No permitas que nadie te reclame

Nunca dejaré de recomendar la lectura de Tus zonas erróneas, de Wayne Dyer. Es una reflexión muy certera sobre el respeto y el cuidado de uno mismo y, aunque no elijo quedarme con el 100% de sus argumentos, reconozco que me ha enseñado mucho y me ha ayudado a crecer, sobre todo, en lo que respecta a dos aspectos fundamentales de mi carácter: despreciar las obligaciones en favor de mis propias elecciones y la capacidad de cambiar.

Hay un tipo de personas cuyo motor de vida se basa en reclamar constantemente a los otros, ya sea con un gruñido o con la más amplia de las sonrisas. Reclaman respeto, aún sin saber demasiado bien a qué se refieren. Reclaman compromiso. Reclaman que cumplas obligaciones sólo porque ellos lo necesitan para sus propios objetivos. Reclaman atención. Reclaman el derecho a poner sus propios intereses por delante de los tuyos. Reclaman que no aceptes sus decisiones, que no te interesen lo más mínimo sus cosas y que no sólo no mantengas sino que decidas ignorar e incluso despreciar cualquier obligación que ellos te crean o desean que sea adquirida por ti. Deciden convertirse en el centro del universo e intoxicar a personas que giran a su alrededor y que parecen tener un imán para ser constantemente reclamadas.

Los reclamadores existen y todos conocemos alguno que otro. Pero lo mejor de todo es que con ellos puedes ejercitar tu mejor boomerang emocional. Te voy a invitar a que ejerzas con esas personas lo que llamo el bostezo social: elimina de tu cerebro la paranoia de que todo en tu vida es una obligación y un compromiso y toma tus propias decisiones según tus propias necesidades, gustos y apetencias y no según los de nadie más. Permítete cambiar de opinión sobre una cita sin avisar de que no irás. Nunca justifiques tus acciones, decisiones o elecciones. Abandona cualquier proyecto conjunto incluso en el último momento si detectas que, en realidad, ya no te interesa. No sientas ningún remordimiento si cualquiera de tus elecciones perjudica indirectamente, según te dirá, los intereses del reclamante. Recuerda que su relación con cualquier otro está basada en el interés propio, pero eso no tiene nada que ver contigo. No serás responsable de que no pueda cumplir sus objetivos propios. Ese es su problema.

Me encanta el bostezo social. En el fondo, tengo un punto cabroncete, aunque nunca más grande que el de cualquier reclamador que se atreva a acercarse.

PS: el enlace al texto apunta a un documento en formato pdf que puedes leer en línea o descargar a tu disco duro.

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Acerca de Artematopeya

Artematopeya

Publicado el 14 octubre, 2008 en Artematopeya, Nacho A. Llorente, _Persuasión & comunicación. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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