A Laura le gusta planchar

¿Puede explicármelo alguien?

Lo mismo te hace una voltereta lateral que el pino-puente. Es capaz de escuchar dos conversaciones a la vez, participar mientras en una tercera charla y sugerirte una respuesta sobre las conversaciones uno y dos media hora después. Tiene una memoria enciclopédica. En cuanto puede aprovecha la ocasión para bailarse algo. ¡Subraya los libros! – una de las pocas personas que conozco auténticamente liberadas de la tiranía de su cerebro izquierdo… a veces. Es inteligente y en su trabajo es respetada a pesar de ser mandona como ella sola; eso si, siempre con una sonrisa. Entrena en el gimnasio una hora diaria. Le gusta muuuucho hablar; es, obviamente, usuaria de tarifa plana además de un desastre con patas que comparte conmigo la capacidad de romper, tirar, volcar, aplastar o cargarse accidentalmente al menos una cosa al día. Es un amor de rubia rumbosa, un poco hiperactiva, que no se enfada si te fumas el último cigarro (sobre todo porque siempre tiene un par de pitillines escondidos…), que generosamente se ofrece ir a por tabaco aunque esté lloviendo o a cocinarte una tartita de cebolla (puede que el nombre suene feo pero cuando la comes por primera vez descubres un verdadero manjar) o cualquier otra cosa en cualquier momento y que también se ofrece a que la acompañes de compras o a Ikea… un momento… esto último…

Y es la única persona que conozco que afirma entusiasmada su devoción por la plancha. Se ha debido de dar un golpe en la cabeza.

La semana que viene me haces una tarta, María Laura. Que luego te piras hasta finales de enero y aquí nos quedamos, desvalidos y desentartados.

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