que, conocida la trayectoria de ese monstruo indecente y perverso llamado Bush y la ridícula tibieza de Aznar en ciertos aspectos de su política, (por no hablar de su patética copia del acento tejano), no puedo dejar de creer que eran, simplemente, REPUGNANTES MENTIRAS.

Dicho lo cual creo necesario recordar que no comulgo demasiado con los valores ideológicos de Maruja. Pero sigo pensando que es una soberbia escritora y no una escritora soberbia. ¿Y si aquella era la única manera de atraer la atención sobre su petición de que España no apoyara ninguna guerra?

Yo tampoco quería que en mi nombre se permitiera que Bush matara a nadie. Pero a mí no me conoce ni dios…

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Publicado el 8 enero, 2009 en Artematopeya, Nacho A. Llorente. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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