Churros, una vez a la semana (revisado)

Enciendo la caja tonta para autoinducirme un estado de encefalograma plano durante diez minutos y desconectarme un rato del mundo mientras disfruto de un café con leche condensada antes de sentarme a escribir.

Como no, ficción española. Una mediocre y medioclasista española, de las que va a trabajar en metro con su táper en bolsa de Loewe y su libro de tapa dura de 35 euros y que además sufre de macarrismo labiodental, se sienta tras una mesa ejecutiva y desde allí dicta a su claustro, otras dos ignorantes elevadas a la categoría de consejeras, las medidas con las que la empresa, que al parecer dirige, afrontará la crisis global:

– A ver, a partir daora, el dessayuno con churros ssólo una vez a la semana en verde toss loss díass.

Pero qué ingenio y qué risa, por dios. Los españolitos que miren la tele a estas horas se estarán partiendo el pecho.

Esta Presidenta de todo a cien no deja de ser un personaje de ficción cuyo maquillaje esconde a Ángeles Martín, una soberbia y desaprovechada actriz, de esas pocas de las que se puede decir que, de verdad, “tiene el don”. Y es que su personaje, esta Chari la-Peluquera-que-se-convirtió-en-Presidenta, es tan real que da miedo. Más que miedo, terror. Porque refleja una realidad que nos produce risa pero que debería darnos escalofríos. Porque en eso nos estamos convirtiendo: en sociedades dementes y empobrecidas en las que hasta el más tonto hace botijos y accede a puestos delegados para ejercer la autoridad de decidir y ejecutar en mi nombre y en el tuyo sin tener la capacidad necesaria para ello.

Tengo un conocido que se declara republicano. Nació en el 69, tuvo la inquietud de querer estudiar (al menos durante un tiempo) y pasados los 30 decidió que prefería ser vedette de una agrupación socialista. Entonces empezó a apostolar sobre la izquierda, la memoria histórica, Primo de Rivera, el reparto de la riqueza, la clase trabajadora, la inmigración… Fue invitado a unirse a un grupo con ínfulas de élite intelectual para luchar contra otras familias por la ejecutiva y por el gobierno de su pueblo. Empezó a participar, los sábados por la mañana, en reuniones que se decían políticas y en las que hablaba, con mucho gesto y mucho ceño fruncido, a sus compañeros de partido. Cuando terminaba, sus acólitos le reclamaban, siempre en un aparte para aparentar intimidad, confidencia e importancia frente a las otras familias, y le felicitaban con varios “qué bien hablas”, “ya estás preparado”, “tú tienes un futuro” y otras caricias verbales por el estilo que seguían alimentando su necedad. Él se lo terminó de creer y siguió hablando de república, del reparto de la riqueza, de la clase trabajadora… Este conocido, propietario de varios pisos y locales en Madrid, no tiene ni idea sobre qué es y qué significa la república y menos en el siglo veintiuno. Nunca terminó sus estudios. Nunca pudo acceder al conocimiento necesario para poder entender que el socialismo es la más cruel y la más perversa de las ideologías. Que existan gobiernos de organización republicana o simplemente federalista en Argentina, Italia, Francia o Alemania no justifica (quizás el caso argentino no deba estar en esta lista) un socialismo populachero, denigrante, corrupto, maltratador y clasista en la más pura tradición marxista, leninista e incluso nacionalsocialista.

Esta Chari es un personaje cada vez más común en nuestras vidas. Y en nuestros trabajos. Y en los puestos directivos. Y en los cargos políticos. Y en los ministerios. Y en las presidencias de los gobiernos. El socialismo moderno, o por lo menos el español, se empeña en hacernos comulgar con que todos hemos de ser iguales y tener las mismas oportunidades para ser o hacer lo mismo a pesar de que nuestras capacidades sean distintas. Yo me niego a aceptarlo. Jamás aceptaré que este conocido está capacitado para la estrategia, la gestión o las decisiones que afectan a personas que no sean él o su familia. Jamás podría acatar una decisión suya. Él y sus compañeros de partido no dejan de ser personas de barrio, como yo mismo, pero demasiado parecidas a la Chari. Personas seguramente buenas pero demasiado vacías, demasiado poco formadas, demasiado poco brillantes, que pecan de dejación, prepotencia, falta de responsabilidad y complejo de inferioridad. Estos son los personajes que tacita a tacita se están currando los ministros de educación del PSOE legislatura tras legislatura, creando analfabetos dúctiles y manejables.

¿Vamos a seguir consintiendo que personas como la Chari, incapaces pero crecidas dentro de una estructura perversa, dirijan nuestras vidas? Yo no.

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Acerca de Artematopeya

Artematopeya

Publicado el 14 octubre, 2008 en Artematopeya, Con la lengua depilada, Nacho A. Llorente. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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