"Por favor, que alguien me traiga el ABC…"

Hablando de señoronas mediocres con el pelo redondo… Y que conste que tengo buenos amigos en ABC y que, a pesar de que ideológicamente no coincida en casi nada con Ansón (ni en su afición a los toros), le respeto por que es capaz de expresar sus desacuerdos sin insultar ni agredir a nadie, algo que ni yo mismo sé hacer.

Hace unos años, tuve una jefa sobre la que me moriría por escribir una película. Pero, a mala leche, jamás lo haré: si quiere hacer dinero, y sigue viva, que trabaje que ya es hora. Aunque igual se sigue creyendo la Gigliola Cinquetti española y lo de que “non ho l’etá”. Y digo señora porque tenía una chacha en casa y le hacía llamarle señora.

Pues resulta que una de las tareas que ocupaba gran parte de la mañana de esta señora, que le contaba a todo el que podía que era condesa (o al menos ella se lo creía), como si a alguien le importara, era la lectura del ABC. Pero no una lectura sana e informativa, como la de cualquier persona normal. No. Esta señora se dirigía directamente a la sección de esquelas, pertrechada con un tomo del Quién es quién de aquella época. Tras una breve repaso de las defunciones del día, seleccionaba los cuatro o cinco fiambres más relevantes del momento por apellido, por patrimonio o por red de contactos. Acto seguido, se hacía con el número de teléfono de la viuda o el viudo correspondiente. Y marcaba:

– (Con voz lastimosa) ¿Siiii…?

– ¡Ay, María del Pilar, cuanto lo he sentido!.

ACLARACIÓN: ¿Que cómo podía saber que la viuda se llamaba María del Pilar? Pues porque en las esquelas siempre se puede leer: “su viuda, María del Pilar, su hijos, nietos, tataranietos, bla bla bla…”.

– Gracias (sob), si, bla bla… ay, pero ¿quién eres?, perdona hija pero es que con el cansancio y (sic, sob, mocos) todo esto no me entero muy bien…

– Lo entiendo, mujer, no te preocupes, soy FULANITA, ¿te acuerdas?, la ex-presidenta de la asociación CUALQUIERA (¡menti-i-i-i-i-i-i-ira!), teníamos una relación muy estrecha con Angel Luis (el fiambre) con el proyecto tal y el proyecto cual, la verdad que (sic, sob) lo he sentido mucho…

Y así continuaba la conversación hasta que conseguía o cerrar una cita para pasarse por casa de la pobre viuda o el contacto de alguien que le pudiera interesar para alguno de sus negocietes. ¡Pero qué mala bruja era la tía!. Sólo le faltaba ir a la oficina en escoba. Era muy hábil, aunque con la edad se volvió un poco mochales y en la última época le agarró un insoportable complejo de Richelieu y de Enciclopedia Británica que aburría hasta a sus propios hijos.

Era de origen francés y jamás se me olvidarán las caras de muchos clientes de los de corbata y tirantes cuando, para referirse a la distribución de folletos, hablaba de que “nos ibamos a poner a folletear”. La de risas que me he tenido que comer viendo las caras de ciertas personas…

Ahora que lo pienso, también tuve un jefe, bastante antes de todo esto, de esos a los que le gustaba que le llamaran “Don fulanito”. Pero esto es otra historia…

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Publicado el 19 diciembre, 2008 en Artematopeya, Con la lengua depilada, Nacho A. Llorente. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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