El mundo partido por la mitad

Hace más de veinticinco años, entre los lagares de una según para quién importante bodega de Sanlúcar de Barrameda, escuché por primera vez las palabras coaching y crecimiento personal. Era una sesión de trabajo dentro del programa de formación de aquel proyecto “Queen Elizabeth II – University at sea” que producíamos desde Madrid y que reunía a jóvenes e internacionales presidentes de empresa en una de esas acciones de motivación asociativa tan de moda en el mundo corporativo y más en el americano. Aquel tipo, durante una cena exclusiva en la que todo había sido diseñado al milímetro para generar un escenario alfa, habló de la división del cerebro humano en dos mitades geográficas y también funcionales, de la sinestesia, del crecimiento personal y del desarrollo de habilidades, de la salud y la limpieza psicológica, de liderazgo, de la solidez personal frente a la manipulación de los grupos sociales, del desarrollo de las distintas inteligencias… En aquel momento me sentí como un ciego-sordomudo que, por arte de magia, recupera todos sus sentidos. Y yo que creía que sólo pasaba por allí.

Por aquel entonces, en España seguíamos ocupados con el fútbol y con el vértigo de España 92. Aquel horizonte mágico era nuestro tesoro al final del arcoiris. Seguíamos siendo una masa anónima en la que nadie se atrevía a decir su nombre en voz alta, en parte por la herencia del miedo y en parte por los bloqueos impuestos por aquella perversa educación basada en la culpa y los deberes que maniataban la voluntad del más pintado. Nadie sabía cuando, cómo, donde o por qué, pero el poder seductor y manipulador de la comunicación sobre aquella sociedad dormida, que seguía amochilada sobre costumbres rancias y mediosiglistas como los toros o las peinetas e inconsciente de que ahí fuera existía otro universo, hizo que España se pegara tamaño bofetón en crisis, en corruptelas, en paro, en recesión y en expectativas y que todos empezaran a hacerse preguntas: ¿cómo es esto posible después de España 92?; ¿no íbamos a convertirnos en una sociedad desarrollada, moderna, internacionalizada y con infraestructuras?; ¿dónde está Europa?; ¿quién va a venir a salvarnos?… España estaba todavía en la otra mitad del mundo.

Hoy, veinticinco años después, hemos aprendido mucho. Todos. El mundo sigue partido por la mitad pero ha cambiado la estructura del sistema de trueque. Ya sabemos que, para que unos ganen, otros tienen que perder y, si hablamos de economía convencional, estamos tan acostumbrados a los conceptos de arriba y abajo que ni siquiera nos llaman la atención. Es otra riqueza la que hoy está en juego. El capital conocimiento, el liderazgo o la gestión de herramientas-persona es la moneda de la economía emocional del siglo veintiuno.

Aquel tipo que conocí en Sanlúcar me enseñó algo muy valioso: que si yo renunciaba, por desidia o por ignorancia, a crear mi propia identidad, a comprometerme con mi propio crecimiento y a buscar mis propios objetivos dentro de cualquier tipo de grupo, otro pasaría, por selección natural, a ocupar ese lugar convirtiéndome en un común gregario destinado a trabajar para su crecimiento y no para el mío. También me advirtió de que, durante el proceso, mi onda expansiva podría llegar a chocar con las de otros y que, en ese caso, tendría que aprender a ejercer mi asertividad y saber negociar adaptándome a los cambios si los consideraba necesarios o una oportunidad de crecimiento para mí. Además, me previno sobre los lobos con piel de cordero, ese tipo de depredadores disfrazados de abuelita bondadosa cuya principal habilidad es la de identificar la mejor capacidad de cada componente de su entorno y conjugarlas todas en un complejo mecanismo de cuyo producto se alimenta sólo él. Y, para terminar, me dijo: nunca regales tu talento, aunque tengas de sobra; sólo haz que así lo parezca si es lo que te conviene.

Hoy sigo recordando aquella charla. Con matices, pero no se me olvida que el mundo está partido por la mitad y que yo prefiero estar no en la mitad de arriba o en la de abajo, sino en mi propia mitad y a la que invito a entrar a quien me da la gana. En la otra mitad está el resto del mundo.

No permitas que nadie te meta en su caja de herramientas.

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Publicado el 21 octubre, 2008 en Artematopeya, Nacho A. Llorente, _Persuasión & comunicación. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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