¿Sólo quieres caminar?

Para interpretaciones sesudas por la necesidad de justificar la nómina que cobra, podéis leer a Carlos Boyero en EL PAIS. No es necesario que estéis de acuerdo o no con lo que dice. Él, con su cigarrito y su whisky, seguirá tan contento de haberse conocido y punto. No le pagan por saber usar el martillo, sino por saber donde golpear. Lo mismo que a mí. Sólo coincido en su apreciación de que el mundo narrativo de Agustín Díaz Yanes es puro nihilismo. Pero su valoración de actores y actrices es vinagre de marca blanca. A veces me dicen Ácidos Llorente, pero por lo menos tengo denominación de origen.

El primer mensaje, para Victoria: que hija de puta en el sentido más argentino y masculino de la expresión. La prensa continuará insultándote por deporte (como siempre), pero eres la única actriz española que me pega un puñetazo en las tripas cuando te veo trabajar. Si tuviera que elegir a una sóla actriz en el universo a la que poder dirigir gracias a mi lote de deseos del genio de la lámpara, sería ella sin ninguna duda. No es ni borde ni estúpida ni engreida ni soberbia ni sobrada. Es simplemente una actriz formada, brillante, kinestésica, genial, emocionante y no hay otra que mueva el culo como ella encima de unos tacones. Ni Paz Vega, que por muy buena que esté a su lado no deja de ser una aspirante a aprendiz que ni siquiera es capaz de limpiarse er ceceo cevillano, respetable como cualquier otro pero ya demasiado cansino. Para Victoria, como dice el dicho, “yo sólo trabajo aquí”. A ver si la prensa se termina por enterar de una vez.

El segundo, para Ariadna: por fin una película en la que me conecto contigo. Un trabajo muy interesante. Muy seco. Demasiado masculino pero aún así con algunas cremalleras abiertas a la emoción. Conmovedor. Demasiado contenido aunque perfectamente asumible en un mundo en el que todos se quieren a morir pero cuando mueren se esfuman si que nadie derrame un buen llanto que relaje, aunque sólo sea por unos segundos, el corazón congelado del sobrecogido espectador.

Para Pilar y para Elena, un fuerte abrazo. Algún pequeño coso de Pilar al final termina por destellar después de dos horas largas de cinta pero no es su película ni la de Elena. Ellas sólo pasaban por allí.

Para Agustín, una sentida enhorabuena y la peor de las envidias insanas por ser un director que se puede permitir, a estas alturas, el lujo de hacer esta película. Ultra elíptica, últra descarnada, ultra subtextual, ultra imperfecta y ultra-narrativamente personal y especial. Nadie hablará… ha envejecido regulín en lo estilístico, pero hasta el título es una obra de arte en sí mismo y en conjunción con el de hoy cuenta un mundo en un segundo.

Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto. Sólo quiero caminar.

Por no hablar del corte, de la música y el trabajo sonoro, de Diego Luna o de lo más literario de un guión sobre el amor en los corazones hechos de piedra. Vete a verla ya.

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Publicado el 31 octubre, 2008 en Artematopeya, Nacho A. Llorente, Talento, arte y creatividad. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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